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Para la mayoría, jubilarse antes de los 50 años parece una meta imposible. Entre el aumento del costo de vida, los precios de la vivienda y los gastos cotidianos, la sensación general es que cada vez habrá que trabajar durante más tiempo.

Por eso, la experiencia de Alan Donegan genera sorpresa. Mientras la mayoría busca ganar más dinero para mejorar su calidad de vida, él y su esposa Katie apostaron por una estrategia diferente: reducir al máximo sus gastos para acelerar su independencia financiera.

Y lo hicieron de una manera que muchos consideraron exagerada. “En cambio, nos poníamos más capas de ropa y usábamos bolsas de agua caliente; lo convertimos en un juego”, recuerda Alan sobre los inviernos en su hogar del sur de Inglaterra. Su conclusión desafía la intuición de cualquiera: “No era sufrimiento, era estrategia”.

Alan y Katie, pareja inglesa: “Llevamos el almuerzo al trabajo durante 10 años y pudimos jubilarnos a los 35 y 40 años”
Alan y Katie, pareja inglesa: “Llevamos el almuerzo al trabajo durante 10 años y pudimos jubilarnos a los 35 y 40 años”@alandonegan - Instagram

¿Cómo lograron Alan y Katie retirarse a los 40 años?

Alan admite que no todos entendían sus decisiones. La pareja rara vez pedía comida para llevar, llevaba el almuerzo preparado al trabajo y buscaba constantemente formas de reducir gastos. Incluso llegaron a cargar sus teléfonos fuera de casa y a utilizar cupones de supermercado que otras personas habían descartado.

La imagen que proyectaban hacia afuera no siempre era favorable. “Aunque otros nos consideraban extremos o locos por obsesionarnos tanto con no gastar dinero, estábamos totalmente enfocados en comprar nuestra libertad”, explica Alan.

Esa palabra, libertad, era el verdadero objetivo detrás de cada sacrificio. Por libertad no se refería a hacerse rico ni a acumular bienes materiales. Hablaba de alcanzar la independencia financiera suficiente para dejar de depender de un salario.

¿Qué resultados obtuvieron con esa estrategia?

Los números ayudan a entender por qué los Donegan se mantuvieron firmes durante tantos años. Uno de sus hábitos más sencillos terminó teniendo un impacto enorme. “Ahorramos US$53.000 en 10 años gracias a ese simple hábito de llevar la comida”, afirma Alan.

La pareja destinaba prácticamente todo el excedente posible a inversiones. Katie, que trabajaba como actuaria especializada en evaluación de riesgos, explica cuál era la lógica detrás de cada decisión financiera: “Cada libra que invertíamos nos acercaba un poco más a la vida que deseábamos”.

Con el paso de los años, los ahorros crecieron hasta alcanzar un millón de libras esterlinas, equivalentes a alrededor de US$1,3 millones. Cuando llegaron a esa cifra, tomaron una decisión que para muchos sigue pareciendo impensada: dejaron de trabajar. Precisamente, Alan tenía apenas 40 años. Katie, 35.

¿Qué es el movimiento FIRE que hizo posible esa jubilación temprana?

Los Donegan forman parte del movimiento FIRE, sigla de Financial Independence, Retire Early (Independencia Financiera, Jubilación Anticipada). Aunque durante años fue una filosofía prácticamente desconocida, hoy reúne a una comunidad global de seguidores convencidos de que la jubilación tradicional no es la única alternativa.

Alan y Katie, pareja inglesa: “Llevamos el almuerzo al trabajo durante 10 años y pudimos jubilarnos a los 35 y 40 años”
Alan y Katie, pareja inglesa: “Llevamos el almuerzo al trabajo durante 10 años y pudimos jubilarnos a los 35 y 40 años”@alandonegan - Instagram

La premisa central es sencilla: gastar menos de lo que se gana, invertir la diferencia y dejar que el tiempo haga crecer el patrimonio.

Sus defensores sostienen que el verdadero problema no siempre es el nivel de ingresos, sino la velocidad con la que aumentan los gastos cuando mejora la situación económica.

Sin embargo, eso abre un debate inevitable: ¿hasta qué punto vale la pena restringir el presente para ganar libertad en el futuro?

¿Existen otros casos que respalden esta filosofía?

Otros de los casos exitosos tienen que ver con Amy Minkley, una profesora estadounidense que logró jubilarse a los 44 años después de trabajar en colegios internacionales de Japón, Singapur, India y Tailandia.

A diferencia de muchos expatriados, decidió mantener un estilo de vida austero. “No me interesaba seguir el estilo de vida típico de los expatriados”, asegura.

Para maximizar su capacidad de ahorro, evitó las compras impulsivas, cocinó la mayoría de sus comidas y mantuvo sus dispositivos electrónicos hasta que dejaron de funcionar.

“Rara vez compraba ropa cara, conservaba los aparatos electrónicos hasta que dejaban de funcionar, cocinaba la mayor parte de mis comidas en casa y me lo pensaba bien antes de realizar cualquier compra importante”, cuenta.

Además, compartir vivienda en algunos países asiáticos le permitió reducir aún más sus gastos. Hoy vive en Bali, donde sus ingresos de jubilación tienen un poder de compra mucho mayor que en Estados Unidos.