Para muchos turistas que deciden alejarse del ajetreo de la ciudad para reencontrarse con la naturaleza, Mar de las Pampas es un sueño hecho realidad. Ubicada a sólo 3 kilómetros de Villa Gesell, esta ciudad de calles envueltas en arena y piñas, está rodeada de frondosos pinos, cipreses y eucaliptos que albergan a los curiosos decididos a recorrer sus senderos. Sus casas, todas de sólida construcción de madera y piedra, y los médanos, de diez metros de alto, separan dos mundos: por un lado, el mar, y por el otro, el bosque.

Esta ciudad no sólo es única por su idiosincrasia y el encanto de su arquitectura, sino por el lema que persigue: "Vivir sin prisa".

Efectivamente, Mar de las Pampas apuesta a ser un balneario "slow" (lento, en inglés). Como en algunas ciudades italianas, donde no existen las antenas para celulares, las calles pavimentadas o el alambrado público para que todas las noches se pueda apreciar el brillo de las estrellas. Tampoco está permitida la instalación de música amplificada en lugares públicos, carteles de publicidad, luces de neón y la proliferación de ruidos molestos como bocinas y alarmas de automóviles. Por el contrario, se debe incentivar el uso de energías renovables, el reciclado de la basura y mantener a sol y a sombra una amplia oferta de espacios verdes.

Estas "reglas de convivencia" fueron impuestas por los primeros lugareños, que llegaron a Mar de las Pampas agobiados por la rutina de la Capital y que buscaban mantener ese paraíso intacto. En su gran mayoría, los históricos pobladores son profesionales que decidieron venderlo todo para adoptar un estilo de vida diferente. Y fue en este lugar donde encontraron la combinación perfecta: vivir en un bosque frente al mar. Enamorados del paisaje, tomaron las riendas del negocio propio, sin tener nociones, en la mayoría de los casos, de hotelería o gastronomía y abrieron un pequeño complejo de cabañas o un restaurante para pocos cubiertos que, hasta hoy, atienden personalmente.

Este es el caso de Elías, dueño del complejo Aike Malem: "En 2000, estaba buscando un terreno para hacer una casa de verano, y por casualidad caí acá. Me di cuenta que este lugar tenía un ángel especial. Por eso, cuando me sorprendió la crisis, decidí vender la empresa textil en la que trabajaba e invertir todo acá. Nunca más volví a Buenos Aires. Acá gané mucho más espiritualmente".

Pese a los esfuerzos, en los últimos años este refugio tan particular tomó un impulso inesperado para los lugareños, que recuerdan cómo era la ciudad cuando recién se instalaron: "Era puro desierto. Cuando llegué sólo había dos casas. Si hubiese sabido que este lugar iba a explotar de la forma que lo hizo, me hubiese comprado un lote más grande y ponía pileta, hidromasaje, etc. Lo que pasa es que el público que viene acá está dividido. Por un lado, vienen aquellos que gustan de la naturaleza, el verde y son felices con eso. Por el otro, están aquellos que buscan los juegos para los chicos, el spa, los masajes…", explica Elías.

¿Un camino inevitable?

Si bien el cálculo es inexacto, muchos relacionan el crecimiento de Mar de las Pampas con la crisis de 2001. Como la ciudad pasó a ser un gran atractivo turístico, desde Villa Gesell, se organizan visitas guiadas a la ciudad, lo que significó el arribo de miles de turistas que, a veces, quiebran la tranquilidad que buscan los lugareños.

"Desde ya que la presencia de contingentes importantes y potenciales compradores resulta atractiva para los dueños de alguno de los locales comerciales, y eso marca diferencias de opinión entre nosotros, que intentamos salvar todo de a poco. Lo que pasa que a muchos les encantan que sus locales se llenen de gente ávida por comprar, como en la Capital", comenta Jorge, uno de los históricos pobladores.

El resultado de esta expansión se hace evidente al caminar por las calles de la ciudad: la construcción se encuentra palpitante en este terreno de 306 hectáreas, según el dato que otorga la Municipalidad de Villa Gesell.

Luis Castellani, secretario de Planeamiento y Obras Públicas, explica que sus estadísticas revelan que aproximadamente esta localidad alberga a 1.000 personas de manera permanente, mientras que la oferta turística alcanza las 3.900 plazas. Comenta además que otro de los indicadores a tener en cuenta es la cantidad de obras nuevas que se han realizado: el año pasado alcanzaron los 19.500 metros cuadrados (m2).

Y los pronósticos aseguran que la construcción seguirá en alza. Entonces, ¿cómo hacer para evitar que la edificación pase los límites que los lugareños impusieron? Castellani comenta al respecto: "El crecimiento es sostenido, aunque es necesario respetar las pautas a la hora de construir. Por este motivo, debemos rever el código urbano actual. Por otra parte, se está pensando en un nuevo tipo de construcción, dado que el frente marítimo en Mar de las Pampas llega hasta los 1.900 metros y allí predominan los aparts de cabañas. De ahí en adelante, se plantea como futuro la vivienda unifamiliar. Hay una presión de todos los residentes para que esto se logre, ya que hay muy poco equipamiento -no hay gas natural, sistema cloacal o alumbrado -, y la población permanente está creciendo".

Pero el boom del balneario también ha producido una importante alza en los precios. Desde la inmobiliaria Roncoroni, una de las principales en el lugar, realizan un análisis de la situación: "El alquiler de una casa con todas las comodidades, para seis personas y a tres cuadras del mar cuesta, por quincena entre $ 6.000 y $ 7.000. El perfil que viene a Mar de las Pampas es familiar, y de clase media alta, dado que en enero el gasto promedio es de $ 400 pesos diarios. Además, a la hora de alquilar no buscan regatear el precio. Si quieren algo más económico, deciden irse a Mar Azul, donde los valores son un 20% más económico". Por otra parte, estiman que el valor del lote para una vivienda unifamiliar de 300 m2 sobre un lote de 675 m2, es de u$s 50.000. Con respecto a los aparts de cabañas, en enero el precio estimado para cuatro personas, que se hospeden durante una semana, ronda los $ 1.400. Actualmente, Mar de las Pampas está ocupado en un 85%, y se espera una ocupación mayor para esta segunda quincena de enero.

Definitivamente, este lugar es para los que tienen una expectativa diferente de la costa argentina. Caro pero lo mejor, parece ser la apuesta.

Así, esta ciudad encantada parece estar dividida entre dos aguas: por un lado, los que ven en Mar de las Pampas un centro de inversión que en un futuro no muy lejano pueda desarrollarse a gran escala, sin llegar a convertirse en Cariló, pero a puro confort para un público exigente ; por el otro, los históricos lugareños que defienden su ideal de refugio perdido entre los bosques, donde la palabra "tecnología" no está permitida y, hasta el momento, perdura el toque ecológico que hace que el lugar sea único, donde la Pampa Húmeda se une con el mar.