La mesa era redonda. Pero él no se anduvo con vueltas. Fue directo, implacable, rindiendo honor a la honestidad brutal de la que suele hacer gala su jefe. Allí, junto a otros, elevados en el centro del enorme salón del cuarto piso del Hilton-Americas de Houston, captaban la atención de decenas de personas, de cientos de ojos que los miraban desde la oscuridad. Parecía una mano de póker, en la que cada uno lanzaba su carta con premeditada intención. O, llegado el caso, un ring de box, cuando la contienda se tensó y cruzaron guantes dialécticos, golpe por golpe.

Eran ocho, en total. El moderador y empresarios: de los Estados Unidos, Brasil, Colombia, México; también, un argentino. Todos, protagonistas en algún eslabón de la sólida y gruesa cadena de la industria energética, convocados por CERAWeek by S&P Global, la cumbre que se realiza cada año en la capital petrolera de los Estados Unidos. Frente a ellos -y, en más de un pasaje, contra- Caleb Orr fue contundente.

Alto, rubio, de ojos claros. Viste traje azul, camisa blanca y corbata roja. Casi, un uniforme de combate para quienes defienden en conferencias y escritorios los intereses de su país. Habla firme, seguro, convencido. A veces, rozando la pedantería de quien, a sus escasos 31 años -cumplirá 32 en julio-, ya vuela alto. Muy alto.

Secretario Adjunto para Asuntos Económicos, Energéticos y Empresarios de los Estados Unidos”, es la traducción de su cargo. Pomposa tarjeta de presentación que dice qué es pero no quién es. Ya en 2018, cuando Donald Trump era sólo el 45º Presidente de los Estados Unidos, Orr entró en radar de la revista Time. “Joven prodigio de 24 años”, lo definió la publicación, que lo describió como un “especialista en política fiscal” al que, todavía, le faltaba un año para terminar sus estudios en la Abilene Christian University de Texas cuando se unió al staff del actual Secretario de Estado, Marco Rubio, quien por entonces era Senador por Florida y una de las pocas rutilantes nuevas estrellas del apagado firmamento republicano.

Sin embargo, en ese momento, Time aportaba el dato más importante sobre el promisorio Caleb: ya trabajaba muy de cerca con el equipo de Ivanka, la influyente hija de Trump y cuyo marido, Jared Kushner, es uno de los hombres del Presidente.

En determinadas circunstancias, oír a Orr es escuchar a Trump. Como si el “45º y 47º Presidente de los Estados Unidos” hablara a través suyo. Ésta era una de esas. Hacía un par de semanas que habían estallado los primeros misiles en Irán y todos los petroleros del planeta estaban expectantes en saber ya no sólo cómo podría seguir el conflicto en el Golfo Pérsico, sino qué consecuencias podría tener la política exterior de la Casa Blanca en los otros puntos del globo terráqueo, recotizados fuertemente a la suba por esa imperiosa -más que nunca- necesidad de seguridad energética.

En especial, América latina, alejada geográficamente del conflicto pero no en lo geopolítico, dada la creciente presencia de Rusia y, más que nada, China en los últimos tiempos.

América latina no es un patio trasero para esta Administración”, disparó Orr, acerca de la región en la que, aseguró, el Gobierno de Trump hizo foco “como nunca antes”.

Explicó que, en el Hemisferio Occidental, “y más específicamente en América latina”, la estrategia de seguridad nacional tiene dos ejes. Uno es prevenir la inmigración masivapor razones de seguridad” (sic). El segundo: “Excluir a los adversarios de los Estados Unidos”.

En esto, la seguridad energética y los proyectos de infraestructura juegan un rol fundamental”, agregó.

Sin infraestructura, sin minerales, no hay cimientos para el crecimiento”, sostuvo. En ese punto, remarcó, la seguridad energética es vital. “Si queremos tener nearshoring, eso está mano a mano con la seguridad energética”, remarcó.

Citó uno de los fundamentals actuales del Departamento de Estado: “El desarrollo de proyectos claves de infraestructura puede crear democracias más estables y seguras en la región”. Esto es: sin infraestructura, no hay crecimiento; sin crecimiento, no hay desarrollo; sin desarrollo, no hay instituciones; sin instituciones, no hay estabilidad. No le hizo falta decirlo. La sola sugerencia crispó ánimos, por ejemplo, entre los brasileños presentes en el debate. Pero Orr -Rubio, Trump- cree que ese círculo virtuoso que insinuó es lo opuesto a lo que ocurrió en América latina en las últimas décadas, un proceso que, además, se profundizó durante la, a su criterio, inacción de Joe Biden.

Caleb Orr (primero desde la izquierda, de perfil), durante su participación en CERAWeek by S&P GlobalGrant Miller Photography

En energía, hemos visto una influencia creciente de China”, lanzó. Planteó la necesidad de mercados financieros “más sofisticados” en la región.

Es la razón por la que China ayudó financieramente, por qué invirtió en estos proyectos de infraestructura: la necesidad de esquemas de financiamiento para las empresas de América latina”, explicó. Aseguró que los Estados Unidos competirán “mano a mano” con China. “Habrá mucho capital estadounidense en la región. América latina (Occidente, en general) es un socio estratégico para nosotros”, reiteró.

Pocos minutos antes, Orr habló de la estrategia de seleccionar “campeones regionales”. “Los Estados Unidos quieren que estos ‘campeones’ tengan éxito. Que crezcan e inviertan en seguridad energética”, afirmó.

Palabras que, para más de uno de los presentes, habrían quedado allí. Si no fuera por la sucesión de acontecimientos que se desencadenó desde entonces.

Episodio 1: el 27 de marzo, tres días después de esa exposición de Orr, la Cámara de Apelaciones del Segundo Distrito de Nueva York revirtió el fallo de primera instancia de Loretta Preska, que había condenado a la Argentina a indemnizar con u$s 18.000 millones al fondo británico Burford por la expropiación de YPF.

Formalmente, Estados Unidos nos apoyó varias veces en el expediente. Y eso sí pesa”, resaltó el Procurador del Tesoro de la Nación, Sebastián Amerio, en contraste con la actitud que la Casa Blanca, amicus curiae ante el tribunal, había tenido antes sobre este tema. Javier Milei se vanaglorió en redes de sus fructíferos viajes; en especial, en los que vistió el mameluco de YPF.

Episodio 2:Trump me envió personalmente a la Argentina para trabajar con el Gobierno de Milei y con el sector privado, para que tengan a los Estados Unidos como su socio preferido”, dijo en el embajador Peter Lamelas en la apertura del AmCham Summit, evento anual que organiza la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en la Argentina. “Las empresas estadounidenses ya están acá y seguirán invirtiendo”, aseguró sobre el escenario.

Afuera del auditorio, en el pasillo del Centro de Exposiciones Buenos Aires (CEC), uno de los muchos temas de conversación era el tratado de comercio que firmaron los dos países a fines del año pasado. En especial, dos puntos de vital importancia para las compañías estadounidenses.

Uno, la protección de propiedad intelectual y la resistencia de empresarios argentinos a que el país adhiera al Tratado de Cooperación en Materia de Patentes (PCT). Resistencia que hay, sobre todo, en los laboratorios nacionales, que ya están haciendo oír su voz con una campaña en medios de comunicación. Pero, también, en el agro, donde la Ley de Semillas -sancionada en 1973- es una vieja tranquera que, dicen las semilleras internacionales, impide la llegada de inversión en innovación y tecnología. A punto tal que en la Argentina, que es el tercer productor mundial de soja y esa oleaginosa, además, es el mayor cultivo del país, Bayer decidió hace años dejar de vender productos para ese segmento.

Segundo tema: el compromiso que asumió la Argentina de “adoptar e implementar medidas para abordar prácticas desleales de empresas dueñas o controladas por terceros países que operen en jurisdicción argentina”, como se lee e en el tratado. Una cláusula que tiene nombre: China. Horas después del Summit, Jan De Nul y Serimagnus, socios en un consorcio que compite en la licitación de la Hidrovía, desmintieron una operación que intentó impugnarlos por supuestamente tener contratistas chinos. La atribuyeron a belga DEME, su rival en esa puja.

Los muchachos se pusieron muy duros”, había sugerido una fuente en el CEC. Hablaba de una tensa reunión que habría habido entre empresas estadounidenses y su embajador. Aludía a los laboratorios. También, anticipó que habría aguas agitadas en la Hidrovía. El augur no es hombre de hablar por hablar. Heredero de un apellido insigne, gana sus bien cotizados honorarios caminando los pasadizos subterráneos que conectan a empresarios, medios, jueces y políticos. Alguna vez, Santiago Caputo le dedicó un posteo en X, con su florido lenguaje, sin afecto.

Episodio 3: Peter Thiel, cofundador de PayPal, está en la Argentina. No llegó al país para ver a Boca de fiesta en Núñez o comprar una mansión de u$s 12 millones en Barrio Parque. Al menos, no sólo para eso. El magnate se reunió el jueves con Milei en la Casa Rosada. Trascendió que se analizaron posibles inversiones en agronegocios y tecnología por parte del magnate, cuya fortuna cerró la semana pasada en u$s 23.200 millones, según el índice de multimillonarios de Bloomberg. El Presidente no lo recibió con el Ministro de Economía, Luis Caputo, como suele ocurrir cuando recibe a inversores. Lo hizo con el Canciller, Pablo Quirno.

Feligrés ferviente del anarcocapitalismo, tildado como “mentor” o “padrino” del vicepresidente de los Estados Unidos, J.D. Vance, Thiel es muy cercano a Trump. Le aporta ideología, fondos -fue aportante de su campaña presidencial- y, también, servicios. Una de sus empresas, Palantir, tiene contratos estimados en cerca de u$s 15.000 millones con organismos federales de su país.

Desarrollada con fondos de la incubadora de venture capital de la CIA, Palantir es proveedora de análisis de datos e Inteligencia Artificial del Ejército de los Estados Unidos, el Departamento de Seguridad Nacional y la inclemente agencia migratoria, ICE.

Días antes cruzar la explanada de calle Rivadavia, el amigo americano se reunió con Santiago Caputo. El asesor presidencial suele tener interés cuando las inversiones cuentan con el valor agregado de la batalla cultural. Sobre todo, si se trata de ese campo fértil que es la tecnología aplicada a la gestión pública, en especial, en materia de inteligencia y seguridad. O, tal vez, hayan charlado sólo de Ciencia Política. De por qué Thiel -licenciado en Filosofía y Doctor en Derecho- cree que, en esta fase de la Humanidad, “democracia” y “libertad” son conceptos incompatibles. Y su sigilosa visita a la Argentina, compra de vivienda incluida, quizás haya sido, apenas, una casualidad.