

Lo bueno de la semana
Lejos de haber ahogado la economía, el enorme superávit es hoy el principal –para los más escépticos, el único– argumento que permite aventar temores de eventuales turbulencias macroeconómicas. Los buenos datos de recaudación tributaria difundidos esta semana son el oxígeno que el Gobierno requiere para continuar piloteando una coyuntura turbulenta en lo externo sin que le tiemble el pulso.
Lo malo de la semana
Cuando la posición fiscal es sólida, se reduce lo que los economistas denominamos dominancia fiscal sobre la política monetaria. Esta regla –sujeta a excepciones, claro está– ha sido puesta en duda durante esta enrarecida semana. Múltiples versiones ratificadas y luego desmentidas referidas a la decisión de ampliar los márgenes de financiamiento del Banco Central al Tesoro no sólo nos recordaron la vulnerabilidad e inestabilidad institucional que todavía persiste en nuestro marco de decisiones, sino que terminaron generando una ola de rumores de renuncia del propio Lavagna. Algo sumamente desaconsejable para afrontar el desafío de la reestructuración de la deuda.
Lo urgente
Nada más urgente que cerrar las negociaciones con el nuevo banco colocador –o el mismo, no lo sabemos– para el canje de la deuda pública. A pocas semanas del postergado lanzamiento, no está claro si la nueva institución designada tendrá la capacidad operativa para poner a punto los sistemas informáticos necesarios para el canje más grande de la historia. Si esto pasa de la próxima semana, crecen las chances de una nueva postergación.
Lo que hay que seguir con atención
La clave del éxito o el fracaso de la reestructuración de la deuda está en la capacidad de coordinación de los bonistas. Como en todo canje de deuda, si los tenedores de bonos suponen que la tasa de participación será alta, entonces no aceptar individualmente el canje es una mala decisión, ya que quedarían con instrumentos poco líquidos. Si los bonistas pudiesen coordinarse para no aceptar mayoritariamente la propuesta, entonces podrían incrementar su poder negociador. Pero esta coordinación no es simple de realizar. Por eso serán claves las señales del FMI y el G-7 durante el breve lapso hasta el lanzamiento. Esto puede inclinar dramáticamente la balanza en una u otra dirección.










