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Una ‘tía’ que nunca existió

La tía que le da nombre a la empresa no existe. Tampoco es la tía de Alejandro Ripani, dueño y fundador de la firma. La marca surgió como alternativa a Doña Petrona, el nombre que había elegido para su proyecto de empresa de tapas de empanadas, pero cuyos derechos de uso no pudo pagar a los herederos de la cocinera. Cuando el diseñador del logo de la frustrada marca le mencionó las empanadas de su tía –la ahora famosa Maruca– Ripani no lo dudó: ese tenía que ser el nombre. Las tapas de empanadas no llegaron al mercado. Pero en 1998, cuando tuvo la idea de lanzar una marca de galletitas y colocar exhibidores de madera en los kioscos, reflotó el nombre. "No llegué a conocer a la tía –se sincera–. Pero después de un par de años hice un acuerdo con el diseñador y lo registré". Ripani, de 55 años, conoce el mercado desde chico: su padre, Cliver Ripani, de 85 años, fundó la empresa familiar de galletitas CR En Ramos Mejía y aún la dirige.