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Favaloro: la ciencia y el compromiso social

"Al cumplirse el Bicentenario de la Independencia, es tiempo de reflexionar y poner en marcha sus convicciones para que, de una vez por todas, logremos ser ese país justo que él y tantos otros próceres soñaron", afirma el autor.

Favaloro: la ciencia y el compromiso social

Cada vez que estoy dando una conferencia para los auditorios más diversos en cualquier rincón de nuestro país, al nombrar al doctor René G. Favaloro, el público empieza a aplaudir fervientemente, con emoción, con gratitud. ¿Por qué sucede? Porque fue un hombre que se brindó a la tarea médica y científica de manera rigurosa, con inmenso esfuerzo y talento ligado a lo específico, pero también con liderazgo, compromiso social y una apuesta constante por su país.

Como siempre ocurre en las biografías de los grandes hombres, algunos hitos y palabras condensan la vastedad de vida y obra. En Favaloro, uno de estos hitos se origina cuando, luego de graduarse como médico, decide organizar un centro asistencial con quirófano en Jacinto Aráuz, un pequeño pueblo de la provincia de La Pampa. Las tareas desarrolladas desde allí lograron reducir notablemente la tasa de mortalidad infantil. Asimismo mejoró el nivel social y educacional de la zona. Es en ese punto exacto en donde, como una síntesis de su vida, confluyen la medicina, la ciencia, la educación y el compromiso social. Así lo dijo él mismo: "… mediante una planificación ordenada, con decisión y tremendo esfuerzo, pudieron realizarse cambios a nivel comunitario que hoy, luego de muchos años, siguen teniendo en mí una vivencia real y cercana quizá porque representan la parte más importante de mi vida, la que ha dejado a través de profunda convivencia huellas que son imborrables en el fondo de mi alma".

 

 

Después de varios años ejerciendo, viajó a los Estados Unidos para perfeccionarse y fue allí que logró revolucionar el campo de la cardiología mundial al realizar la primera cirugía de bypass aortocoronario. Seguramente habrá tenido posibilidades, ofertas y comodidades para quedarse, pero volvió a su país, el nuestro. Y acá, convencido de que sin investigación no era posible el progreso de los conocimientos, decidió formar un equipo de docencia e investigación que sentó las bases de lo que sería la Fundación Favaloro y, más tarde, la Universidad Favaloro, de la que hoy tengo el honor de ser su rector.

Estaba convencido de que la educación es el principal programa contra la desigualdad social y que la prosperidad de un país no se consigue en forma azarosa o individual, sino a través del trabajo y esfuerzo colectivo. Insistía en su proclama por una educación con profundos valores humanistas, formadora de hombres y mujeres libres que entiendan que su libertad individual conlleva el compromiso social de perseguir una sociedad justa. Así lo expresaba: "Es necesario insistir una vez más que si no estamos dispuestos a comprometernos -principalmente los universitarios- a luchar por los cambios estructurales que nuestro país y toda Latinoamérica demanda -principalmente en educación y salud- seguiremos siendo testigos de esta sociedad injusta donde parece que el tener y el poder son las aspiraciones máximas".

En estos días, al cumplirse el Bicentenario de la Independencia de la Patria, es tiempo de reflexionar y poner en marcha sus convicciones para que, de una vez por todas, logremos ser ese país justo que Favaloro y tantos otros próceres soñaron. Es necesario y posible. Es ese deseo el que se manifiesta en cada ciudad y en cada pueblo de nuestro país cuando digo "Favaloro".