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Un descubrimiento sorprendió a la comunidad científica internacional tras revelar el ámbar más antiguo jamás hallado en la Tierra.

La pieza tiene una antigüedad estimada de 385 millones de años, por lo que se formó mucho antes de la aparición de los dinosaurios y ofrece una ventana única para comprender cómo era el planeta en una etapa temprana de su historia.

El hallazgo, realizado en China, cambia por completo lo que sabía sobre el origen de la resina de los árboles y abre una nueva ventana para comprender cómo evolucionaron las primeras plantas terrestres.

Los resultados fueron publicados en Sciencia Advances y muestran que este material comenzó a formarse unos 65 millones de años antes de lo que estimaban los científicos.

Por qué este ámbar de 385 millones de años cambia todo lo que sabía sobre la historia de la Tierra

Hasta ahora, la evidencia científica indicaba que la producción de resina había surgido mucho después de la aparición de los primeros bosques del planeta. Sin embargo, el hallazgo de diminutos fragmentos de ámbar en la Formación Hujiersite, ubicada en China, obligó a revisar esa teoría.

Los restos fueron datados en aproximadamente 385 millones de años durante el período Devónica Medio, una etapa en la que la vida terrestre todavía estaba dando sus primeros grandes pasos y faltaban millones de años para la aparición de los dinosaurios.

Aunque los fragmentos son extremadamente pequeños —el mayor apenas alcanza 1,5 milímetros—, contienen una enorme cantidad de información sobre los ecosistemas primitivos.

Para analizarlos, los investigadores recurrieron a técnicas avanzadas como la espectroscopía infrarroja y la cromatografía de gases. Los resultados mostraron que la composición química del material es sorprendentemente similar a la del ámbar producido actualmente por algunas coníferas.

Este dato demuestra que los mecanismos biológicos necesarios para fabricar resina ya existían cientos de millones de años antes de lo que se creía.

Descubren el ámbar más antiguo de la Tierra: tiene 385 millones de años y reescribe la historia de la evolución de las plantas. Fuente: ShutterstockFuente: ShutterstockShutterstock

La increíble función que tuvo la resina para que los primeros bosques sobrevivieron

Lejos de ser únicamente una sustancia pegajosa que termina convirtiéndose en ámbar con el paso del tiempo, la resina representa uno de los sistemas de defensa más sofisticados desarrollados por las plantas.

Su producción requiere la síntesis de moléculas orgánicas complejas llamadas terpenoides, además de estructuras especializadas capaces de secretarlas cuando la planta resulta dañada.

En la actualidad, la resina cumple funciones esenciales:

  • Sella heridas provocadas por roturas o ataques.
  • Protege frente a hongos, bacterias y otros patógenos.
  • Actúa como barrera contra insectos.
  • Reduce los daños ocasionados por incendios y otros factores ambientales.

Los investigadores creen que estas mismas funciones pudieron haber sido determinantes hace cientos de millones de años, cuando los primeros bosques comenzaban a expandirse sobre los continentes.

Gracias a esta defensa natural, aquellas plantas habrían aumentado considerablemente sus posibilidades de supervivencia en un planeta que todavía presentaba condiciones extremadamente hostiles.

Cómo encontraron el ámbar más antiguo del planeta

El descubrimiento fue liderado por el investigador Cihang Luo, del Instituto de Geología y Paleontología de Nanjing, junto con un equipo internacional integrado por doce especialistas.

Los fragmentos aparecieron incrustados en pequeños restos de carbón vegetal, lo que permitió su excelente conservación durante cientos de millones de años.

Según explican los autores del estudio, la aparición de la resina pudo haber sido una innovación evolutiva decisiva durante la transición entre los períodos Devónico y Carbonífero.

Esa capacidad habría permitido que las primeras plantas soportaran mejor enfermedades, incendios, lesiones y el ataque de organismos que comenzaban a colonizar la superficie terrestre.

Además de modificar el conocimiento sobre el origen del ámbar, el hallazgo ofrece nuevas pistas para reconstruir cómo evolucionaron los primeros ecosistemas del planeta y cómo surgieron los grandes bosques que, millones de años después, transformarían la atmósfera terrestre y harían posible la aparición de formas de vida mucho más complejas.

Este descubrimiento no solo adelanta en 65 millones de años el origen conocido del ámbar, sino que también demuestra que las plantas desarrollaron sofisticados mecanismos de defensa mucho antes de la llegada de los dinosaurios, reescribiendo uno de los capítulos más antiguos de la historia de la Tierra.