Un equipo internacional de científicos confirmó que un submarino nuclear soviético hundido desde finales de los años 80 continúa liberando material radiactivo en el fondo del océano. El hallazgo reactivó las alertas sobre uno de los restos militares más sensibles de la Guerra Fría, ubicado a casi 1.700 metros de profundidad en el mar de Noruega.
Se trata del K-278 Komsomolets, un submarino nuclear de la Unión Soviética que se hundió en 1989 tras sufrir un incendio a bordo. Más de tres décadas después, especialistas detectaron nuevas filtraciones provenientes del área del reactor.
El estudio fue publicado en la revista científica PNAS y concluyó que el casco sigue liberando radionúclidos debido al deterioro progresivo del combustible nuclear que permanece dentro de la nave.
Qué encontraron los investigadores
Las nuevas investigaciones fueron realizadas por organismos noruegos especializados en seguridad radiológica y monitoreo marino.
Durante expediciones submarinas realizadas con vehículos operados a distancia, los científicos observaron emisiones activas saliendo desde una tubería de ventilación y otras estructuras cercanas al reactor.
Además, las muestras tomadas en el agua y los sedimentos confirmaron niveles elevados de radionúclidos asociados al combustible nuclear soviético.
El submarino que quedó atrapado en el fondo del mar
El K-278 Komsomolets era una pieza única dentro de la flota soviética.
La URSS construyó un solo submarino de este tipo, diseñado con un doble casco de titanio que le permitía alcanzar profundidades extremas para la época.
El accidente ocurrió el 7 de abril de 1989, cuando un incendio descontrolado provocó graves daños en la embarcación.
De los 69 tripulantes, solo 27 sobrevivieron.
Tras hundirse, el submarino quedó apoyado sobre el lecho marino con:
- Un reactor nuclear averiado.
- Dos armas nucleares en su interior.
- Sectores parcialmente dañados por el accidente.
Qué pasó después del hundimiento
Durante años, expediciones soviéticas y rusas descendieron hasta el submarino para intentar contener posibles filtraciones.
En la década del 90, las autoridades sellaron sectores sensibles del compartimiento de torpedos utilizando tapones y placas de titanio para evitar que el agua entrara en contacto con el material nuclear.
Según los nuevos estudios, esos refuerzos todavía funcionan correctamente.
Qué riesgo representa la fuga radiactiva
A pesar de las emisiones detectadas, los científicos remarcaron que no encontraron evidencias de impacto significativo sobre la fauna marina cercana.
Esto se debe a que el material radiactivo se diluye rápidamente en el agua del océano.
Sin embargo, los investigadores reconocieron que el combustible nuclear continúa degradándose lentamente dentro del submarino y que todavía existen interrogantes sobre cómo evolucionarán las filtraciones en el futuro.
Los organismos noruegos anunciaron que continuarán vigilando la zona y planean nuevas expediciones submarinas para estudiar el comportamiento de las fugas.
El objetivo es entender por qué las emisiones varían con el tiempo y determinar cómo evoluciona el deterioro interno de este histórico submarino soviético, convertido hoy en uno de los restos nucleares más delicados del fondo marino europeo.