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La acción de truncar el habla de un interlocutor expone un cuadro de ansiedad, impaciencia e inseguridad en quien ejecuta la interrupción, según especialistas en salud mental.

Los profesionales del área indican que este comportamiento habitual manifiesta una necesidad insatisfecha de validación o un intento por establecer dominio sobre el encuentro social.

En otros casos, la conducta surge de una carencia de herramientas para la escucha activa. La psicología asocia este patrón de comunicación defensiva con una baja autoestima o con dificultades emocionales específicas. La interrupción constante funciona como una señal de alerta sobre la salud de la interacción.

Los secretos de interrumpir las conversaciones de manera constante: falta de empatía y consideración

Algunos sujetos presentan una falta de empatía o de atención plena hacia los demás: este hábito quiebra la fluidez del diálogo y anula la necesidad del otro de expresarse y sentirse escuchado. En diversas culturas, la acción califica como una falta de respeto y en otras como una ausencia de consideración hacia la opinión ajena.

Los profesionales del área indican que este comportamiento habitual manifiesta una necesidad insatisfecha de validación.

El rechazo hacia las interrupciones nace de una reacción de la mente humana ante la invasión del espacio personal.

Alexandra Solomon, profesional del Instituto Familia de la Universidad de Northwestern, comparó los diálogos ideales con un deporte. La especialista aseguró que las conversaciones deberían ser como un partido de tenis, con un montón de idas y vueltas, según declaraciones a The New York Times. La ausencia de ese intercambio fluido deriva en climas tensos y conflictos potenciales.

Estrategias para mejorar la comunicación

Elaine Swann, psicóloga y autora del libro Let Crazy Be Crazy, explicó al medio The New York Times que preparar el terreno al decir que se tiene algo para compartir y que tomará solo unos cinco minutos resulta efectivo. Según la experta, el uso de formas amables permite recuperar el espacio para la exposición de pensamientos.

Para los sujetos que identifican este patrón en su conducta, el primer paso consiste en reconocer el mal hábito. Existen frases conciliadoras como “espera, me gustaría completar mi idea” y “solo un momento y te cedo la palabra” que integran el listado de las acotaciones más pacíficas para restablecer el canal de diálogo sin recurrir a la agresividad.

El trabajo sobre el bienestar emocional personal reduce la necesidad de imponer control mediante la interrupción. La aplicación de la escucha activa permite que ambos interlocutores sientan que su mensaje posee valor, mientras que la identificación temprana de estos indicadores de comunicación facilita una convivencia más armónica y el fortalecimiento de la validación mutua entre las personas.