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“Se vienen tiempos felices en la Argentina. Estamos saliendo del desierto. La recesión terminó hoy. El país finalmente ha comenzado a crecer. Gracias por confiar en nosotros. Feliz Año Nuevo a todos los argentinos de bien, que Dios los bendiga y que las fuerzas del cielo los acompañen”.

Con estas palabras, el presidente Javier Milei recibió 2025 a través de su cuenta de Instagram. Este optimismo se plasmó también en un decreto publicado el 3 de enero en el Boletín Oficial, en el que se declaraba al año como el de “reconstrucción de la Nación Argentina”, leyenda que debía estar en toda documentación oficial de la administración pública nacional.

Ese espíritu, sin embargo, quedó opacado por meses de altibajos sin precedentes para el mandatario nacional, que debió escuchar tanto vítores como acusaciones y recién a fin de año pudo retomar sus ideas de cambio más ambiciosas.

El inicio

El escenario internacional impactó en la agenda política argentina en los primeros días del año. Venezuela y Estados Unidos eran los responsables, respectivamente, de las declaraciones más agrias y de las más eufóricas del Gobierno. En esos cálidos días, el ránking de Influyentes de Giacobbe & Asociados fue encabezado por el presidente, seguido por Donald Trump y, en tercer lugar, por Lionel Messi.

La buena racha del oficialismo nacional ocasionó que cinco jurisdicciones anunciaran prontamente que adelantarían las elecciones para no polarizar con los candidatos de LLA: Ciudad de Buenos Aires, Salta, Santa Fe, Chaco y San Luis. También comenzaba la puja –más o menos velada– entre el partido del presidente y el PRO, en un contexto en el que Milei decía que esperaba una alianza fuerte con los amarillos para arrasar en octubre.

En aquella época todavía se hablaba de las PASO, que finalmente serían suspendidas por ley 27.783, sancionada en las extraordinarias de febrero y promulgada en marzo. Con el diario del lunes, es posible reflexionar sobre el efecto que tuvo esa decisión. “Generó más fragmentación, porque hubo mucha más oferta, naturalmente, y eso complejizó a las terceras opciones, porque las dos grandes tienen su propia marca, su propia fuerza, pero las restantes se vieron perjudicadas, porque además les quitó una instancia de instalación. Queda todo un interrogante sobre qué habría sucedido en las PASO con LLA y si hubiera tenido el mismo resultado, pero hablar de eso es contrafáctico”, opina al respecto el consultor político Carlos Fara.

Karina Milei, la gran protagonista del año, la gran articuladora que ganó la pulseada interna de LLA

La campaña comenzó pronto y la turística Mar del Plata recibió a mediados de enero a Karina Milei y a Martín Menem como referentes para la disputa bonaerense. El verano tenía una agenda política intensa: comenzaba la diáspora en el PRO con el pase a LLA del intendente de Tres de Febrero, Diego Valenzuela; la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, celebraba el “tremendo progreso” del país, pero le pedía más medidas en el frente fiscal, monetario y cambiario; Milei, carpeta en mano, generaba reacciones de todo tipo en Davos con su discurso “anti-woke” y unos días después, daba un paso todavía más llamativo con la salida de Argentina de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y José Luis Espert se aseguraba la cabeza de la lista libertaria en la provincia de Buenos Aires.

Bajo el signo de $Libra

Había pocas turbulencias en el cielo libertario –con la excepción del despido del extitular de ANSES, Mariano de los Heros, por haber anticipado públicamente que se presentaría un proyecto de reforma previsional– cuando ocurrió algo que sorprendió a todos y generó una “noche tuitera” como pocas, mientras algunos festejaban San Valentín.

A las 19:01 del viernes 14 de febrero, el presidente posteó en X (exTwitter): “La Argentina Liberal crece!!! Este proyecto privado se dedicará a incentivar el crecimiento de la economía argentina, fondeando pequeñas empresas y emprendimientos argentinos. El mundo quiere invertir en Argentina. $LIBRA”.

$Libra era una criptomoneda impulsada por un grupo de empresarios poco conocidos –que incluía un argentino, un español, un estadounidense y un singapurense– y que, tras ese mensaje, superó los u$s 4000 millones de capitalización, impulsada por unos 40.000 compradores, al tiempo que unas horas después perdía brutalmente su valor luego de que un grupo de billeteras digitales retirara unos u$s 90 millones. Circuló entonces la sospecha de que tanto el posteo, como las operaciones en el mercado cripto, formaron parte de una maniobra especulativa.

Pasada la medianoche, en medio de un revuelo en redes que no terminaba, Milei explicó: “Hace unas horas publiqué un tweet, como tantas otras infinitas veces, apoyando un supuesto emprendimiento privado del que obviamente no tengo vinculación alguna. No estaba interiorizado de los pormenores del proyecto y luego de haberme interiorizado decidí no seguir dándole difusión (por eso he borrado el tweet)”. Pero, fiel a su estilo, repudió a quienes lo habían criticado. “A las ratas inmundas de la casta política que quieren aprovechar esta situación para hacer daño les quiero decir que todos los días confirman lo rastrero que son los políticos, y aumentan nuestra convicción de sacarlos a patadas en el culo. Viva La Libertad Carajo!”, escribió.

Surgieron voces desde todos los ámbitos del mundo combinando burlas con acusaciones. Se conoció entonces que Hayden Mark Davis, uno de los jugadores detrás del proyecto cripto, se había reunido con Milei el 30 de enero, cuando, según el mandatario, lo asesoró sobre “el impacto y las aplicaciones de la tecnología blockchain e inteligencia artificial en el país”, con el fin de “acelerar el desarrollo tecnológico y hacer de Argentina una potencia tecnológica mundial”.

El caso tuvo derivaciones judiciales tanto en Argentina, como en los Estados Unidos, donde damnificados se presentaron con reclamos ante los tribunales. Mientras tanto, Milei y su equipo ponían en práctica estrategias de comunicación de crisis que resultaron accidentadas, desde entrevistas televisivas que aparecieron como manipuladas, hasta el argumento de que el mensaje sobre $Libra había sido emitido por Milei “en sus cuentas personales”, lo que dio lugar a una discusión paralela de fondo.

“La comunicación actual lleva a que cada vez sean más difusas las fronteras entre el mundo privado y el mundo público. Bajo la narrativa de tener una conexión directa, X se trasformó en una característica en sí misma de Milei. Esto no es una novedad, también fue la narrativa de presidentes de la ola de izquierda latinoamericana como Lula, CFK o Chávez para estatizar medios y dar largas cadenas nacionales. Sin embargo, las redes sociales siguen bajo el halo de tabú legal que lleva a que la interpretación judicial mande y no pueda criticarse”, afirma Samantha Olmedo, politóloga, investigadora y consultora en comunicación política, miembro de la comisión directiva de la Asociación Argentina de Consultoras y Consultores Políticos (Asacop).

El acontecimiento no fue desaprovechado por la oposición, que buscó el juicio político y creó –no sin obstáculos– una comisión investigadora en la Cámara de Diputados integrada por 14 legisladores, la cual concluyó, nueve meses después, que “$LIBRA constituye un caso de alta gravedad institucional” y que “Javier Milei utilizó la investidura presidencial, y Karina Milei, cuanto menos, facilitó las instalaciones oficiales del gobierno para llevar adelante un hecho que se investiga como una presunta estafa de alcance internacional”.

El acercamiento intermitente entre LLA con el PRO volvió a debilitarse cuando Mauricio Macri señaló que lo acontecido era “un hecho grave” y apuntó contra el entorno de Milei. En tanto, el vocero presidencial, Manuel Adorni desestimaba lo ocurrido, decía en conferencia de prensa “acá no pasó nada”, aseguraba que no se había incurrido en delito y que no había resultado perjudicada la imagen del presidente.

El tiempo pareció darle la razón. Para Orlando D’Adamo, director de la consultora de comunicación estratégica y opinión pública Communicatio, este y otros hechos “tuvieron impacto a nivel de agenda de los medios, pero en la agenda de la gente sólo tuvieron un efecto superficial y efímero. El miedo a la inestabilidad económica y al kirchnerismo fue mucho más decisivo”.

La vida siguió

Aunque golpeado, Milei no modificó su ritmo: a las reuniones con el FMI se sumó su participación en la Conferencia Política de Acción Conservadora, cuya estrella había sido Donald Trump, quien le dedicó elogios en un rol de salvavidas que ya comenzaba a perfilarse y que, unos meses después, sería decisivo.

Llegó marzo, para muchos el comienzo real del año, y tampoco estuvo exento de tensión política. En un clima de enfrentamientos, el sábado 1 por la noche se realizó la 143ª Asamblea Legislativa, donde, además del faltazo de legisladores de la oposición, de algunos gobernadores y de Ariel Lijo –quien tenía la venia presidencial para ser juez de la Corte–, hubo un hecho que opacó el protocolar acto. Ante la vista de todos y las lentes de las cámaras, se produjo un fuerte cruce entre el asesor Santiago Caputo y el diputado Facundo Manes, episodio que habría incluido amenazas y agresión. El consultor Carlos Fara también desestima hoy su impacto: “El espectáculo no lo benefició a Milei, pero tampoco lo perjudicó. Pasó de largo”.

Allí, en la asamblea “más vacía de la historia”, según algunos observadores, el presidente comenzó a pedir apoyo para la serie de reformas que cobraron mayor protagonismo hacia fin de año.

No eran días fáciles para el oficialismo: una fuerte pelea interna y problemas de conducción, sumados a la falta de posición dominante en ambas cámaras, ponían en riesgo las iniciativas del Ejecutivo que pasaban por el Congreso. Abril fue el mes de la peor derrota política de Milei hasta ese momento, con el rechazo en el Senado de los pliegos de Ariel Lijo y Manuel García-Mansilla, nombrados por decreto para integrar la Corte Suprema. Para este resultado, fue clave la participación del PRO, que aportó tanto cuórum como votos. En mayo, la oposición al proyecto de Ficha Limpia fue otra decepción.

“Con base en acuerdos legislativos, en 2024 Milei consiguió aprobar la mayor parte de sus proyectos. En contraste, en 2025, perdió la mayoría de las votaciones en el Congreso, lo que, paradójicamente, puede haber contribuido para despertar el temor a una victoria opositora”, señala el analista político Andrés Malamud.

De todas formas, el PJ también mostraba fisuras, debido a la decisión del gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, de desdoblar los comicios nacionales de los provinciales. La disparidad de resultados entre el triunfo del PJ en esa jurisdicción el 7 de septiembre y la derrota en las legislativas de octubre reforzaron la crítica de Cristina Kirchner y, además, fue una de las sorpresas políticas del año.

Malamud considera que el resultado en Buenos Aires no fue un hecho aislado. “En 2025, como en 2023, el Partido de Milei perdió todas las elecciones provinciales (salvo CABA), pero ganó las nacionales. Eso exhibe el desacople del sistema de partidos entre una dimensión subnacional que sigue anclada en el territorio y la dimensión nacional que se estructura, ahora desde la presidencia, vía medios y redes”, explicó.

Además de las asperezas que surgían dentro de cada espacio político, la relación entre el PRO y LLA seguía cada vez más inestable. El analista político y consultor Jorge Giacobbe utiliza una metáfora para definir ese vínculo. “El PRO y La Libertad Avanza son la misma herramienta, pero una es más potente que la otra, de modo que, en la historia reciente de la política argentina, una tecnología, la tecnología La Libertad Avanza, viene a reemplazar la tecnología PRO. Porque la anterior no pudo cumplir la tarea o las tareas que le eran asignadas. Esas tareas son varias. La primera es frenar al kirchnerismo”, grafica.

Y amplía: “El diálogo entre Macri y Milei es el diálogo que pueden tener una máquina Remington con una laptop. Es decir, han ejecutado básicamente la misma tarea o han sido creadas para la misma tarea, pero una claramente reemplazó tecnológicamente a la otra. Y entre ellos, la máquina Remington le pide a la laptop que la considere, que la reconozca, porque fue el primer gran instrumento para ejecutar una tarea y la laptop, por momentos, se ríe, se burla, de la máquina Remington, porque ya no sirve, porque ya no tiene espacio histórico, y a veces, recalcula, porque cree que la necesita”.

Lo cierto es que el diálogo no fue precisamente el arma más utilizada por Milei y desde la Iglesia hasta las entidades periodísticas salieron a pedirle que abandonara el tono de agravio, que parecía encenderse con cada reclamo sectorial capitalizado por la oposición, como los de los residentes del Hospital Garrahan, los de los jubilados, los de las personas con discapacidad y los de las universidades. Mientras el mandatario se enfurecía, fiel a su estilo calmo, el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, simplemente respondía: “Todo lo que suba el gasto será vetado”. Y así fue.

Luego de un año intenso para su gestión, Guillermo Francos presentó su renuncia tras el triunfo de octubre

Cristina Fernández anunciaba, en tanto, que sería candidata a diputada provincial por la tercera sección electoral de la provincia de Buenos Aires, aunque la confirmación de la condena y su consecuente prisión domiciliaria por la causa Vialidad terminaría frustrando sus planes. Los que sí pudieron hacer su armado fueron los gobernadores que venían pidiendo por más federalismo y recursos, los mandatarios de las provincias de Córdoba (Martín Llaryora) y Santa Fe (Maximiliano Pullaro), más el exgobernador Juan Schiaretti, Ignacio Torres (PRO-Chubut), Claudio Vidal (PJ-Santa Cruz) y Carlos Sadir (UCR-Jujuy), quienes en julio presentaron un frente para competir en octubre.

En agosto, la tragedia del fentanilo contaminado, que dejó el saldo de 176 fallecidos, 14 procesados y seis detenidos, comenzaba a perjudicar seriamente la imagen del ministro de Salud, Mario Lugones, uno de los más fuertes de la administración Milei, y pronto se sumaría a otras crisis que pondrían en duda la inmutabilidad del equipo del presidente.

Estalló la bomba

Efectivamente, el mes se acercaba a su fin cuando estalló la bomba en forma de audios del ahora extitular de la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis), Diego Spagnuolo, en los que describía una presunta trama de corrupción –que incluiría sistemáticos pedidos de coimas– que involucraba a la secretaria General de la Presidencia, Karina Milei, y a su mano derecha, el subsecretario de Gestión Institucional de la Secretaría General de la Presidencia, Eduardo “Lule” Menem. La recolección de pruebas de la Justicia, más el prolongado silencio del Gobierno sobre tema, amplificaron la onda expansiva.

¿Qué capacidad de daño tuvo este episodio en términos de contienda electoral? Para los analistas, poco. “La corrupción genera interés en el público contrario de un político; en el público propio, la verdad es que no. Tiene que ser algo demasiado pornográfico para quebrar la relación de un sujeto político con su propio público, con el público que lo banca. Y tiene que haber un contexto económico atrás también podrido”, asevera Giacobbe. “Si bien la cuestión de la corrupción está muy presente en la conversación sobre política, no considero para nada que genere comportamiento ni cambio de comportamiento”, añade.

De todas formas, sí repercutió hacia adentro, en una LLA que ya mostraba quiebres, algo que había quedado demostrado con la ruptura del bloque en Diputados y la creación de uno nuevo, llamado, sugestivamente, “Coherencia” e integrado por cuatro legisladores, entre ellos, la antes leal Marcela Pagano.

El resultado de los comicios de septiembre en Provincia de Buenos Aires fue un verdadero susto para Milei, que se comprometió a acusar recibo y “corregir errores” ante la contundente victoria de Fuerza Patria por el 47,05% de los votos contra 33,83% de LLA.

Hechos de corrupción, como los audios de Spagnuolo, repercuten internamente en La Libertad Avanza

Las siete semanas que pasaron entre esa elección y la nacional se convirtieron en una película de acción. El hallazgo de un vínculo entre el candidato a diputado de LLA en Buenos Aires, José Luis Espert, con el narcotraficante Fernando “Fred” Machado le jugó en contra, pero la poderosa ayuda de Donald Trump para evitar cimbronazos en la política y en la economía fue igual de fuerte, lo que, sumado al mentado “riesgo Kuka”, contribuyó a una brillante elección de los libertarios.

El temor al retorno del caos económico superó el rechazo a la corrupción. Además, el gobierno reaccionó a tiempo ante el escándalo Espert, sacándolo de la lista y sustituyéndolo por un candidato más potable con una campaña descontracturada”, dice Malamud y se refiere así a Diego Santilli, otro ex PRO.

Mientras el kirchnerismo afrontó el resultado de los comicios con más disputas internas, otros frentes opositores reaccionaron con mayor pragmatismo, incluidos los gobernadores que habían confrontado fuertemente durante todo el año. ¿Cabe pensar en que se mantendrá el diálogo? “En principio, 2026 será un año en el que se mantenga el tono de acuerdo, por lo menos con el núcleo crítico de los gobernadores que hasta ahora han hablado con el presidente, y algún otro más, seguramente Pullaro”, opina el consultor y analista político Sergio Berensztein. Sin embargo, no descarta que haya escollos.

“Con tensiones, con algún conflicto en particular, pero será más de acuerdo general que de conflicto. Será un año de gestión, un año en el que hay incentivos fuertes para que las provincias cooperen con el Ejecutivo y viceversa”, agrega. Y completa: “El Ejecutivo necesita los votos, sobre todo para algunas iniciativas clave, como el Presupuesto, la reforma laboral y la reforma tributaria, pero no sólo. Hay otras cosas que también tiene en mente, como designar los nuevos jueces de la Corte”.

Todo parece indicar que 2026 será un año en el que se avanzará en aquella reestructuración nacional que se había anunciado para 2025.

El tema político central de 2026 será si el gobierno de Javier Milei logra avanzar con sus reformas laboral, previsional, tributaria y penal. Tiene a su favor que será un año no electoral, lo que le permite asumir riesgos de corto plazo que luego puedan revertirse. Esto implica el desafío de generar una coalición política, dado que carece de mayoría propia en las dos Cámaras del Congreso”, anticipa el analista Rosendo Fraga. “Las claves políticas serán determinadas por los tiempos parlamentarios. La primera prueba es si logra aprobar el Presupuesto. Sería el primero de su administración, dado que los dos anteriores fueron prorrogados”, suma.

¿Es posible proyectar más allá de 2026? “Es un lugar común decir que dos años en la Argentina es un lapso tan amplio que es imposible pronosticar. Las elecciones de mitad de mandato poco nos dicen de la correlación de fuerzas que va a imperar dos años más tarde. Así que, ante esta pregunta, prudencia total”, responde Berensztein. De todas formas, imagina al menos tres escenarios. “Hay uno de eventual fragmentación, como ocurrió, por ejemplo, en 2011, con un oficialismo consolidado, pero, sobre todo, con una oposición muy fragmentada y sin candidatos con peso específico propio. Eso es un riesgo”, recuerda.

“También, por supuesto, un escenario totalmente contrastante es que se articule una coalición amplia, plural, diversa, ‘a la brasilera ante Jair Bolsonaro’, con todos los sectores, incluso adversarios acérrimos que se juntan para evitar la reelección de un líder considerado extrasistémico”, continúa.

El analista contempla otro plano posible: “Un escenario intermedio, donde puede surgir alguna oposición, que tal vez no se consolide, no logre evitar un triunfo del oficialismo, pero que ya esté, de alguna manera, insinuando la conformación de una coalición competitiva en el 2031, como fueron las elecciones, por ejemplo, de 1995, en la que ganó Menem cómodo, pero entre el segundo y el tercero terminaron pactando y ahí surgió la Alianza”.

Llegados a este punto, cabe preguntarse si 2025 será recordado realmente como el “año de la reconstrucción”. En cualquier caso, cómo denominarán a 2026 es ahora una interesante incógnita.