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No importa dónde vivas, es muy probable que convivas a diario con el sonido de las cotorras (Myiopsitta monachus). Lejos de ser un canto melodioso, su sonido es una serie de llamados potentes y repetitivos. Sin embargo, su presencia no es producto del azar.

Las cotorras son especies sinantrópicas, un término científico que hace referencia a la fauna silvestre que ha aprendido a prosperar en entornos modificados por el humano. Si las escuchás a diario, te están dando un diagnóstico sobre el lugar donde vivís.

¿Por qué las cotorras arman tanto escándalo durante el día?

A diferencia de los pájaros cantores, las cotorras son aves altamente gregarias. Esto significa que viven, viajan y duermen en grandes bandadas. El ruido que escuchás no es casualidad, cumple funciones vitales:

  • Coordinación grupal: las usan para no perderse mientras se desplazan en busca de alimento.
  • Sistema de alerta: emiten gritos agudos al divisar algún depredador (como gavilanes o lechuzas) para avisar al resto del grupo.
  • Delimitación territorial: sirve para marcar posición frente a otras especies.
  • Vínculo social: son aves de alta inteligencia emocional, el canto funciona como un saludo constante y reforzador de los lazos de la bandada.
Con frecuencia, su canto estridente divide las aguas: están quienes lo aman y quienes lo sufren (Fuente: Archivo).

¿Es una buena señal escucharlas cerca de casa?

Si tenés una colonia cerca —las vas a reconocer porque suelen armar nidos comunales gigantes de ramas en árboles altos, plazas o incluso en columnas de alumbrado—, es porque tu barrio ofrece las condiciones ideales de supervivencia.

La presencia de cotorras indica tres factores fundamentales sobre tu entorno:

  1. Disponibilidad de alimento: necesitan un entorno rico en semillas, frutos y brotes. Su abundancia demuestra que hay una red botánica activa.
  2. Clima templado: se encuentran comodísimas en zonas urbanas que mitigan las temperaturas extremas.
  3. Resiliencia ecosistémica: que las aves se reproduzcan activamente dentro de la ciudad indica que el ecosistema urbano todavía es capaz de sostener la vida silvestre, a pesar del asfalto y el hormigón.

El paisaje sonoro: cómo nos afecta su presencia

Es común que el sonido de las cotorras genere sensaciones encontradas. Mientras que a muchas personas el ruido constante les resulta molesto, desde el punto de vista psicológico, la bioacústica sugiere otra mirada.

(Fuente: Pixabay)

Escuchar actividad de fauna en la ciudad nos conecta de forma inconsciente con el dinamismo del mundo natural. En medio del ruido de motores, bocinas y el ritmo acelerado, el sonido de las cotorras funciona como un recordatorio de que el ecosistema de tu barrio está vivo, latiendo y moviéndose a tu alrededor, recordándonos que incluso en las grandes ciudades, la naturaleza siempre encuentra la forma de reclamar su espacio.