Hace 91 años, en la Argentina nacía el primer largometraje de animación de la historia del cine. Escrita y producida por el italiano Quirino Cristiani, “El Apóstol fue una sátira política muda, en blanco y negro, que retrataba a Hipólito Yrigoyen, el entonces presidente. Fiel a una costumbre de la época, el celuloide en el que fue impresa la película se utilizó más tarde para hacer peines y en la actualidad se conservan sólo un par de imágenes de la emblemática obra. No obstante la ignorancia del destino, hasta el mismo Walt Disney fue consciente y admirador de esta creación.
Hoy, bastante alejada de las figuritas de cartón que el mismo Cristiani debía recortar y fotografiar en el luminoso balcón de su casa para montarlas en pequeñas escenografías de cartulina, la industria de la animación local comienza a ser otra vez reconocida mundialmente.
Esta vez, signada por la tecnología de punta, con producciones en 3D, anuncios publicitarios y personajes animados que son vistos a diario por millones de televidentes, en numerosos países del primer mundo. Pero este despegue recién comienza: los elevados costos de producción, la constante necesidad de invertir en nueva tecnología y la escasez de jóvenes talentos locales hacen que el carreteo hacia la competitividad sea largo y pesado.
"Hay dos carencias fundamentales que el sector viene padeciendo desde hace años , precisa Rosanna Manfredi, presidenta de Encuadre S.A., reconocida en Latinoamérica Olocooms, serie animada en 3D para Bimbo México y que ya lleva cuatro temporadas. “Por un lado, la falta de carreras universitarias especializadas, comparables con las de Canadá o Francia, y, por otro, la notable escasez de alianzas de coproducción. La política del país está muy atrasada comparada con la de otros, incluso de la región .
La productora propone la disposición de “espacios en la televisión, que permitan una demanda sostenida de productos animados, cortos, series nacionales, que le harían bien a los niños para no perder el lenguaje".
La continuidad de trabajo para poder "sostener" a la gente, que se fue formando dentro de los estudios, es para María Laure Moure, productora ejecutiva de animación de Patagonik, otra de las dificultades que atraviesa el sector: "En la Argentina hubo 20 años donde no se formó gente en esta especialidad y hoy es muy complejo encontrar artistas y técnicos suficientes para encarar nuevas producciones".
De exportación
Mientras que las películas de Hollywood, como “Toy Story , “Monsters Inc. o “Shrek , cuentan con presupuestos de u$s 100 millones y más, las compañías argentinas hacen festines si logran reunir tres o cuatro millones para sus proyectos. Sin embargo, hay un punto que mantiene viva la esperanza y que, según los especialistas, no varía de un continente a otro. Se trata de la osada creatividad de los profesionales argentinos.
Esta, sumada al beneficioso cambio de la moneda pos crisis 2001, hace que la mirada de grandes estudios internacionales se fije constantemente en el país, como hasta hace poco lo hacían sólo frente a Asia, el principal competidor de la Argentina. “Nuestros artistas son más desinhibidos, desestructurados, audaces. Se permiten más y naturalmente resultan más originales y frescos. Por eso sorprenden. Mientras, el empresario es creativo por naturaleza ya que está acostumbrado a sobrellevar crisis económicas permanentes; esto hace que agudice el ingenio y consiga muchos resultados con pocos recursos", describe Manfredi.
La gente de Hook Up, por ejemplo, desde sus comienzos, en 2001, se propuso trabajar para clientes extranjeros "por una razón muy simple", según explica uno de los socios, José María Ferrucci: "La realización de dibujos animados en el país estuvo siempre ligada a los vaivenes económicos, por eso pensamos que si queríamos perdurar debíamos ofrecer nuestros servicios a mercados más estables. Como no podíamos ofrecer cantidad, procuramos dar calidad". Y su primera oportunidad para afianzarse no fue menor. Presentaron un proyecto de cinco cortos animados a la oficina local de Disney. Esta compró y Hook Up es hoy uno de sus proveedores estables. Ahora la compañía también produce para Cartoon Network Latinoamérica y, junto al Instituto Educativo Image Campus, desarrolló la primera carrera terciaria de Realizador Integral de Dibujos Animados, que se dicta desde 2006.
"El fuerte crecimiento de la actividad generó que la demanda superara a la oferta de mano de obra y a esto se le sumó la falta de espacios de formación", advierte Ferrucci, quien asegura que "el costo más grande de cualquier producción es el capital humano, posiblemente el 90% del total", por tratarse de personal especializado. La tecnología es importante, rescata, pero no deja de ser una herramienta del talento artístico: "Podemos tener los mejores recursos técnicos, pero si detrás no hay un artista talentoso de nada nos servirá. Por el contrario, alguien capaz puede lograr productos muy interesantes con pocas herramientas".
Manfredi sostiene la misma hipótesis: "Hoy la tecnología está más o menos al alcance de cualquier productora. Lo que las hace diferentes es la experiencia de la empresa en el mercado y los sistemas de producción. En el producto final pesa mucho el capital humano con el que contamos. Como la calidad se construye todos los días, la motivación tiene que ser constante". Y la inversión también debe ser diaria: "Los insumos son en dólares y generalmente el software que usamos oscila entre los u$s 7.000 y los u$s 12.000. Es quizás el mismo que usa una productora de Estados Unidos, líder del mercado, pero con un presupuesto diez veces mayor", señala Ferrucci. Si bien hay quienes trabajan con software libres, en Hook Up, por ejemplo, emplean programas específicos de animación, como el Opus de Toon Boom (canadiense) y el Maya de Autodesk para los trabajos en 3D. Siguen vigentes el Flash y el After Effects.
Temáticas universales
Patagonik es de las firmas que desde un primer momento apostó fuerte al ámbito local con las complicaciones que esto significa. Comenzó en 1997 generando productos nacionales, como las series de Dibu, de acotadas temáticas sobre Argentina y a las que más tarde vio muy difícil de insertar o vender en el mercado internacional. "Tal es el caso de Patoruzito 1", reconoce Moure. "Decidimos girar el rumbo y centrar objetivos en la búsqueda de temáticas internacionales. Asíse dieron largometrajes como El Ratón Pérez y El Arca, y a partir de ellas nos empezaron a buscar de afuera como alternativa para tercerizar", comenta y asegura que ya realizaron tareas de servicios de producción para Filmax, de España, y productoras de Italia.
Pese a las grandes posibilidades de viajar al exterior, el desafío de estas empresas también empieza a ser otro: que las producciones se queden en casa. "Muchas veces nos planteamos cómo es posible que más del 80% de la animación que se hace en la Argentina sea para exportar y la respuesta está en la rentabilidad y, por el momento, en la falta de ayudas nacionales para poder seguir generando grandes producciones para el país. De todas formas, estamos trabajando por revertir esto", asegura Moure.
Respecto de los públicos hacia los que van dirigidas las producciones, los niños marcan la tendencia en casi todo el mundo. "El 80% del mercado de la animación se concentra en los chicos. Los públicos están cada vez más segmentados", se sorprende Manfredi. Y es que cada día aparecen nuevas categorías: “hasta 3 años , “de 3 a 5 años , “de 7 a 9 y así sucesivamente. Esto hace, advierte, que "para el público adolescente y adulto se haga relativamente poco en el país, aunque van en aumento progresivo". Explica entonces que los padres jóvenes, por ejemplo, al venir de la cultura del video juego, ven en la animación una parte importante de sus vidas, están más cerca de los códigos del dibujo animado que en otros tiempos. “A esto hay que sumarle que el mundo se ha vuelto multimediático, un ámbito en el que la animación es parte fundamental del código . Uno de los últimos trabajos pensados para el público adulto es City Hunters, campaña de entretenimiento en la web para Axe, que potencia el erotismo del mundo de este desodorante con los códigos del cómic y la interacción que ofrece la web.
Moure, por su parte, sostiene que el target de Patagonik sigue siendo el de los chicos, “pero siempre teniendo en cuenta que asisten al cine acompañados por adultos, a los que uno también debemos tener en cuenta y por eso siempre estamos pendientes de generar algunos guiños para ellos .
De lo que no le cabe ninguna duda a Ferrucci es que el ojo crítico del argentino está cada vez más afilado: “Si bien algunos éxitos de taquilla, sobre todo relacionados con algunas producciones locales de muy baja calidad digan lo contrario, lo cierto es que el espectador esta cada vez más entrenado y exigente, por lo tanto es nuestro desafío realizar productos de calidad. Una entrada para una producción de u$s 150 millones cuesta lo mismo que una de dos millones o menos . Por eso, la culpa nunca es del espectador.
La gente de Hook Up, por ejemplo, desde sus comienzos, en 2001, se propuso trabajar para clientes extranjeros "por una razón muy simple", según explica uno de los socios, José María Ferrucci: "La realización de dibujos animados en el país estuvo siempre ligada a los vaivenes económicos, por eso pensamos que si queríamos perdurar debíamos ofrecer nuestros servicios a mercados más estables. Como no podíamos ofrecer cantidad, procuramos dar calidad". Y su primera oportunidad para afianzarse no fue menor. Presentaron un proyecto de cinco cortos animados a la oficina local de Disney. Esta compró y Hook Up es hoy uno de sus proveedores estables. Ahora la compañía también produce para Cartoon Network Latinoamérica y, junto al Instituto Educativo Image Campus, desarrolló la primera carrera terciaria de Realizador Integral de Dibujos Animados, que se dicta desde 2006.
"El fuerte crecimiento de la actividad generó que la demanda superara a la oferta de mano de obra y a esto se le sumó la falta de espacios de formación", advierte Ferrucci, quien asegura que "el costo más grande de cualquier producción es el capital humano, posiblemente el 90% del total", por tratarse de personal especializado. La tecnología es importante, rescata, pero no deja de ser una herramienta del talento artístico: "Podemos tener los mejores recursos técnicos, pero si detrás no hay un artista talentoso de nada nos servirá. Por el contrario, alguien capaz puede lograr productos muy interesantes con pocas herramientas".
Manfredi sostiene la misma hipótesis: "Hoy la tecnología está más o menos al alcance de cualquier productora. Lo que las hace diferentes es la experiencia de la empresa en el mercado y los sistemas de producción. En el producto final pesa mucho el capital humano con el que contamos. Como la calidad se construye todos los días, la motivación tiene que ser constante". Y la inversión también debe ser diaria: "Los insumos son en dólares y generalmente el software que usamos oscila entre los u$s 7.000 y los u$s 12.000. Es quizás el mismo que usa una productora de Estados Unidos, líder del mercado, pero con un presupuesto diez veces mayor", señala Ferrucci. Si bien hay quienes trabajan con software libre, en Hook Up, por ejemplo, emplean programas específicos de animación, como el Opus de Toon Boom (canadiense) y el Maya de Autodesk para los trabajos en 3D. Siguen vigentes el Flash y el After Effects.
Temáticas universales
Patagonik es de las firmas que desde un primer momento apostó fuerte al ámbito local con las complicaciones que esto significa. Comenzó en 1997 generando productos nacionales, como las series de “Dibu , de acotadas temáticas sobre Argentina y a las que más tarde vio muy difícil de insertar o vender en el mercado internacional. "Tal es el caso de ‘Patoruzito 1´", reconoce Moure.
"Decidimos girar el rumbo y centrar objetivos en la búsqueda de temáticas internacionales. Asíse dieron largometrajes como “El Ratón Pérez y “El Arca , y a partir de ellas nos empezaron a buscar de afuera como alternativa para tercerizar", comenta y asegura que ya realizaron tareas de servicios de producción para Filmax, de España, y productoras de Italia.
Pese a las grandes posibilidades de viajar al exterior, el desafío de estas empresas también empieza a ser otro: que las producciones se queden en casa. "Muchas veces nos planteamos cómo es posible que más del 80% de la animación que se hace en la Argentina sea para exportar y la respuesta está en la rentabilidad y, por el momento, en la falta de ayudas nacionales para poder seguir generando grandes producciones para el país. De todas formas, estamos trabajando por revertir esto", asegura Moure.
Respecto de los públicos hacia los que van dirigidas las producciones, los niños marcan la tendencia en casi todo el mundo. "El 80% del mercado de la animación se concentra en los chicos. Los públicos están cada vez más segmentados", se sorprende Manfredi. Y es que cada día aparecen nuevas categorías: “hasta 3 años , “de 3 a 5 años , “de 7 a 9 y así sucesivamente. Esto hace, advierte, que "para el público adolescente y adulto se haga relativamente poco en el país, aunque van en aumento progresivo". Explica entonces que los padres jóvenes, por ejemplo, al venir de la cultura del video juego, ven en la animación una parte importante de sus vidas, están más cerca de los códigos del dibujo animado que en otros tiempos. “A esto hay que sumarle que el mundo se ha vuelto multimediático, un ámbito en el que la animación es parte fundamental del código . Uno de los últimos trabajos pensados para el público adulto es “City Hunters , campaña de entretenimiento en la web para Axe, que potencia el erotismo del mundo de este desodorante con los códigos del cómic y la interacción que ofrece la web.
Moure, por su parte, sostiene que el target de Patagonik sigue siendo el de los chicos, “pero siempre teniendo en cuenta que asisten al cine acompañados por adultos, a los que uno también debemos tener en cuenta y por eso siempre estamos pendientes de generar algunos guiños para ellos .
De lo que no le cabe ninguna duda a Ferrucci es que el ojo crítico del argentino está cada vez más afilado: “Si bien algunos éxitos de taquilla, sobre todo relacionados con algunas producciones locales de muy baja calidad digan lo contrario, lo cierto es que el espectador esta cada vez más entrenado y exigente, por lo tanto es nuestro desafío realizar productos de calidad. Una entrada para una producción de u$s 150 millones cuesta lo mismo que una de dos millones o menos . Por eso, la culpa nunca es del espectador.