
En un colegio alemán de Villa Ballester había que elegir orientación a los 14 años. Gastón Vega eligió física-matemática porque su padre era ingeniero y a esa edad uno tiende a elegir lo que hizo el padre, así que se pasó seis años de secundaria dando química en alemán con profesores alemanes hasta que se cansó. En el último año tuvo economía, le gustó, y se anotó en Ciencias Económicas de la UBA, donde se recibió de contador público en 1996.
La tecnología no estaba en el plan. Mientras estudiaba trabajó dos años en PwC, en auditoría externa, y después entró por el lado de finanzas a Aventis Crop Science, la empresa que años más tarde absorbería Bayer. Ahí, en 1999, alguien lo asignó full time como key user al proyecto de implementación de SAP. “De ahí no volví al área de finanzas”, dice.
Es una puerta de entrada más común de lo que parece: hay casos de CIO argentinos que son contadores o licenciados en Administración y entraron al mundo IT por un ERP. Lo distinto en Vega es hasta dónde llegó esa puerta. Veintisiete años después, es el único director de tecnología en Fratelli Branca en el mundo.
Diez entidades legales en un mes y medio
Su primer puesto cien por ciento técnico fue en Fresenius Medical Care, la alemana de diálisis, y llegó con una tarea concreta y con apuro: la compañía había comprado una empresa y había que implementar diez entidades legales en SAP en un mes y medio, con todos los módulos de FICO y sin equipo, sin project manager y sin nadie más. Tenía 31 años.
“Me pusieron un bono de anzuelo, pero creo que sin el bono lo iba a hacer igual. Tenía la adrenalina del primer laburo de tecnología a full”, recuerda. Salió bien. Ahí también apareció por primera vez algo que no lo abandonaría más: reportar a un jefe en los Estados Unidos y coordinar proyectos con equipos de Brasil, Colombia y México.
En 2004 entró a Kimberly-Clark y se quedó dieciséis años. La multinacional estaba mudando su centro regional de soporte de IT desde Atlanta a Buenos Aires y Vega fue uno de los dos primeros empleados que contrataron. Junto a Claudia Moya, quien luego fue su jefa durante algunos años y mentora en su carrera, fueron los precursores de un equipo que terminó siendo de más de cien personas.
Los primeros dos años trabajó como consultor de módulos FICO, y después llegó la posición de senior manager de aplicaciones para LATAM: 22 países y el noventa por ciento de los proyectos sobre SAP. De esa etapa sale el trabajo que todavía cuenta como el más difícil de su carrera, aunque el nombre técnico suene inofensivo: el upgrade del ERP a la versión 6.0.
La instancia era una sola y la compartían los 22 países. “Cuando hacés un upgrade, en general te armás un freeze de proyectos para no estar moviendo la película”. No se pudo: durante ese upgrade hubo 15 proyectos en paralelo, entre ellos localización brasilera completa y un WMS descentralizado, lo que obligó a ejecutar todo en el sistema viejo y en el nuevo, en simultáneo. “Fue un caos, y el cutover fue tremendo”, apunta.

Después vino el ascenso a CIO del negocio de Kimberly-Clark, con mudanza a Puerto Madero, reporte regional a los Estados Unidos y línea punteada al vicepresidente de la región sur, con seis países a cargo: la Argentina, Uruguay, Paraguay, Chile, Bolivia y Perú. Con eso pasó a sentarse del lado del negocio.
De esa etapa se lleva una lección de recursos humanos que sigue usando. Kimberly implementó home office en 2007, mucho antes de que existiera la discusión, primero un día por semana, después dos, después tres, y eso ayudó a retener gente cuando llegó la tormenta perfecta del mercado IT argentino, con empresas del exterior pagando en dólares y generaciones más jóvenes con menos apego a las compañías. El resto fue caso por caso: cuando el know-how era muy específico y no había con qué reemplazarlo, había que sacar el puesto de banda y pagar más.
Tras dos años en el grupo Natura, a cargo de la tecnología del negocio de Avon para la Argentina, Chile y Uruguay, Vega entró a Fratelli Branca el 1 de septiembre de 2022.
Una empresa familiar de 1845
Fratelli Branca es una multinacional, que opera en tres países y tiene dueño, el presidente de la compañía, en Italia, pero eso no complica los tiempos de ejecución a la hora de proponer ideas e innovación, según cuenta el entrevistado. “Acá tenemos mucha libertad y los proyectos los hacemos mucho más rápido que en otras multinacionales con procesos y estructuras de aprobaciones más burocráticas y complejas.”
El primer año lo usó para acelerar una transformación digital que recién arrancaba: implementaron CRM (plataforma SAP CX), una herramienta de gestión de campañas de marketing (SAP Emarsys) y SAP Concur para rendición de gastos, todo sobre la suite de SAP y en plazos que en una multi grande hubieran sido impensables.
En paralelo, empujaron el pasaje a la nube, con lo cual hoy queda on premise lo mínimo indispensable. El CMS que desarrollaron con Globant está hosteado en AWS y el ERP corre en la nube de SAP en Alemania, aunque eso está por cambiar: la compañía migra a S/4HANA sobre Microsoft Azure en los Estados Unidos, con salida en vivo prevista para abril de 2027.
La infraestructura local se apoya en un enlace de Cotelcam, la cooperativa de la zona del Parque Industrial de Tortuguitas, más Telefónica; la flota de celulares es Movistar y las laptops, Lenovo. En seguridad informática el foco lo pone el propio dueño, con lo cual las políticas son estrictas: parches permanentes, doble y triple validación diaria, herramientas como ManageEngine. Los usuarios e incluso él mismo reniega cuando le toca validarse tres veces en un mismo día. Pero la seguridad siempre viene primero.
El proyecto más nuevo es de inteligencia artificial, con el proveedor local Rocking Data: agentes aplicados al proceso de ventas y uno para recursos humanos, todavía como prueba de concepto. Vega es deliberadamente cauto.
“Hoy la IA está en la boca de todos, pero muchas personas quieren estar y no saben muy bien qué hacer, y los resultados no son del todo buenos. Por eso empezamos por algo acotado, para ver si realmente nos puede dar un ROI positivo, algo tangible que podamos medir”.
Lo hace con un equipo de cuatro personas de IT en la Argentina y otras tres más en Italia, un help desk donde medio recurso está afectado al proyecto de inteligencia artificial, y una plantilla de consultores externos para SAP, seguridad y business intelligence.
Desde principios de este año, además, la responsabilidad se le duplicó. Italia dejó de tener posición de director de tecnología, el rol quedó en manos de un gerente con perfil operativo y la estrategia global pasó a Vega. “Anteriormente, lo único que compartíamos con Italia era el ERP de SAP, pero cada país tenía su propia dinámica y ámbito de aplicación”, apunta. A partir de la migración a S/4HANA y con la visión estratégica de Gastón para racionalizar aplicaciones, se presentó la oportunidad de emparejar a Italia, que todavía tiene mucho proceso manual. En los Estados Unidos, donde el negocio arrancó hace cinco años y funciona casi como oficina comercial, no hay estructura de IT propia. Pero el roadmap a corto y mediano plazo incluye a este país, ya que está con muy buen crecimiento.
Hay que tener un poco de barrio encima
Jugó al tenis federado, interclubes, desde los seis años hasta los 22, y al paddle llegó en los noventa, durante el primer boom y no el de ahora. Sigue jugando tres veces por semana.
Es hincha y socio vitalicio de Vélez, y uno de sus compañeros habituales de paddle es Ricardo “Ricky” Álvarez, el jugador que jugó en la V y en el Inter de Milán, y que desde 2024 se desempeña como director deportivo del club de Liniers. Vive el fútbol de manera muy visceral, y así también vive la música.
Vega es extremadamente pasional y un hombre sin puntos medios, va del metal pesado, con Judas Priest, Megadeth, Metallica e Iron Maiden a la cabeza, a la electrónica, donde nombra a Boris Brejcha, Hernan Cattaneo y Guy J. No toca ningún instrumento, aunque su padre y su hermano aprendieron de oído y también estudiaron algo. “Fui vago para estudiar música”, admite sin vueltas. Igual va a recitales cuando puede, y a fiestas electrónicas cada tanto, con la salvedad de la edad: ya no aguanta hasta tan tarde.
Vega nació y vivió hasta los 31 años en Villa Ballester, que funcionaba como una colonia alemana con su colegio alemán, su club alemán y su sociedad alemana, y de ahí fue a Villa Urquiza cinco años, a Belgrano otros cinco y a Nordelta los últimos12, aunque al peluquero sigue yendo al de siempre, en Ballester. Sus hijos son tres: Matías, quien nació en Villa Ballester y quien continúa viviendo allí; Pedro, que este año arrancó la facultad, y Delfina, que tiene 15.
Los dos últimos son producto del matrimonio con Carolina Vieyra, “el amor de su vida”, a quien conoció en 2005 cuando ella se incorporó como consultora SAP SD a Kimberly-Clark. Desde ese momento, compartieron el proyecto de implementación de SAP en la región del Caribe y los viajes y tiempo compartido en Puerto Rico fueron el inicio de esta relación que este año celebra los 20 años.













