La incertidumbre en torno a la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) está pausando algunas decisiones de inversión, pero no ha cambiado la tesis de largo plazo sobre México. Al menos esa es la lectura de BlackRock, el mayor administrador de activos del mundo, que considera que el país mantiene fundamentos suficientemente sólidos para seguir ocupando un lugar relevante dentro de su estrategia para América Latina.

En su actualización trimestral del portafolio del BlackRock Latin American Investment Trust, la mayor gestora de inversiones del mundo reconoce que el sentimiento de mercado hacia México se ha moderado conforme se acercan las negociaciones comerciales con Estados Unidos. Sin embargo, sostiene que factores estructurales como la integración productiva con la economía estadounidense, el fenómeno del nearshoring y la credibilidad del Banco de México continúan respaldando la historia de inversión del país.

Es una diferencia que quizá Larry Fink, CEO de BlackRock, percibe cada que visita a la presidenta Claudia Sheinbaum en Palacio Nacional.

O quizá sea que Fink practica en esas visitas el viejo truco del palo y la zanahoria... Hace apenas dos años, el nearshoring era presentado por bancos y fondos como una gran promesa de crecimiento, luego como una promesa irrealizable. Hoy, la propia BlackRock, ya forma parte del escenario base. Es decir, dejó de ser una apuesta especulativa para convertirse en un elemento incorporado dentro de la valoración de la economía mexicana.

Esa visión también se refleja en la composición de su portafolio. México representa alrededor de una cuarta parte de los activos administrados por el fondo latinoamericano, sólo por detrás de Brasil, que concentra cerca de 58% de la cartera. Entre las principales posiciones mexicanas destacan compañías ligadas al consumo interno y a los servicios financieros, como Walmart, FEMSA y Grupo Financiero Banorte, además de otras empresas con exposición al dinamismo económico doméstico.

Los que quieran copiar los trades de BlackRock deberían seguir con lupa esta selección. Más que apostar exclusivamente por fabricantes o exportadores beneficiados por la relocalización de cadenas productivas, BlackRock parece privilegiar negocios capaces de capturar el crecimiento que esa inversión genera dentro del mercado interno. La lógica es sencilla: si llegan nuevas plantas, empleos y cadenas de suministro, también aumentará el consumo, la demanda de servicios financieros y la actividad comercial.

En el plano regional, BlackRock mantiene una visión constructiva sobre América Latina. La firma considera que la región ofrece valuaciones atractivas frente a otros mercados emergentes y que un eventual ciclo de reducción de tasas de interés podría favorecer nuevamente el flujo de capitales hacia economías latinoamericanas. A ello se suma la fortaleza relativa de varios exportadores de materias primas, un factor que sigue ofreciendo protección frente a un entorno internacional marcado por tensiones geopolíticas y desaceleración económica.

Para México (ojo, Marcelo Ebrard et al) el mensaje es claro. La revisión del T-MEC podrá introducir episodios de volatilidad y retrasar algunas decisiones corporativas, pero no modifica, al menos por ahora, la percepción de los grandes inversionistas globales sobre el papel que el país desempeña dentro de la integración económica de Norteamérica. En la lectura de BlackRock, el principal atractivo de México ya no reside en la expectativa de lo que podría llegar con el nearshoring, sino en la evidencia de que ese proceso ya forma parte de la nueva arquitectura industrial de la región.

Porque como dice la gestora de Fink: “En México, la confianza a corto plazo sigue expuesta a las tensiones comerciales relacionadas con el T-MEC de cara a la revisión conjunta (...) Sin embargo, la profunda integración del país con las cadenas de suministro estadounidenses, la tendencia actual al nearshoring y la política monetaria disciplinada siguen proporcionando un respaldo estructural (...) Seguimos considerando que las ventajas estructurales de México en materia de cadenas de suministro deberían resultar más importantes que el riesgo de titulares a corto plazo".