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Cada día, millones de personas en ciudades de América Latina pagan su boleto de autobús o metro con monedas que les cuesta cada vez más conseguir. Mientras tanto, en sus bolsas llevan botellas de plástico vacías, latas aplastadas y residuos que terminarán en la basura. ¿Y si ese “desperdicio” fuera exactamente el valor de intercambió que necesitan?

Eso es lo que propone una iniciativa presentada en el Estado de México: convertir los residuos reciclables en saldo de transporte. La idea puede sonar futurista, pero en varias ciudades del mundo ya es una realidad cotidiana con resultados concretos.

Máquinas automatizadas permitirían canjear botellas, latas y vidrio por saldo en tarjetas de movilidad, integrando tecnología de reconocimiento y pago electrónico. Fuente: archivo

El mundo ya lo hace: de Roma a Yakarta, el reciclaje como moneda de cambio

La propuesta de México no surge de la nada. En distintos continentes, ciudades con realidades muy diversas exploraron con éxito el modelo de “pagar con basura”. En Roma, por ejemplo, las estaciones de metro cuentan con máquinas donde los usuarios depositan botellas de plástico a cambio de crédito para sus viajes. El sistema funciona como incentivo progresivo: se necesitan alrededor de 30 envases para completar un boleto, lo que convierte el reciclaje en un hábito sostenido y no en una solución ocasional.

En Surabaya, Indonesia, el esquema es todavía más directo: quien entrega botellas o vasos plásticos obtiene un pase temporal en el sistema de autobuses, sin necesidad de dinero en efectivo.

Ciudades como Estambul y Pekín adoptaron variantes intermedias, donde máquinas automatizadas convierten los residuos entregados en saldo para tarjetas de transporte público.

El esquema apunta a reducir residuos urbanos y, al mismo tiempo, aliviar el gasto diario de millones de usuarios que dependen del transporte público. Fuente: Shutterstock.

Mexibús sin monedas: así funcionaría el plan en el Estado de México

La diputada Arleth Stephanie Grimaldo Osorio presentó ante la legislatura local una iniciativa para instalar máquinas automatizadas en estaciones de sistemas como el Mexibús y el Mexicable.

En estas máquinas automatizadas de acopio, los usuarios pueden introducir residuos reciclables —principalmente envases de PET, latas de aluminio y recipientes de vidrio— que son identificados, clasificados y procesados mediante sistemas de reconocimiento óptico y compactación.

A cambio, el sistema genera una contraprestación en forma de crédito electrónico, el cual se acredita de manera directa e inmediata en la tarjeta de movilidad del usuario mediante integración con la plataforma de pago del transporte público.

Doble ganancia: menos basura en las calles, más acceso al transporte

Lo que hace especialmente poderosa esta iniciativa es que ataca dos problemas a la vez. Por un lado, ofrece un alivio económico real para los usuarios de transporte público, que son generalmente los sectores de menor ingreso y quienes más dependen de sistemas como el Mexibús para sus desplazamientos diarios. Por otro, crea un incentivo concreto y personal para separar residuos desde el origen, algo que las campañas de concientización tradicionales raramente logran sostener en el tiempo.

A diferencia de las campañas temporales de reciclaje que se disuelven cuando termina el presupuesto, este modelo se sostiene solo: el usuario recicla porque le conviene hacerlo, no porque lo convencieron.

La sostenibilidad del esquema, sin embargo, dependerá de que las autoridades logren articular el proceso de recolección, clasificación y valorización de los materiales de manera eficiente.