En esta noticia

En México, solo entre 5 y 6% de la población cuenta con un testamento, un rezago que deja en situación de vulnerabilidad a miles de familias en particular aquellas con hijos con discapacidad y podría trasladar una mayor carga económica al Estado, afirmó Jorge Arellano, director de egresados del IPADE para México y Estados Unidos.

“El principal error de la gente al momento de planear la sucesión es que no lo hacen”, señaló en entrevista con El Cronista.

En estos casos, la falta de previsión patrimonial puede derivar en escenarios críticos, donde los hijos con necesidades especiales quedan sin un respaldo económico ni una estructura legal que garantice su cuidado tras el fallecimiento de los padres.

“Si un niño queda sin padres y sin protección, el gobierno tendrá que hacerse cargo, lo que implica un costo que puede evitarse con una estrategia integral”, advirtió.

Hijos con discapacidad, los más expuestos

El especialista subrayó que la ausencia de instrumentos como testamento, fideicomiso o seguro de vida impacta de forma más severa a las familias con dependientes vulnerables, debido a que requieren cuidados y recursos constantes en el largo plazo.

“Cuando tú falleces, estás dejando la decisión del reparto de tus propiedades conforme a la ley y no conforme a tus propios deseos”, explicó.

Esto puede generar que los recursos no se asignen de forma adecuada para cubrir necesidades específicas como atención médica, educación o manutención, especialmente en casos de discapacidad.

Además, señaló que el problema se agrava por una barrera cultural que lleva a postergar estas decisiones.

“Celebramos la muerte, pero no queremos hablar de ella. Esa es la gran paradoja”, comentó.

Fideicomiso, herramienta para garantizar cuidado a largo plazo

Ante este panorama, el fideicomiso se posiciona como una herramienta clave para asegurar que los recursos destinados a los hijos se administren conforme a reglas claras, incluso después del fallecimiento de los padres.

A través de esta figura, los bienes son transferidos a una institución fiduciaria generalmente un banco, que se encarga de distribuirlos conforme a las instrucciones establecidas.

“Te da la tranquilidad de saber que pase lo que pase, tus instrucciones se van a cumplir”, explicó.

Además, permite establecer mecanismos como comités técnicos que supervisan el uso de los recursos, lo que resulta especialmente relevante en casos de hijos con discapacidad.

Seguro de vida, complemento para sostener el patrimonio

Arellano destacó que los seguros de vida pueden ser un instrumento clave para garantizar recursos dentro del fideicomiso, especialmente cuando no existe un patrimonio amplio.

Indicó que existen opciones accesibles desde alrededor de 12 mil pesos anuales, dependiendo de factores como edad, salud y suma asegurada.

“Es más caro no hacer nada que planearlo y hacer algo”, sostuvo.

Riesgo social y costo público

El especialista advirtió que la falta de planeación patrimonial no solo afecta a las familias, sino que puede convertirse en un problema público, al trasladar la responsabilidad al Estado en ausencia de redes familiares o recursos suficientes.

En estos casos, instituciones públicas tendrían que asumir el cuidado de personas en situación de vulnerabilidad, lo que implica un costo que podría evitarse con estrategias preventivas.

Pendientes en política pública

Arellano consideró que México aún enfrenta retos para impulsar estos mecanismos, particularmente mediante incentivos fiscales que promuevan la contratación de seguros de vida en familias con hijos con discapacidad.

Entre las propuestas, planteó permitir la deducibilidad de estos instrumentos, lo que podría incentivar su adopción.

Asimismo, señaló que, aunque iniciativas como el Mes del Testamento han contribuido a generar conciencia, el país sigue rezagado frente a economías como Estados Unidos en materia de protección patrimonial.

“Necesitamos seguir impulsando la educación financiera para evitar conflictos a futuro”, dijo.

Arellano concluyó que postergar la planeación patrimonial tiene consecuencias directas en el bienestar familiar y social.

“El mayor acto de amor que un padre o una madre puede hacer es dejar un legado ordenado”, afirmó.