Un grupo de empresarios argentinos, entre los que se cuentan Julio Zorraquín, Alberto Herrmann, Norberto Mabres y la familia Ruete Aguirre (ex accionistas del Banco Roberts), a quienes se sumó la familia balos, de Chile, adquirió el 100% de Jardín del Pilar, la sociedad que había creado la estadounidense Service Corporation International (SCI) para englobar sus actividades en la Argentina.

La empresa controla los principales cementerios privados del país –Jardín de Paz, Parque Memorial, Jardín de Paz Luján, Gloriam y Parque del Campanario– y las empresas de servicios fúnebres Lázaro Costa, Casa Callao, Compañía Principal, Casa Raumberger, Lázaro Costa (Lomas), Casa Betti (La Plata) y Casa O’Higgins. Con la compra, sus nuevos dueños también pasan a controlar los cementerios Parque del Recuerdo y Parque del Reencuentro, en Uruguay.

Retorno a las fuentes

La operación –cuyo monto no fue revelado– supone la vuelta a la actividad de Zorraquín, Herrmann y Mabres, tres pioneros del concepto de cementerios parque en la Argentina.

SCI llegó al país en 1997, con la adquisición de Parque Memorial. Ése fue el inicio de un impresionante raid comprador, que llevó a los estadounidenses a quedarse con cinco cementerios privados y siete casas de servicios fúnebres, por las que pagaron unos u$s 200 millones.

En 1998, Zorraquín –integrante de la familia fundadora de Jardín de Paz–; Herrmann, el ex dueño de Parque Gloriam, y Mabres –que había creado el Parque del Campanario– se dejaron tentar por las generosas ofertas de compra de SCI, el principal grupo gestor de cementerios privados de EE.UU.

Desde entonces, sólo Zorraquín siguió ligado a la actividad. “SCI integró sus empresas en Jardín del Pilar, y me nombró Chief Operations Officer (COO) , explica el empresario. Su madre, Mabel Elortondo de Zorraquín, había gestado el negocio en 1978, al fundar Jardín de Paz, el primer cementerio privado de la Argentina. “Nació con un concepto de privacidad e intimidad, sumando áreas parquizadas y lápidas al ras del pasto. Debimos hacer frente al prejuicio que asociaba la compra de una parcela en tierra con la pobreza , cuenta Zorraquín. Hoy, según la Cámara Argentina de Cementerios Parque, existen más de 200 emprendimientos de esa naturaleza en el país.

La operación representa también la segunda salida del negocio por parte de un operador estadounidense. En septiembre de 2002, la española Funespaña le había comprado a Stewart los 17 cementerios y cocherías locales que controlaba, entre ellas, la Cochería Paraná.

Desinversión a pérdida

SCI le colgó el cartel de venta a sus negocios locales en marzo de 2004: tras una estrategia centrada en el crecimiento internacional –a fin de los ‘90 llegó a tener presencia en 20 mercados, y ahora sólo conserva negocios en Chile, su próximo objetivo de venta–, definió focalizarse exclusivamente en EE.UU.

Su salida de la Argentina le costará caro: pese a que Zorraquín se excusa de revelar la cifra pagada, el cambio de manos se habría cerrado por un monto muy inferior al valor de Jardín de Pilar. En 2004, la empresa tuvo ingresos por $ 40 millones (u$s 13,3 millones): un 30% se originó en la prestación de servicios fúnebres, y el resto, por la venta de parcelas y el cobro de cánones anuales a sus 75.000 clientes en cementerios.

“Éste es un negocio de largo plazo, del que no es fácil ni entrar ni salir: a no mucha gente le gusta invertir en esta actividad y, además, cuando uno vende una parcela, asume un compromiso a perpetuidad con el cliente , explica Zorraquín. Según el empresario, la compra fue posible gracias a la integración de ex operadores del negocio y el aporte financiero de los Ruete Aguirre.

“Desde que SCI decidió vender, busqué socios que pudieran acompañarme, compartiendo objetivos y una misma filosofía de inversión a largo plazo. Pudimos cerrar el negocio con una muy buena ecuación: la inversión es baja en comparación con los activos adquiridos , admite. “Además, compramos para quedarnos. Este negocio comenzó siendo familiar, y vuelve a serlo , concluye.