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Durante siglos, el apellido paterno ocupó el primer lugar en la identidad de las personas casi sin cuestionamiento alguno. Una costumbre tan arraigada que muchos ni siquiera se detienen a preguntarse por qué es así, o si debería seguir siéndolo.

Pero ese orden, sostenido más por tradición cultural, podría estar llegando a su fin en el Estado de México. Ahora, una iniciativa de ley plantea una transformación sin precedentes: que los progenitores acuerden libremente el orden de los apellidos de sus hijos, y que cuando no exista ese acuerdo —o cuando el padre simplemente no esté presente en la vida del menor— sea el apellido de la madre el que encabece la identidad jurídica y social de las niñas, niños y adolescentes.

La iniciativa reconoce que el orden de los apellidos no es una regla natural, sino una construcción cultural que hoy puede ser replanteada desde la igualdad. Fuente: Shutterstock.

¿Por qué el apellido del padre siempre va primero?

Por generaciones, la respuesta a esta pregunta fue simplemente “porque así es”. El Código Civil, como en tantas otras normas heredadas, consolidó en el papel una jerarquía que colocaba el padre en primer lugar, incluso en algo tan íntimo como el nombre de sus hijos. Nadie votó por esa regla; simplemente se fue heredando de código en código, de generación en generación.

Fue la diputada Daniela Ballesteros Lule quien presentó ante el pleno del Congreso del Estado de México la iniciativa. Su propuesta reforma el Código Civil local para establecer que ambos progenitores puedan elegir de manera libre y consensuada cuál de sus apellidos transmiten a sus hijos y en qué orden, sin limitarse únicamente al primero de cada uno. Esto significa que, por primera vez, la ley reconocería abiertamente que no hay un orden “natural” ni “correcto”.

En concreto, según trascendió, la funcionaria pide sumar a la ley un párrafo que diga: “El nombre de las personas físicas se forma con el sustantivo propio y un apellido del padre y un apellido de la madre, pudiendo los progenitores elegir libremente cuáles de sus apellidos transmitirán, en el orden que de común acuerdo determinen; en el caso de que el padre y la madre no lleguen a un acuerdo respecto al orden que se deben seguir los apellidos del hijo o hija, el primer apellido de la madre aparecerá en primer lugar y el primer apellido del padre en segundo lugar”.

Además, la propuesta establece que el orden de los apellidos acordado entre padre y madre se aplicará preferentemente a los demás hijos e hijas del mismo vínculo.

Cuando papá no está, el apellido de mamá va primero

Quizás el aspecto más concreto y urgente de la propuesta sea el que aborda una situación que viven miles de familias en México: la del padre que no reconoce al menor, que abandona, que desaparece o que nunca ejerció ninguna responsabilidad parental.

En esos casos, la iniciativa es clara: el apellido de la madre irá en primer lugar, seguido del apellido del padre, siempre que este figure en el acta.

En la práctica social existen múltiples casos en los que niñas, niños y adolescentes continúan portando apellidos de progenitores que no han formado parte de sus vidas, ya sea por abandono, ausencia prolongada o falta de reconocimiento afectivo y familiar. Esta situación genera una brecha entre la identidad jurídica y la identidad social de las personas, obligándolas a mantener un vínculo nominal con quien no ha ejercido responsabilidad parental ni presencia en su desarrollo”, reconoció la diputada.