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Dormir unos minutos después del almuerzo puede parecer un lujo, pero la ciencia sostiene que una siesta breve puede mejorar la concentración, el rendimiento mental e incluso beneficiar la salud cardiovascular. Sin embargo, no cualquier descanso sirve: la duración y el horario son claves para que realmente tenga efectos positivos.

En ese contexto, y en el marco del Día de la Siesta, que se celebró ayer, el cardiólogo Dr. Mario Boskis (MN 74002), especialista en longevidad saludable y miembro titular de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC), explicó a El Cronista cuáles son las condiciones para que este hábito sea beneficioso y cuándo puede volverse contraproducente.

¿Cuánto debe durar la siesta para que sea saludable?

Según Boskis, la evidencia científica indica que una “siesta energética”, es decir, la que mejora el estado de alerta y el rendimiento cognitivo, no debería superar los 40 minutos.

Cuando el descanso se extiende más allá de ese límite, el cuerpo puede entrar en fases más profundas del sueño. En esos casos, al despertar es frecuente experimentar aturdimiento o somnolencia transitoria, un fenómeno conocido como inercia del sueño.

Por eso, el especialista recomienda mantener las siestas breves y controladas, para evitar ese efecto contrario al esperado.

El mejor horario para dormir la siesta

El momento del día también influye en los beneficios del descanso. El organismo humano funciona con un reloj biológico interno llamado ciclo circadiano, que regula los períodos de sueño y vigilia.

Los estudios muestran que dormir una siesta entre las 13 y las 15 horas coincide con un descenso natural de ese ciclo, por lo que el cuerpo está fisiológicamente más preparado para descansar.

En esa franja horaria es cuando el descanso suele resultar más reparador y efectivo.

Qué beneficios puede tener para el corazón

Más allá del descanso mental, algunos trabajos científicos también analizaron el impacto de la siesta en la salud cardiovascular.

Según explicó Boskis, estudios prospectivos con seguimientos de hasta cinco años encontraron que quienes duermen siesta pueden presentar menor riesgo de sufrir eventos cardiovasculares, como infarto de miocardio, accidente cerebrovascular o insuficiencia cardíaca.

Entre los mecanismos que podrían explicar estos efectos se mencionan la reducción de la inflamación vascular y del estrés oxidativo, dos factores asociados al desarrollo de aterosclerosis y a la inestabilidad de las placas arteriales.

¿Conviene dormir siesta todos los días?

La frecuencia también importa. De acuerdo con el especialista, los beneficios se observaron principalmente en personas que duermen siesta entre una y tres veces por semana.

En algunos estudios, esos efectos positivos desaparecen cuando el hábito se vuelve diario. Por eso, la recomendación es que la siesta funcione como complemento del descanso nocturno, pero nunca como reemplazo.

Dormir siestas prolongadas o muy frecuentes puede tener el efecto contrario al buscado. Según distintos estudios, las siestas largas se han asociado con mayor riesgo cardiovascular, diabetes e incluso obesidad. Es decir, más descanso no siempre significa más beneficios.

Quiénes deberían evitar dormir siesta

No todas las personas obtienen ventajas de este hábito. Boskis advierte que quienes padecen insomnio crónico, dificultades para iniciar el sueño o apnea del sueño no tratada deberían consultar con un médico antes de incorporar siestas a su rutina.

Lo mismo ocurre con adultos mayores con factores de riesgo no controlados o con enfermedad cardiovascular activa, ya que los hábitos de descanso deben ser evaluados de forma personalizada.

El especialista remarca que la prioridad siempre debe ser garantizar un sueño nocturno reparador. Cuando una persona necesita dormir siesta todos los días para poder funcionar, podría tratarse de una señal de alerta sobre la calidad del descanso nocturno.