

Nada está como era entonces en los equipos de campaña política en la Argentina, que se han ido profesionalizando al ritmo de las nuevas necesidades para afrontar el escenario político actual. Hoy, los avances en cuanto a consultoría estratégica, encuestología y perfiles diversos de sus integrantes están a la orden del día, dotando a estos grupos de una microsegmentación digna del ámbito empresario, precisamente con la cada vez más notoria incorporación de miembros que proceden del mundo ejecutivo.
Y si bien los especialistas reconocen que todavía queda mucho camino por recorrer, la tendencia viene al caso para alistarse con lo que sucede en países modelo en este sentido, donde se trata prácticamente de teams corporativos. Eso está claro: hoy, más que nunca, se puede decir que hay equipo.
Sin embargo, este contexto de acercamiento entre empresa y política va más allá de esta certeza referida a herramientas, recursos y capital humano, y plantea asimismo algunos interrogantes más bien ligados a las formas y los posibles paralelismos entre ambas disciplinas, si de formas de gestión o cuestiones más duras vinculadas al management se habla. ¿Implica riesgos esta relación cada vez más estrecha? ¿Son aplicables las enseñanzas del management corporativo a lo que sucede en el espectro político? ¿Este giro hace que en ciertas cuestiones de fondo, las similitudes le estén ganando la pulseada a las divergencias si se comparar ambas alternativas?
En principio, lo fundamental es que hoy en día el tinte corporativo está cada vez más presente en los teams de campaña. Y que los rasgos distintivos en este aspecto son dos. Por un lado, uno de los sostenes lo brinda el perfeccionamiento en cuanto a las metodologías, que tal como en el área empresaria apuntan a acciones tales como gestionar, posicionar, alinear, segmentar, llegar a distintos targets y alistarse para capear escenarios diversos.“En la Argentina se ha avanzado mucho en la profesionalización de los equipos de campaña en el aspecto técnico, sobre todo a nivel de la consultoría estratégica y encuestología por ejemplo. Hoy hay variables que permiten trazar una variedad de alternativas para cada escenario , sostiene el consultor Hugo Haime, titular de Haime y Asociados.
En sintonía, Rosendo Fraga, director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría, asiente y remarca los avances obtenidos en la encuestología, una pata fundamental de las campañas actuales: “Hoy se ha perfeccionado mucho el factor técnico, lo que asimismo ha modificado los parámetros que miden una buena o mala elección, que antes se decidían de acuerdo a las elecciones anteriores. Por ejemplo, y si bien son sólo un instrumento de análisis político, los sondeos constituyen un elemento esencial para el diseño de las estrategias. Y a la vez reemplazan a aquel parámetro histórico y sirven de referencia para medir el éxito o no de una elección , manifiesta.
Pero el aspecto técnico no es el único sostén de la mejora. Por otro lado, e imitando lo que ocurre en naciones ejemplo en este sentido como Estados Unidos o Inglaterra, últimamente se está produciendo un viraje hacia tomar ciertos usos del empresariado, que exceden a los recursos y tienen que ver más que nada con el reclutamiento de perfiles relacionados, el aprovechamiento de ese know how, los modos de trabajo y la diversidad en la composición de los teams.
Daniel Gutiérrez, director de la AAMP (Asociación Argentina de Marketing Político), opina que “actualmente los equipos de campaña se van especializando cada vez más en cuanto a sus miembros y los candidatos trabajan con una serie de especialistas que le dan un tinte corporativo a los métodos de trabajo, produciendo una microsegmentación similar a la que se da en área empresaria .
La hora del profesionalismo
Si se habla de perfiles, en la actualidad los equipos se nutren de profesionales de diferentes disciplinas, como ser comunicación, psicología, sociología, publicidad y semiología, que se suman a los más clásicos especialistas en ciencias políticas, consultoría, marketing, encuestología y asesoramiento político y de imagen, por nombrar sólo algunos.
Muchos de ellos proceden del mundillo empresario, más aún con la irrupción de opciones ideológicas encabezadas por candidatos provenientes del sector privado como Mauricio Macri o Francisco De Narváez, por mencionar los dos emblemáticos, que arrastran a colaboradores de confianza y de varios años para el nuevo camino. La semejanza con un team gerencial también se observa en la división de tareas. “En cuanto al funcionamiento, las herramientas también son las mismas, desde la asignación de roles hasta el cumplimiento de ciertos objetivos. En verdad, similitudes con lo corporativo hay cada vez más, si bien se trata de dos disciplinas diversas. La diferencia estará dada por las características del candidato , agrega Gutiérrez.
Mientras tanto, Carlos Fara, director de Carlos Fara y Asociados, pone el foco en el creciente nivel profesional de los miembros. “Sin dudas que hay una mayor formación profesional y mejores estructuras, con mucha incorporación de gente que proviene de ámbitos diversos y del sector privado para enriquecer los equipos. Hay una cierta tendencia a tomar cosas de lo corporativo, sobre todo en cuanto a la lógica de formar equipos, algo que ha venido evolucionando a lo largo de los años , asegura. Pero a partir de aquí y si bien también hay otros puntos en común -ver “Cómo funciona un equipo de campaña -, los alcances de esta asociación comienzan a diluirse y, según los especialistas, las afinidades entre una y otra variable no van mucho más allá. Fara enciende el primer alerta vinculado a este acercamiento. “Esto no es negocios y la tendencia también implica algunos riesgos, porque la gente que viene del segmento corporativo no está abierta a los códigos que imperan en la política, sumado a que arrastran culturas no aplicables a esta variable , advierte. “Una cosa es que haya más capacidad profesional y otra, que los miembros del equipo entiendan de política y de campañas, sumado a que a veces no existe la misma disponibilidad de recursos para llevar algunas ideas adelante .
Asimismo, otro de los peligros se vincula al posible desaprovechamiento del know-how de los profesionales integrados al equipo, o bien a que éstos pierdan de vista el foco. “Si bien en ambos grupos de trabajo se definen metas, objetivos, estructuras organizativas, modalidades de trabajo y hay una mesa que toma las decisiones, la gran diferencia es que ni el candidato ni el electorado son marcas. Entonces, se corre el riesgo de que los miembros no se enfoquen en el verdadero fin: a la hora de recomendar, los consultores y el equipo técnico deben tener en claro que son parte de un engranaje de voluntades , explica Haime.
Y así, le abre paso a una comparación entre las formas que guían a las dos modalidades. Aquí, entonces, aún a pesar de aquellas similitudes, queda en evidencia que las divergencias entre teams corporativos y de campaña no son pocas y que política y empresa no siempre se llevan tan bien.
El juego de las diferencias
Roberto Starke, socio de la consultora especializada Infomedia Consulting, considera que hay dos diferencias fundamentales que distinguen cualitativamente a ambos equipos: la dinámica de trabajo y los roles asignados. En cuanto a la primera, puntualiza que el tiempo del candidato es el principal insumo que hay que administrar, diferente al mundo corporativo. “Los tiempos en política son los que terminan por determinar la estrategia y la condicionan fuertemente , dice. “Y luego, en el equipo de campaña se trabaja en un ambiente con políticos. En una empresa los roles y responsabilidades están bien definidos. En un equipo, al principio también se asignan roles, pero con el tiempo comienzan a desdibujarse y es muy difícil mantener una estructura disciplinada. La política implica convencer y persuadir y no sólo a los de afuera: muchas veces también a los de adentro , manifiesta.
También Fara apunta a esta variable coyuntural y coincide. Y recuerda que si bien en política -así como en los equipos corporativos- hay jerarquías y previsión para ciertos tipos de situaciones, “ello se va tornando más desorganizado. Como el equipo de campaña se forma para una situación coyuntural, la manera en que se arma tiene más margen para la improvisación , destaca.
Por su parte, el sociólogo Manuel Mora y Araujo, presidente de IPSOS-Mora y Araujo, también resalta que la división de roles no sólo va perdiendo orden, sino que se torna difusa con el transcurrir de la campaña. Antes también recuerda que las campañas electorales siguen una lógica distinta de las corporativas. “La diferencia más notoria es que la campaña electoral se desarrolla en un contexto altamente competitivo, en un lapso muy acotado. Toda campaña electoral está planteada como una competencia directa y frontal con las campañas de los adversarios , marca y acto seguido rememora que la experiencia más común es nuestro país es que la línea divisoria entre los profesionales de la campaña y los propios políticos nunca es muy tajante.
“En las campañas corporativas a veces hay alguna interferencia del management o de los directores, pero una vez que un equipo estratégico y uno táctico entran en funciones, las divisiones de roles son bastante claras. En nuestra cultura política eso es raramente así , señala Mora y Araujo, que también trae a cuenta que en la organización política no hay un CEO, sino un jefe cuya responsabilidad es política y no siempre atada a los resultados.
“Los malos resultados suelen descargarse sobre los consultores, más allá de que muchas veces no son ellos los responsables , apunta. También recuerda que en política no hay ni accionistas ni directores. “Hay dirigentes, activistas y militantes, que normalmente están allí por vocación y en consecuencia cada uno define los intereses del grupo según su propia versión , cuenta. En las corporaciones, demás está decirlo, sí existe consenso sobre los intereses de la corporación.
Para el final, y a la vista del desorden que gana la asignación de roles, tal vez uno de los últimos interrogantes tiene que ver con la planificación previa. En ese sentido, Starke sostiene que sí hay similitudes. “Es un punteo muy útil, pero no totalmente confiable, casi como sucede en las compañías. Los imponderables se pueden predecir, pero a diferencia de las empresas, en política nunca se estará a salvo de operaciones de prensa, campañas negativas o algún gaffe propio del candidato , finaliza. Equipos de campañas y teams corporativos, cada vez más cerca. Pero aún lejos.










