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Un conjunto de hallazgos recientes en el recinto del Templo Mayor reveló lo que podría ser la mayor ofrenda ceremonial realizada durante el reinado del tlatoani Motecuhzoma Ilhuicamina, gobernante de Tenochtitlan entre 1440 y 1469. Los descubrimientos forman parte del Proyecto Templo Mayor, dirigido por el arqueólogo Leonardo López Luján.

El Templo Mayor fue el edificio religioso más importante de Tenochtitlan, ciudad fundada en el lago de Texcoco sobre la que se asienta la actual Ciudad de México. La pirámide estaba dedicada a Huitzilopochtli, dios de la guerra y del sol, y a Tláloc, dios de la lluvia y la fertilidad. Cada ampliación del edificio requería ceremonias de consagración con ofrendas enterradas en puntos específicos del monumento.

Motecuhzoma Ilhuicamina y las ofrendas que narran la expansión del imperio

Las ofrendas corresponden al reinado de Motecuhzoma Ilhuicamina, cuyo nombre significa “el flechador del cielo”. Durante su gobierno, el imperio se expandió hacia regiones como el actual estado de Guerrero, de donde proceden algunas de las esculturas depositadas en el templo.

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Los depósitos se realizaron en seis tepetlacalli —“cofres de piedra” en náhuatl—, enterrados bajo estructuras decoradas con cabezas de serpiente. Entre su contenido destacan 83 figurillas antropomorfas talladas en piedra verde de estilo Mezcala, que los arqueólogos consideran que los mexicas valoraban como reliquias sagradas.

Un hallazgo que “cierra el círculo” arqueológico

Durante las excavaciones se localizaron tres nuevos depósitos: las ofrendas 186, 187 y 189. Su similitud con otras tres halladas décadas atrás —ofrendas 18, 19 y 97— llevó a los arqueólogos a concluir que los seis depósitos formaron parte de un mismo evento ceremonial.

Hallan seis depósitos que formaron parte de un mismo evento ceremonial histórico.Fuente: ShutterstockShutterstock

El repertorio de objetos es extraordinario: más de 4,000 conchas y caracoles del Atlántico algunos con indicios de haber sido transportados vivos desde la costa, además de semillas, copal, restos de peces sierra y elementos vinculados a Tláloc.

Depositar estas ofrendas exigió una logística colosal. Algunas esculturas pesaban entre 600 y 1.000 kilogramos y debieron moverse con cuerdas, palancas y rodillos de madera. Los arqueólogos estiman que la ceremonia involucró a decenas de sacerdotes y miles de participantes, convirtiendo al conjunto en un testimonio excepcional del poder del imperio mexica en su etapa de consolidación.