Pocas palabras son más sensibles al oído del productor ganadero argentino. Pese a que la aftosa es una enfermedad considerada una zoonosis, es decir, que afecta sólo a los animales y no a las personas, le valió al país pérdidas millonarias en el pasado, por menor producción y barreras comerciales. Por eso, el brote de fiebre aftosa declarado ayer en Paraguay, a través de un decreto que lleva la firma del propio presidente, Fernando Lugo, puso en alerta al sistema sanitario argentino, a los productores y al mercado mundial.

El decreto da cuenta de la presencia de la enfermedad en 13 de las 819 cabezas de ganado vacuno del establecimiento Santa Helena, en el distrito Sargento Loma del departamento San Pedro, 320 kilómetros al norte de Asunción. Como acto reflejo, el organismo de control sanitario argentino, el Senasa, emitió a la tarde una resolución por la que se declaró en alerta sanitario.

El traspaso de ganado por la frontera norte argentina es permanente. Adquirir vacas en Paraguay para engordarlas en los campos del país es absolutamente legal, y los países limítrofes son para muchos ganaderos argentinos una fuente de cabezas importante. Paraguay cuenta con un rodeo de 12 millones de cabezas de ganado y la Argentina, con 42,6 millones de animales, según, justamente, los datos de la primera campaña de vacunación antiaftosa que publica el Senasa.

La norma publicada ayer por la entidad sanitaria argentina, que lleva la firma de su titular, Jorge Amaya, suspendió de manera preventiva la importación y tránsito de toda mercadería originaria de Paraguay que pueda vehiculizar el virus de la fiebre aftosa; implementó medidas extraordinarias de control y prevención el control de tránsito animal en la frontera y adelantó al 20 de septiembre el inicio del segundo período de vacunación antiaftosa del año en las provincias de Salta, Formosa, Chaco, Corrientes, Misiones y Entre Ríos. En paralelo, Paraguay suspendió todo tipo de exportaciones, desde ganado en pie hasta carne lista para las góndolas, pero aún en el mercado nacional hay inquietud.

Un empresario que pidió no ser identificado analizó la situación como preocupante. Los importadores de carne argentina, según dijo, hicieron sonar los teléfonos de sus contactos ayer para conocer la envergadura del problema. Es probable que hoy haya más precisiones, como la definición del tipo de cepa del brote de Paraguay, pero hasta ayer todo lo que había era incertidumbre. Y en estos casos es la región la que se perjudica, lamentó. El Cronista intentó comunicarse con fuentes del organismo sanitario paraguayo, el Senacsa, pero no obtuvo respuesta.

En el año 2000, la Argentina recuperó para la Oficina Internacional de Epizootias (OIE) su estatus como país libre de aftosa con vacunación, después del último brote preocupante de la enfermedad en el país, que lo sacó de los mercados internacionales. Desde entonces, y pese a un brote controlado en el año 2006, en el país creció la conciencia de la importancia de la vacunación. Técnicos, fuentes oficiales y ganaderos confirman que el calendario de vacunación se respeta y aplica en la mayoría de los casos, en el país.

En Paraguay, calificaron el nuevo brote de aftosa como una catástrofe, mientras las primeras estimaciones de pérdidas prevén que podrían alcanzar los u$s 300 millones.

Paraguay es uno de los diez principales exportadores de carne vacuna, y el brote de aftosa se produce en pleno crecimiento de producción y de ventas, y a poco de haber logrado, en mayo pasado, la certificación como país libre de fiebre aftosa con vacunación.