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Durante gran parte de la historia moderna, las aves quedaron relegadas a un lugar secundario en el estudio del comportamiento animal. La premisa sobre cómo podría surgir un pensamiento complejo de un cerebro del tamaño de una nuez limitaba el interés por estudiarlos.

Sin embargo, esa mirada comenzó a desmoronarse a medida que la investigación científica avanzó con mayor profundidad y metodología.

Hoy, hay evidencia que muestra que las aves no solo poseen capacidades cognitivas sofisticadas, sino que, en muchos casos, rivalizan con mamíferos considerados altamente inteligentes. La explicación radica en la extraordinaria densidad neuronal de sus cerebros, capaces de maximizar funciones en un espacio mínimo.

La inteligencia aviar, un concepto en expansión

Expertos como Kevin McGowan, del Laboratorio de Ornitología de Cornell, sostienen que hemos acotado el concepto de inteligencia a parámetros demasiado humanos. La orientación espacial, por ejemplo —esa capacidad de algunas especies para volar miles de kilómetros, regresar al mismo punto y aterrizar en el mismo bosque— rara vez se reconoce como un rasgo cognitivo avanzado, aunque lo es.

Para McGowan, cuando se habla de inteligencia “estándar”, las aves que dominan la conversación son dos grandes familias: psitaciformes (loros y cacatúas) y córvidos (cuervos, cornejas, urracas). Ambas rompieron las barreras del prejuicio científico con habilidades que parecían exclusivas del ser humano o de primates superiores.

Fuente: Freepik

Cuervos: estrategas, memoriosos y expertos en herramientas

Los estudios sobre cuervos grandes (Corvus corax) revelan conductas de planificación sofisticada. En 2017, un experimento publicado en Science mostró que estas aves podían usar herramientas para obtener comida, recordar ese uso y repetirlo con éxito casi un día después. Este tipo de aprendizaje diferido era, hasta entonces, asociado únicamente a humanos y primates.

Cornejas: la memoria facial como arma evolutiva

Otras aves de la familia, como las cornejas, destacan por su capacidad para reconocer rostros humanos. Recuerdan a quienes representan una amenaza y adaptan su comportamiento en función de interacciones previas. En algunos entornos urbanos, llegan incluso a identificar autos o siluetas específicas, un tipo de memoria social que evidencia un nivel de procesamiento notable.

Loros: lenguaje, conceptos abstractos y aprendizaje prolongado

Los loros grises africanos representan otro hito en la comprensión de la inteligencia aviar. Los trabajos iniciados por Irene Pepperberg demostraron que estas aves pueden aprender palabras, usarlas en contexto e incluso comprender conceptos complejos como igualdad, diferencia o la noción de “cero”.

Su longevidad favorece un aprendizaje acumulativo que se manifiesta en comportamientos sorprendentes.

Cacatúas: creatividad musical y sentido del ritmo

Las cacatúas enlutadas de Australia han sido registradas fabricando y utilizando herramientas con fines musicales durante rituales de cortejo. Cada individuo desarrolla un estilo propio, con ritmos y patrones que revelan intencionalidad. Y casos como el de Snowball, la cacatúa sulfurada famosa en internet, confirmaron que estas aves pueden seguir y adaptar el ritmo musical, algo inusual incluso entre mamíferos.

Los avances científicos del siglo XXI obligan a romper con viejos prejuicios. Las aves, lejos de ser simples, exhiben capacidades cognitivas que abarcan desde la planificación y el uso de herramientas hasta la memoria social, el entendimiento simbólico y la creatividad. El desafío para la ciencia —y para nuestra percepción como sociedad— es ampliar la definición de inteligencia y reconocer que, en muchos casos, habíamos subestimado a estos extraordinarios animales.