En un contexto marcado por tensiones geopolíticas y amenazas informáticas, diversas instituciones financieras europeas están recomendando a las familias mantener reservas de dinero en efectivo.
La medida cobra relevancia en un momento en que los mismos gobiernos que impulsan el dinero digital reconocen que el efectivo es clave para garantizar la libertad, la privacidad y la seguridad de los pagos, en caso de un colapso digital a nivel internacional.
El Banco internacional que llamó a resguardar el efectivo
El Riksbank, banco central de Suecia, acaba de publicar un comunicado en el que alerta que “la situación internacional actual y el alto grado de digitalización de Suecia podrían generar vulnerabilidades en el sistema de pagos”.
Por ello, recomienda a la ciudadanía contar con diferentes métodos de pago: al menos dos tarjetas de crédito de distintas redes —como Visa y Mastercard—, acceso a servicios de pago móvil como Swish, y también las tarjetas físicas a mano, ya que su chip puede usarse para realizar pagos sin conexión ante eventuales interrupciones.
Sin embargo, lo más llamativo del comunicado es la referencia directa al efectivo. El Riksbank recomienda que todos los hogares mantengan en casa una suma de 1.000 coronas suecas —equivalentes a unos 93 euros— por adulto, una cantidad pensada para cubrir una semana de compras esenciales. La institución aclara que cada hogar puede necesitar más o menos según el número de integrantes y sus necesidades específicas.
El organismo también subraya que, siempre que sea posible, el efectivo debe guardarse en varias denominaciones. Y va más lejos: anima a la población a usar dinero en metálico de forma regular incluso en períodos de normalidad, con el fin de mantener el sistema de efectivo en funcionamiento. Una recomendación que, en el fondo, implica un reconocimiento de que desincentivar su uso fue un error.
El efectivo según el BCE
El Banco Central Europeo también se suma a este llamado, aunque desde una posición paradójica: en los últimos meses ha mostrado interés en acelerar el desarrollo del euro digital. Aun así, en un informe titulado "Mantenga la calma y lleve efectivo: lecciones sobre el papel único de la moneda física en cuatro crisis", el BCE destaca que “la demanda de billetes en euros ha mostrado un sólido crecimiento a pesar de la continua digitalización de los pagos”.
El organismo señala que, si bien la proporción de efectivo en las transacciones diarias ha disminuido en la zona euro, el valor de los billetes en circulación ha aumentado de forma significativa en las últimas dos décadas. De hecho, ese valor ha mantenido de manera constante una participación superior al 10% del PIB de la zona euro durante los últimos diez años, lo que refleja una demanda global sostenida del dinero físico.
El mensaje de fondo que dejan tanto el Riksbank como el BCE es claro: frente a la incertidumbre digital y geopolítica, el efectivo sigue siendo un refugio confiable. Que sean las propias instituciones promotoras del dinero virtual quienes lo recomienden marca un punto de inflexión en el debate sobre el futuro de los sistemas de pago.