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Vivas donde vivas, es muy probable que convivas a diario con el sonido de las cotorras (Myiopsitta monachus). Lejos de ser un canto melodioso, su sonido es una serie de llamados potentes y repetitivos. Sin embargo, su presencia no es producto del azar.
Las cotorras son especies sinantrópicas, un término científico que hace referencia a la fauna silvestre que ha aprendido a prosperar en entornos modificados por el humano. Si las escuchás a diario, te están dando un diagnóstico sobre el lugar donde vivís.
¿Por qué las cotorras arman tanto escándalo durante el día?
A diferencia de los pájaros cantores, las cotorras son aves altamente gregarias. Esto significa que viven, viajan y duermen en grandes bandadas. El ruido que escuchás no es casualidad, cumple funciones vitales:
- Coordinación grupal: las usan para no perderse mientras se desplazan en busca de alimento.
- Sistema de alerta: emiten gritos agudos al divisar algún depredador (como gavilanes o lechuzas) para avisar al resto del grupo.
- Delimitación territorial: sirve para marcar posición frente a otras especies.
- Vínculo social: son aves de alta inteligencia emocional, el canto funciona como un saludo constante y reforzador de los lazos de la bandada.
¿Es una buena señal escucharlas cerca de casa?
Si tenés una colonia cerca —las vas a reconocer porque suelen armar nidos comunales gigantes de ramas en árboles altos, plazas o incluso en columnas de alumbrado—, es porque tu barrio ofrece las condiciones ideales de supervivencia.
La presencia de cotorras indica tres factores fundamentales sobre tu entorno:
- Disponibilidad de alimento: necesitan un entorno rico en semillas, frutos y brotes. Su abundancia demuestra que hay una red botánica activa.
- Clima templado: se encuentran comodísimas en zonas urbanas que mitigan las temperaturas extremas.
- Resiliencia ecosistémica: que las aves se reproduzcan activamente dentro de la ciudad indica que el ecosistema urbano todavía es capaz de sostener la vida silvestre, a pesar del asfalto y el hormigón.
El paisaje sonoro: cómo nos afecta su presencia
Es común que el sonido de las cotorras genere sensaciones encontradas. Mientras que a muchas personas el ruido constante les resulta molesto, desde el punto de vista psicológico, la bioacústica sugiere otra mirada.
Escuchar actividad de fauna en la ciudad nos conecta de forma inconsciente con el dinamismo del mundo natural. En medio del ruido de motores, bocinas y el ritmo acelerado, el sonido de las cotorras funciona como un recordatorio de que el ecosistema de tu barrio está vivo, latiendo y moviéndose a tu alrededor, recordándonos que incluso en las grandes ciudades, la naturaleza siempre encuentra la forma de reclamar su espacio.