

El cierre de 2025 dejó una fotografía clara del sistema bancario en México: una cartera de crédito en expansión, pero cada vez más concentrada en un reducido número de instituciones.
De acuerdo con los datos más recientes de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), la cartera total de crédito del sistema alcanzó MXN $8,166 millones, lo que representó un crecimiento anual de 6.6% frente a diciembre de 2024, cuando el saldo fue de 7,659 millones de pesos.
Si bien el avance del financiamiento reflejó una mayor colocación de crédito, la distribución del mismo no fue homogénea entre los participantes del sistema, ya que la mayor parte se concentró en los principales bancos del país.
La hegemonía de los “tres grandes” es más evidente que nunca. BBVA México se mantiene como el gigante del sector, gestionando una cartera que supera los u$s 2,089 millones.
Le siguen Banorte, con 1,231 millones, y Santander, que ocupa la tercera posición con 986 millones.
Juntas, estas tres instituciones no solo mueven el grueso del capital en el país, sino que dictan el ritmo de la intermediación financiera apoyadas en una escala operativa que parece inalcanzable para los competidores más pequeños.
La lucha de los bancos digitales y de nicho
Mientras los gigantes celebran cifras récord, la realidad para las nuevas instituciones y la banca digital es muy distinta.
A pesar del entusiasmo por la tecnología financiera, jugadores como Ualá y Openbank todavía manejan carteras modestas, con 1,032 millones y 335 millones de pesos respectivamente.
Esta brecha evidencia que, aunque el usuario mexicano valora las apps modernas, la confianza para solicitar financiamiento de alto volumen sigue depositada en las instituciones tradicionales.
Por otro lado, bancos con enfoques especializados como J.P. Morgan o Banco Base operan en una escala significativamente menor, con carteras de 22,099 millones y 10,109 millones de pesos.
Estas cifras acentúan una disparidad competitiva que define el panorama bancario actual en México.
Una luz amarilla en el tablero: La morosidad
Sin embargo, no todo es expansión y dominio. El crecimiento del crédito ha venido acompañado de un síntoma que el mercado observa de cerca: el repunte de la morosidad.
El índice de impago del sistema cerró 2025 en un 2.17%, un incremento respecto al 2.02% registrado el año anterior.
El deterioro sugiere que, tras la agresiva colocación de financiamiento, el sistema empieza a sentir la presión de un entorno económico donde a los clientes les cuesta más mantener sus cuentas al corriente.















