

Golpear para después negociar. La máxima atribuida al asesinado líder metalúrgico Augusto Timoteo Vandor, que durante los ‘60 comandó la CGT, parece reeditarse ahora en la figura de Hugo Moyano, el jefe del sindicato de Choferes de Camiones, que la semana pasada ordenó el bloqueo de las plantas de Molinos Río de la Plata como paso previo al reinicio de negociaciones salariales con las cámaras empresarias del sector. A mediados de esta semana, la organización gremial hará la presentación oficial ante el Ministerio de Trabajo, que conduce Carlos Tomada, de su planteo de recomposición para todas las ramas de la actividad, lo que en los hechos dará la guía para un año de paritarias que se prevé duro y atravesado por el fantasma de la inflación.
A continuación de la movida de los camioneros, sobre todo en marzo, llegarán los reclamos de otros sindicatos con fuerte poder de negociación por el auge de su actividad, como los petroleros, los obreros de la construcción (Uocra), los empleados del subterráneo y los metalúrgicos (UOM), o de importancia por el número de trabajadores involucrados, como los mercantiles, los de la alimentación y los hoteleros.
A diferencia del año pasado, cuando la inflación acumulada y la canasta de pobreza actuaban como guía para las negociaciones, para este año empresarios y funcionarios coinciden en que deberá imperar la cautela sindical en vista de que muchas de las actividades ya dieron aumentos que superaron el alza en el costo de vida.
En la cartera laboral explicaron que si bien no existe una orden del Gobierno para ponerles un techo a los reclamos (trascendió que no deberían superar el 20%), las discusiones deberán tener como contrapeso natural las limitaciones de los empresarios. Funcionarios y ejecutivos coincidieron, además, en que el mayor riesgo que afrontarán es que el techo salarial que logre acordar una actividad se convierta en el piso de la siguiente.
Los sindicalistas, por su parte, reconocen que en la nueva etapa de paritarias no tendrán el mismo margen para reclamar del año pasado pero aclaran que la presión de sus afiliados les impedirá bajarse de un par de reivindicaciones: la recuperación del poder adquisitivo de los salarios a los niveles previos a la devaluación de 2001, para los sectores privados que no lo hayan alcanzado todavía, y alguna garantía de que los aumentos no quedarán licuados con la suba de los precios.
La campana de largada para la puja será el miércoles, cuando el gremio de los camioneros prevé realizar la presentación formal de su reclamo. Mariano Silva, secretario adjunto del sindicato, se manifestó cauteloso al señalar que el planteo “será muy equilibrado pero aclaró que “los salarios no generan inflación y que la presentación responderá a la lógica de “mejorar el poder adquisitivo .
La actividad nuclea a unos 130.000 camioneros divididos en ramas del transporte como larga distancia, combustibles, correo, caudales, logística y aguas gaseosas.
La puja, abierta
A partir de marzo se abrirá por completo el período de discusiones. Uno de los sectores más importantes será el de los trabajadores de comercio, unos 750.000 formales en todo el país. En el sindicato que lidera Armando Cavalieri, que cerró su última paritaria a mediados del año pasado, explicaron que se pedirá un aumento en función de la inflación acumulada y la prevista para este año (se calcula no menos de 11%), más una suerte de ajuste por productividad, basado en el crecimiento de las ventas en los locales.
Pero el Gobierno no sólo será árbitro de los conflictos sino también parte, ya que los sindicatos estatales planean en marzo rediscutir las escalas salariales acordadas a mediados de 2005. Matías Cremonte, abogado de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), recordó que la ministra de Economía, Felisa Miceli, prometió el año pasado estudiar un aumento para los empleados públicos a partir de marzo. Es que junto con los trabajadores en negro, los estatales fueron los más perjudicados por la inflación, ya que sus salarios apenas lograron equiparar el alza en el costo de vida durante el año pasado. Según Cremonte, el desfasaje es de entre 25% y 30%.









