El escenario político en Brasil se encamina hacia una definición para el infarto. A pocos días de la primera vuelta que definió el pase al balotaje entre Flávio Bolsonaro y Luiz Inácio Lula da Silva, una nueva encuesta sacude el tablero al mostrar un estrechamiento en los márgenes de diferencia.

Tras un primer sondeo que le otorgaba una ventaja más cómoda al candidato del Partido Liberal (PL), los números más recientes acortaron la brecha y le inyectaron una fuerte dosis de optimismo al líder del Partido de los Trabajadores (PT) para intentar revertir el resultado.

El estudio, elaborado por la consultora CB Global Data entre el 5 y el 8 de octubre, revela un escenario de paridad técnica, considerando el margen de error muestral del 2,2%.

Ante la pregunta directa sobre a quién votarían si las elecciones presidenciales fueran mañana, el 50,5% de los encuestados se inclinó por Flávio Bolsonaro, mientras que el 48% eligió a Lula da Silva. Esta diferencia de apenas dos puntos y medio representa un respiro vital para el oficialismo en la recta final de la campaña.

La brutal polarización que atraviesa al país vecino queda en evidencia al observar el ínfimo margen de votantes fluctuantes. Según el relevamiento, el voto nulo o en blanco representa apenas un 1,2% del padrón, mientras que los indecisos se reducen a un marginal 0,3%.

Al proyectar estos números eliminando a los votantes dudosos y contabilizando únicamente los sufragios válidos, la distancia se estira de manera muy leve: Bolsonaro alcanzaría el 51,8% frente al 48,2% del actual presidente.

Impulsado por este acortamiento en las mediciones, el jefe de Estado recalibró su discurso y salió a disputar la agenda pública con un fuerte tono épico.

En sus últimas declaraciones, el líder del PT se mostró exultante respecto a sus posibilidades numéricas y apuntó directamente contra su rival, asegurando que Brasil “no volverá a ser gobernada por el fascismo”, una premisa que busca movilizar al electorado de centro democrático que esquivó a ambos candidatos en la primera vuelta.

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, besa una bandera durante un acto de campaña este viernes, en Brasilia (Brasil).EFE/ Andre Borges

Sin embargo, la tarea para dar vuelta la contienda choca contra un techo de cristal que Lula deberá perforar: su nivel de rechazo.

El informe detalla que el 48,2% del electorado asegura que “nunca votaría” por el actual mandatario, un núcleo duro opositor que complica la captación de nuevos apoyos. En la vereda de enfrente, la negativa absoluta hacia el hijo del expresidente Jair Bolsonaro es un poco más baja, ubicándose en un 45,9%.

La imagen personal de los contendientes es un fiel reflejo de la división social brasileña, donde ambos dirigentes ostentan un fuerte diferencial negativo.

El candidato a la presidencia de Brasil, Flávio Bolsonaro, reacciona durante el anuncio de respaldo del exgobernador conservador Goiás Ronaldo Caiado.Fuente: EFEAndre Borges

Lula acumula una imagen positiva del 45,3% frente a un rechazo del 54,6% (donde un 42,5% lo califica como “muy malo”). Por el lado del candidato de la derecha, la imagen positiva asciende a 46,6%, mientras que la negativa se ubica en 53%, números casi calcados que demuestran una elección de pisos altos y techos bajos para ambos.

Para el bolsonarismo, retener esta leve pero sostenida ventaja implica no cometer errores no forzados en las semanas decisivas. La estrategia del PL se concentra en consolidar de forma hermética el voto antipetista que quedó huérfano tras el último domingo electoral, apelando al desgaste económico y social de la actual gestión para blindar esa mitad más uno de los votos que hoy le garantizan la victoria en el simulacro de segunda vuelta.

Con una muestra nacional de 2004 casos recolectados de manera online (formato CAWI) y cuotas proporcionales por geolocalización, edad y nivel educativo, el estudio de CB Global Data anticipa un final sumamente apretado. Los días que restan hasta la apertura de las urnas obligarán a ambos a una cacería voto a voto, en un país donde la balanza presidencial pende de un hilo porcentual cada vez más fino.