Buenos Aires cuenta con lugares misteriosos y llenos de historia. Entre ellos, la Casa Mínima, considerada la vivienda más angosta de la Ciudad, llama la atención no solo por su particular arquitectura, sino también por las leyendas que se construyeron a su alrededor.
Ubicada en el pasaje San Lorenzo al 380, en el barrio de San Telmo, esta vivienda tiene apenas 2,50 metros de ancho y 13 metros de profundidad. Su construcción data de la segunda década del siglo XIX y, según una de las hipótesis sobre su origen, habría surgido como un espacio residual tras las sucesivas reformas y divisiones de los terrenos de la manzana.
La fachada es sencilla: cuenta con una puerta de dos hojas con cuarterones pintados de verde y, en la planta alta, un pequeño balcón con barrotes de hierro.
Sin embargo, más allá de su aspecto, la Casa Mínima esconde una historia vinculada con el pasado de la esclavitud en Buenos Aires. Durante mucho tiempo circuló la versión de que este tipo de viviendas eran destinadas a esclavos libertos, a quienes sus antiguos amos les cedían pequeñas porciones de terreno para construir sus hogares junto a las propiedades principales.
La Casa Mínima de San Telmo y la leyenda del esclavo liberto
La vivienda también es conocida por una leyenda que sostiene que allí habría vivido un esclavo liberto al que su amo le habría donado el terreno para que pudiera construir su casa.
Según esta versión, el hombre habría sido esclavo de Justo José de Urquiza y habría recibido la propiedad en 1813. Por ese motivo, durante años, la construcción fue conocida entre los porteños como la Casa del Esclavo Liberto.
Para comprender el contexto de esta historia, es necesario remontarse a las primeras medidas que buscaron poner fin a la esclavitud en el territorio argentino.
El 25 de mayo de 1812, el Triunvirato dispuso la prohibición del comercio de esclavos. Meses después, el 31 de enero de 1813, la Asamblea General Constituyente aprobó la Ley de Libertad de Vientres, que estableció que los hijos de mujeres esclavizadas nacidos a partir de esa fecha serían libres.
La abolición de la esclavitud llegó con la Constitución Nacional de 1853, aunque su aplicación en Buenos Aires se concretó posteriormente, tras la reforma constitucional de 1860 y la incorporación de la provincia al orden constitucional nacional.
En ese contexto, muchas personas que obtenían la libertad debían encontrar un lugar donde vivir. De acuerdo con una práctica que se menciona en las historias sobre la época, algunos antiguos amos les permitían ocupar pequeñas parcelas de sus propiedades para levantar sus viviendas. En ciertos casos, esos terrenos volvían a manos de los propietarios originales tras la muerte de sus ocupantes.