

El filósofo alemán Jürgen Habermas falleció este sábado a los 96 años, según confirmó a la agencia EFE su editorial en Alemania, Suhrkamp.
“Puedo confirmarle que Jürgen Habermas ha muerto hoy. De esto ha informado la familia. Ha muerto en su casa”, señalaron a EFE desde Suhrkamp.
La televisión pública ARD indicó que el autor de ‘Teoría de la Acción Comunicativa’ falleció en la ciudad alemana de Starnberg, en el sur de Alemania.
A Habermas se le recuerda, sobre todo, por sus vínculos con la ciudad de Fráncfort, en el oeste alemán, donde hizo carrera como pensador e investigador social.
Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2003, formó parte de la llamada segunda generación de la Escuela de Fráncfort, centro de investigación donde fue asistente de Theodor W. Adorno, otro de los grandes pensadores germanos del siglo pasado.
Habermas también impartió clases de filosofía en la Johann Wolfgang Goethe Universidad de Fráncfort.
Timon Gremmels, ministro de Ciencia del estado federado de Hesse, donde se encuentra Fráncfort, lamentó que con su fallecimiento Alemania pierda “a uno de los filósofos y teóricos sociales más destacados de nuestro tiempo”.
“Su pensamiento ha marcado de manera decisiva la Teoría Crítica de la Escuela de Fráncfort y ha sentado las bases a nivel mundial para el análisis de la democracia, la esfera pública y la razón social”, subrayó.

Entre la academia y el debate público
A Habermas se le han atribuido las más diversas etiquetas de identificación. Para unos, fue la eminencia gris de la revuelta del 68 en Alemania; para otros, es el último representante de la llamada Escuela de Fráncfort, y para todos uno de los filósofos cuya influencia ha rebasado los límites del mundo académico.
Su formación fue inicialmente ante todo filosófica -se doctoró en Bonn en 1954 con un trabajado sobre la teoría de las edades del mundo de Friedrich Schelling- pero muy pronto empezó a ocuparse de otras disciplinas.
“Pertenezco a una clase de filósofos que también se han ocupado de la sociología y nunca se han tomado muy en serio las fronteras entre las distintas disciplinas”, dijo Habermas en una entrevista con EFE cuando recibió el Príncipe de Asturias.
En 1956 Theodor W. Adorno le invitó a trabajar en el legendario Institut für Soziale Forschung (Instituto de Investigaciones Sociales), que acababa de refundar tras su cierre forzoso durante la época nazi.
Al lado de su actividad académica Habermas empezó a participar pronto en discusiones públicas, sobre todo en los años del movimiento estudiantil, cuyos representantes quisieron verlo al comienzo como uno de los suyos y luego se decepcionaron.
Hay un episodio legendario en el que Habermas acusó al líder estudiantil Rudi Dutschke de abrirle las puertas a un “fascismo de izquierdas” en medio de un debate en 1967, criticando el radicalismo y la justificación de la violencia.

Patriotismo constitucional y otros conceptos
En todas sus estaciones -varias veces Fráncfort, Marburgo y Heidelberg, entre otras- Habermas acuñó conceptos que se convirtieron rápidamente en moneda corriente en las discusiones de actualidad.
Así, por ejemplo, cuando Alemania, marcada por la tragedia del nazismo, no encontraba forma clara de definir una identidad nacional, Habermas se inventó el concepto de “patriotismo constitucional”.
Años más tarde, cuando en 1989 la movilización popular en la extinta República Democrática Alemana (RDA) terminaría llevando a la caída del Muro de Berlín y la reunificación de Alemania, Habermas calificó lo ocurrido en el país como éxito de la “revolución recuperadora”.
El concepto apuntaba a la idea de que en Alemania históricamente las grandes transformaciones habían sido impuestas desde arriba y que no se había vivido nunca la experiencia de una revolución triunfante. Con el movimiento ciudadano de la RDA, por primera vez, los alemanes lograban tomar su destino en sus manos, al menos en un primer momento.
Domesticar el capitalismo
Casi veinte años después, viene la crisis financiera internacional y Habermas entonces repasa la repercusiones negativas de las transformaciones que se vivieron en Europa oriental en 1989.
Tras la disolución del bloque soviético -explicó Habermas al semanario ‘Die Zeit’- el mundo occidental cayó en una euforia triunfalista peligrosa y se lanzó a defender un credo neoliberal por el que ahora paga las consecuencias.
De lo que se trataba, advirtió Habermas, no es de una superación del capitalismo, como pretendía el marxismo tradicional, sino de una domesticación del mismo. En todo caso, añadió, desde 1989 no hay un horizonte posible fuera del universo del capitalismo y ya en los años 50 esa era la situación para la izquierda ilustrada europea.
Habermas también se ha ocupado, sobre todo a partir del 11 de septiembre de 2001, de la filosofía de la religión y ha hablado -acuñando así un nuevo concepto que ha sido recogido por muchos- de una época postsecular.
Sus obras de juventud, ante todo ‘Teoría de la acción comunicativa’ y ‘Conocimiento e Interés’, siguen leyéndose y estudiándose. Y a ellas han seguido permanentemente estudios y ensayos en los que hay una aproximación constante al mundo actual desde la tradición filosófica alemana.
Su última obra de largo aliento -en dos tomos- fue ‘También una historia de la filosofía’. En esa obra, que tiene como subtítulo ‘La constelación occidental de fe y conocimiento’, analizó el proceso de secularización y los límites del mismo.
Detrás de toda su obra académica -y también de parte de su obra ensayística- late como una constante el tema de la comunicación.













