En una jornada electoral clave para el futuro político y económico de la región, cerca de 160 millones de ciudadanos brasileños acudieron a las urnas para elegir al próximo presidente de Brasil. Con la casi totalidad de las mesas escrutadas por el Tribunal Superior Electoral (TSE), la primera vuelta dejó un escenario sumamente ajustado que conducirá indefectiblemente a una segunda vuelta el próximo domingo 25 de octubre.
El senador Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal (PL) y representante de la oposición de derecha, dio la sorpresa al posicionarse a la cabeza del recuento con el 47.93% de los votos válidos (más de 52.1 millones de sufragios). Por su parte, el actual mandatario Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido dos Trabalhadores (PT), quien busca la reelección para un nuevo periodo de cuatro años, obtuvo el 44.10% de los apoyos (47.9 millones de votos).
Ventaja no suficiente para Bolsonaro
A pesar de la ventaja del senador opositor, el marco legal del artículo 77 de la Constitución Federal de Brasil exige que el ganador obtenga la mayoría absoluta (más del 50% de los votos válidos) para consagrarse en primera ronda. Al no alcanzar ninguno de los postulantes dicho umbral, la Presidencia de la República se definirá en el balotaje del 25 de octubre entre los dos candidatos más votados.
La candidatura de Flávio Bolsonaro emergió en representación del ala conservadora ante la imposibilidad de participación de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, inhabilitado políticamente. Durante la jornada electoral, la participación ciudadana rondó el 80%, dejando un margen de abstención y votos en blanco que supera el 20% (cerca de 31 millones de electores), segmento que se convertirá en el blanco principal de las estrategias de campaña de ambas agrupaciones durante las próximas tres semanas.
Elecciones al Congreso
Además de la fórmula presidencial, el proceso incluyó la renovación total de la Cámara de Diputados (513 bancas), dos tercios del Senado Federal (54 escaños) y las 27 gobernaciones estatales. Destacaron los triunfos legislativos de la familia Bolsonaro en estados clave como Santa Catarina y la victoria de la exprimera dama Michelle Bolsonaro para el Senado por el Distrito Federal.
La definición del próximo gobierno brasileño genera amplia expectativa en los mercados e inversores latinoamericanos, atentos al impacto macroeconómico y comercial que el resultado del 25 de octubre tendrá en las relaciones bilaterales y la integración financiera de la región.
Asimismo, es una llamada de atención a la presencia de la izquierda en la región, por ahora representada en las dos mayores economías de América Latina (Brasil, con Lula, y México, con Claudia Sheinbaum). En el resto del continente, los gobiernos de izquierda han ido perdiendo escaques y además de los gigantes regionales se suman dos dictaduras, Cuba y Nicaragua.