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El 3 de noviembre de 2026, Estados Unidos celebrará las elecciones de medio término (midterms), en las que se renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 de las 100 bancas del Senado.

El resultado definirá la composición del Congreso para los dos últimos años del mandato de Donald Trump y qué partido tendrá mayoría en cada cámara.

Un Congreso con una mayoría diferente podría hacerle cuesta arriba la aprobación de nuevas leyes y el financiamiento de algunas de las prioridades del mandatario como defensa, seguridad fronteriza e inmigración.

Dos cámaras, un mismo Congreso

El Congreso de Estados Unidos está integrado por la Cámara de Representantes y el Senado. Las dos deben aprobar una ley federal, aunque la Constitución le asigna a cada una algunas facultades propias.

La diferencia entre ambas cámaras es similar a la que existe en el poder legislativo de nuestro país: mientras la Cámara baja refleja el peso demográfico de cada jurisdicción, el Senado les da una representación igualitaria.

La Cámara de Representantes tiene 435 miembros y sus bancas se distribuyen entre los estados de acuerdo con su población. Cada representante es elegido en un distrito electoral y permanece dos años en el cargo.

El Senado tiene 100 integrantes: dos por cada estado, sin importar cuántos habitantes tenga. Los senadores cumplen mandatos de seis años y las bancas se renuevan de manera escalonada: cada dos años se elige aproximadamente un tercio.

Foto: Shutterstock.

La Cámara se renueva por completo en cada elección de medio término, mientras que el Senado conserva la mayor parte de sus integrantes y solo pone en juego una parte de sus bancas.

Qué hace la Cámara de Representantes

La Cámara debate y vota proyectos de ley, además de trabajar sobre ellos en comisiones, donde las iniciativas pueden ser analizadas y modificadas antes de llegar al recinto.

Tiene una atribución específica en materia de recaudación: los proyectos destinados a generar ingresos para el Gobierno federal deben comenzar en la Cámara de Representantes. El Senado puede modificarlos, pero también debe aprobarlos para que sigan adelante.

La Cámara, además, tiene facultades de control sobre el Poder Ejecutivo: puede investigar a organismos y funcionarios federales, solicitar información y convocar a funcionarios para declarar. Ese control también se extiende a los procesos de juicio político.

Cómo funciona el impeachment

La Cámara de Representantes tiene la facultad exclusiva de iniciar un proceso de impeachment contra funcionarios federales. Para hacerlo, aprueba los artículos de acusación. Si los cargos avanzan, el proceso pasa al Senado, que tiene a su cargo el juicio.

La división de funciones es similar a la del juicio político en Argentina: una cámara formula la acusación y la otra lleva adelante el juicio. En Estados Unidos, la Cámara de Representantes acusa y el Senado juzga. En Argentina, Diputados acusa y el Senado juzga.

Qué hace el Senado

El Senado debate y vota los proyectos de ley que llegan desde la Cámara o que se originan en el propio Senado.

También tiene atribuciones que la Constitución le reserva como la intervención en determinados nombramientos presidenciales. El presidente nomina a jueces federales, integrantes de la Corte Suprema y determinados funcionarios del Gobierno, pero algunos de esos cargos necesitan la aprobación del Senado.

También tiene un papel específico en los tratados internacionales. Para que Estados Unidos preste el consentimiento necesario para ratificar un tratado se requieren dos tercios de los senadores presentes.

En los procesos de impeachment, el Senado recibe los cargos aprobados por la Cámara y realiza el juicio. Para condenar a un funcionario se necesitan dos tercios de los senadores presentes.

Cómo se convierte un proyecto en ley

El recorrido tiene una lógica similar a la del Congreso argentino: una iniciativa debe pasar por las dos cámaras antes de llegar al Poder Ejecutivo.

En Estados Unidos, un proyecto puede comenzar en cualquiera de las dos cámaras, salvo los destinados a recaudar ingresos, que deben originarse en la Cámara de Representantes.

Después de ser aprobado por una cámara, pasa a la otra. Para completar el trámite, las dos deben aprobar exactamente el mismo texto.

Si el Senado introduce cambios en un proyecto que ya aprobó la Cámara, las diferencias deben resolverse antes de que pueda llegar al presidente. Lo mismo ocurre si la Cámara modifica un proyecto que había aprobado el Senado.

Una vez que ambas cámaras acuerdan una misma versión, el proyecto pasa al presidente. Si lo firma, se convierte en ley. También puede vetarlo.

En este punto hay una diferencia importante con Argentina: el Congreso estadounidense puede superar un veto presidencial si ambas cámaras reúnen una mayoría de dos tercios. En Argentina también existe la posibilidad de insistir frente a un veto presidencial con una mayoría de dos tercios en ambas cámaras.

Por eso, controlar una sola cámara no alcanza para aprobar por sí mismo una ley federal.

Qué puede trabarse en la agenda de Trump

La discusión presupuestaria es un ejemplo concreto de lo que puede cambiar después de las midterms. Para 2027, la Casa Blanca pidió US$1,5 billones para defensa y propuso, entre otras partidas, más recursos para el sistema de defensa antimisiles Golden Dome así como fondos para seguridad fronteriza e inmigración que deben ser aprobados por el Congreso.

El Congreso también tendrá que resolver antes del 11 de diciembre de 2026 cómo sigue financiando al Gobierno federal. La ley de asignaciones temporarias aprobada en septiembre mantiene el gasto hasta esa fecha, por lo que después de las elecciones habrá que aprobar una nueva ley de financiamiento o extender la actual.

Ahí también pesará el resultado electoral. Si Trump pierde la mayoría en alguna de las dos cámaras, tendrá que sentarse a negociar el presupuesto con la oposición, que podrá pedir cambios en las partidas o directamente rechazar algunas de las propuestas de la Casa Blanca.