Días pasados la sociedad argentina se conmovió con un caso protagonizado por una joven madre de una localidad próxima a Bolívar, llamada Urdampilleta. Esta madre está sospechada de haber asesinado a dos de sus hijos y de haber intentado lo mismo con el tercero, al que afortunadamente los médicos del hospital Garrahan le salvaron la vida.
Este tipo de conducta se encuadra bajo el denominado ‘Síndrome de Muchaüsen’, por el cual una persona con tal de llamar la atención y victimizarse es capaz de llegar a matar a sus propios hijos.
Salvando las distancias sería bueno preguntarse hoy si a su manera el gobierno de Cristina y en particular su ‘regente’ Néstor Kirchner, son potenciales padecedores de este mal.
Los egos expandidos, las conciencias bloqueadas y la repetición de conductas que nos llevan a la infelicidad (neurosis) , forman parte en el caso de Urdampilleta y en el de Balcarce cincuenta de una historia en común.
Así como seguramente una madre que sufre el mal de Muchaüsen, vive hablando del afecto que siente por sus hijos, más allá de que los termine matando, el Gobierno destina horas de sus discursos a hablar del afecto que tiene por los más pobres, más allá de que los termine empobreciendo aún más.
Un viejo proverbio asegura : “Dime de qué haces alarde y te diré de que careces . En el libro ‘Ligero de equipaje’, sobre la vida del padre jesuita Tony de Mello, este afirma: “Hay quienes van a trabajar por los pobres, movidos, sin saberlo ellos mismos, por sentido de culpabilidad, por sed de poder, por un complejo de inferioridad... .
La declamación permanente de la supuesta distribución de la riqueza, mientras que simultáneamente se destroza la riqueza que se promete repartir, la resistencia a cambiar los métodos que nos llevaron a la recesión y la justificación de situaciones injustificables, empiezan a obrar cual veneno sobre aquellos a los que se dice amar y defender. Demasiado parecido a lo que se le imputa a la madre de nuestra historia.
La imposibilidad de tomar conciencia (darse cuenta) y hacerse cargo del daño que hacemos con tal de no admitir nuestro error, puede ser el peldaño previo a la decisión de colocarse en víctima y empezar a repartir culpas por aquello que nos sucede y de lo que no nos haremos responsables.
Siguiendo esta secuencia llega el momento en que el gobierno, imposibilitado por su propia torpeza política y espiritual, propicia situaciones que eran evitables pero que no deseaba evitar para poder así colocarse en el rol de incomprendido.
Advertida la oposición de esta situación procura por todos los medios evitar situaciones tensas que la puedan colocar en el rol de golpistas. Sin embargo, cuando alguien decide forzar una situación, más tarde o más temprano encuentra el momento para concretar lo que llamamos habitualmente la ‘profecía auto-cumplida’.
Es como cuando alguien quiere
pelear y provoca para tener con quien hacerlo, con buena dosis de manipulación es muy probable que termine encontrando con quien hacerlo. Una vez que el neurótico, el manipulador o el golpeador logra su objetivo, lejos de admitir que forzó la situación, denuncia haber sido víctima de la misma.
En función de los últimos acontecimientos y con la sospecha cada vez mayor de que el Gobierno no posee real voluntad de cambio y teniendo en cuenta que cuanto más se demore el cambio, más difícil será posteriormente resolver el problema, cabe preguntarse si en Olivos reside alguna persona políticamente poseedora del ‘Síndrome de Muchaüsen’. Quiera Dios en nombre de los argentinos, y en particular de los más humildes, que esto no sea así.