- <b>Fuerzas armadas: volumen y estructura dual</b>
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- <b>El núcleo de la disuasión: misiles balísticos</b>
- <b>Drones y capacidad de saturación</b>
- <b>Marina y control del estrecho de Ormuz</b>
- <b>Fuerza aérea y limitaciones tecnológicas</b>
- <b>Programa nuclear y capacidad latente</b>
- <b>¿Cuánto pesa realmente el poderío iraní?</b>
En las últimas horas, la administración del presidente Donald Trump reforzó de manera significativa la presencia militar de Estados Unidos en la región del Golfo Pérsico, en lo que Washington define como un esfuerzo por contrarrestar lo que califica como amenazas emergentes desde Irán.
El despliegue —que incluye portaaviones, aviones de combate, sistemas antimisiles y otras capacidades estratégicas— representa el mayor aumento de fuerza estadounidense en Medio Oriente en más de dos décadas, con el objetivo explícito de presionar a Teherán para que abandone su programa de enriquecimiento de uranio y acepte un borrador de acuerdo sobre desnuclearización planteado por negociadores norteamericanos.
Este paquete de fuerza, según informes de prensa y servicios de inteligencia, se concentra en puntos clave del Golfo Pérsico, Mar Rojo y Mediterráneo oriental, y se interpreta como un claro mensaje de disuasión hacia Irán ante un posible ataque militar limitado.
Analistas de defensa, incluidos algunos vinculados al mismo gobierno de Trump, sostienen que, a pesar de la abrumadora superioridad convencional de Estados Unidos, una intervención militar contra Irán no sería sencilla ni equivalente a operaciones como las que se vivieron en Venezuela.
Entre los elementos que invocan estas apreciaciones está el hecho de que, en los enfrentamientos de junio de 2025 entre Irán e Israel, fuerzas iraníes lanzaron cientos de misiles y drones que, pese a ser mayoritariamente interceptados, lograron penetrar algunas defensas antimisiles, expresando una capacidad de saturación que no puede ser ignorada.
Otros analistas recuerdan que Irán viene preparándose para la posibilidad de un ataque estadounidense desde hace al menos cinco décadas, una percepción que se remonta al acceso al poder de la revolución islámica de 1979 tras el derrocamiento del Shah Reza Pahlavi.
En medio de este contexto, las autoridades iraníes combinan gestos de apertura al diálogo —asegurando que presentarán un borrador a Estados Unidos para avanzar en la desnuclearización— con muestras explícitas de desafío a la presión norteamericana.
El debate no gira tanto en torno a si Estados Unidos puede imponerse —algo que prácticamente ningún instituto especializado discute— sino sobre cuánto daño podría infligir Irán antes de ser neutralizado y qué impacto tendría una escalada sobre Israel, el Golfo y el mercado energético global. Para responder esa incógnita, conviene observar los datos primarios disponibles en informes técnicos y evaluaciones institucionales.
Fuerzas armadas: volumen y estructura dual
Una nota de Anadolu Agency, la agencia estatal de noticias de Turquía, basada en el informe The Military Balance 2025 del International Institute for Strategic Studies (IISS), estima que Irán cuenta con aproximadamente 610.000 efectivos en servicio activo. De ese total, alrededor de 350.000 integran el ejército regular (Artesh) y cerca de 190.000 pertenecen al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), la estructura paralela que responde directamente al liderazgo político y concentra buena parte de las capacidades estratégicas.
El mismo estudio detalla que la Fuerza Aérea dispone de unos 37.000 efectivos, la Marina de cerca de 18.000 y las unidades específicas de defensa aérea rondan los 15.000. Además, Irán mantiene cientos de miles de reservistas.
El índice comparativo del Global Firepower ubica a Irán entre las principales potencias militares de Medio Oriente en términos de número de tropas, tanques y artillería. No obstante, el propio índice advierte que el volumen no refleja necesariamente calidad tecnológica ni capacidad de proyección global. Irán ocupa el puesto 16 entre 145 países en el ranking de potencia militar para 2026 según Global Firepower, con un PowerIndex de 0,3199 (donde 0,0000 representa la máxima potencia).
El núcleo de la disuasión: misiles balísticos
El componente central del poder militar iraní sigue siendo su fuerza misilística. Un análisis publicado en febrero de 2026 por la agencia internacional Reuters sostiene que Irán posee uno de los arsenales de misiles balísticos más grandes de Oriente Medio, con vectores de corto, medio y alcance intermedio capaces de cubrir hasta aproximadamente 2.500 kilómetros, dependiendo del sistema.
Según ese relevamiento, el inventario iraní incluye modelos como Shahab-3, Ghadr, Emad, Sejjil y Khorramshahr, varios de ellos con capacidad para alcanzar objetivos en Israel, en bases estadounidenses del Golfo y en amplias zonas del Mediterráneo oriental. El informe destaca que muchos de estos sistemas pueden ser lanzados desde plataformas móviles o desde instalaciones subterráneas fortificadas, lo que incrementa su supervivencia ante ataques preventivos.
La misma evaluación señala que Irán desarrolló en los últimos años una red de instalaciones conocidas como “ciudades de misiles”, complejos subterráneos destinados a proteger y almacenar estos vectores estratégicos. Esa infraestructura, combinada con la movilidad de los lanzadores, constituye el eje de su doctrina de disuasión frente a una eventual ofensiva aérea o naval estadounidense.
Drones y capacidad de saturación
Además del componente balístico, Irán expandió su programa de vehículos aéreos no tripulados.
El informe de Anadolu Agency destaca que estos sistemas pueden operar a largas distancias y transportar cargas explosivas significativas, lo que permite combinar misiles y drones en oleadas coordinadas.
Esa estrategia de saturación fue observada en intercambios recientes en la región, donde el volumen de proyectiles puso a prueba sistemas antimisiles avanzados. El dato es relevante para analistas militares que evalúan la capacidad iraní de penetrar defensas mediante cantidad y simultaneidad.
Marina y control del estrecho de Ormuz
En el plano naval, el International Institute for Strategic Studies describe una fuerza diseñada para la negación de acceso más que para la confrontación convencional en alta mar. Irán opera submarinos pequeños, lanchas rápidas armadas con misiles y minas navales.
El estrecho de Ormuz constituye el eje geográfico de esa estrategia. Según evaluaciones técnicas citadas por el IISS, la combinación de geografía estrecha y armamento ligero otorga a Irán capacidad de perturbar el tránsito marítimo en caso de conflicto.
La Guardia Revolucionaria desempeña un rol central en esta arquitectura defensiva, con unidades específicamente entrenadas para operaciones en aguas poco profundas.
Fuerza aérea y limitaciones tecnológicas
En contraste con su poder misilístico, la aviación iraní presenta limitaciones estructurales. El IISS consigna que buena parte de su flota está compuesta por aeronaves adquiridas antes de 1979 o por modelos posteriores que no alcanzan estándares de quinta generación.
Irán carece de una flota comparable a los sistemas F-35 desplegados por Estados Unidos y aliados regionales. Esta brecha tecnológica es uno de los factores que explican por qué los analistas consideran improbable que Irán pueda sostener una guerra convencional prolongada frente a Washington.
Programa nuclear y capacidad latente
El componente nuclear añade una dimensión adicional al análisis del poder militar iraní. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) informó en reportes oficiales sobre incrementos en la producción de uranio enriquecido a niveles elevados, aunque no certificó la existencia de armas nucleares iraníes. Filtrados a medios y citados por agencias internacionales— confirman aumentos significativos en el stock de uranio enriquecido de Irán:
- Un informe confidencial del OIEA detalló que Irán aumentó su stock de uranio enriquecido hasta el 60%, un nivel cercano al grado armamentístico.
- Otro reporte del OIEA señaló un incremento de 408,6 kg de uranio enriquecido al 60%, expresando “seria preocupación” por la situación, pero sin afirmar que Irán posea armas nucleares.
Por su parte, el Institute for Science and International Security (ISIS), un instituto especializado en proliferación nuclear, evaluó escenarios en los que Irán podría reducir significativamente el tiempo necesario para alcanzar capacidad técnica de fabricación si tomara esa decisión.
Ese concepto de “breakout time” es central en el debate estratégico, ya que no implica posesión actual de un arma, pero sí capacidad potencial de desarrollarla en plazos acotados.
Elaborado por David Albright —fundador y presidente del ISIS y una de las fuentes más citadas globalmente en proliferación nuclear— el reporte analiza cómo, bajo distintas configuraciones del programa de enriquecimiento, Irán podría reducir sustancialmente sus tiempos de ruptura (breakout) si reinstalara centrifugadoras avanzadas y modificara sus inventarios de uranio enriquecido.
El reporte señala que, incluso si se reimpusieran los límites del acuerdo nuclear original (JCPOA), el breakout time actual sería mucho más corto que el de 12 meses previsto originalmente debido a la mejora tecnológica y el aumento de centrifugadoras eficientes.
¿Cuánto pesa realmente el poderío iraní?
El análisis consolidado de fuentes primarias —IISS, CSIS, OIEA, ISIS y datos compilados por Anadolu Agency— permite delinear un perfil:
- Irán posee un ejército numeroso con estructura dual entre fuerzas regulares y Guardia Revolucionaria.
- Su principal herramienta de disuasión es el mayor arsenal misilístico de Medio Oriente.
- Desarrolló una doctrina asimétrica basada en volumen, movilidad y saturación.
- Presenta limitaciones tecnológicas significativas frente a la aviación y la proyección global estadounidense.
Desde la revolución islámica de 1979, la estrategia iraní buscó compensar aislamiento y sanciones con autonomía en misiles y defensa regional. El resultado no es una potencia equiparable a Estados Unidos en términos convencionales, pero sí un actor capaz de elevar considerablemente los costos de cualquier intervención.