Javier Milei se reunió ayer en la Quinta de Olivos con el ministro de Economía, Luis Caputo; el titular del Banco Central (BCRA), Santiago Bausili, y al ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, para definir la reforma de la Carta Orgánica del regulador monetario, un proyecto que el Gobierno busca enviar al Congreso en los próximos meses. El anuncio reabrió una discusión sobre dos modelos de banco central. (Ver pág. 5)
De un lado, el que impulsa el Gobierno, centrado exclusivamente en la estabilidad monetaria. Del otro, el esquema vigente desde la reforma de 2012, que amplió los objetivos hacia el empleo, el desarrollo económico y la estabilidad financiera. Dos cambios concretos serían la vuelta al viejo artículo 3 y mayor límite al financiamiento del Tesoro. “No se conoce el texto, pero hizo referencia al artículo 3, que hoy tiene un mandato múltiple y quiere volver a la redacción anterior, y al financiamiento del Tesoro”, dijo en diálogo con El Cronista, el expresidente del BCRA Alejandro Vanoli.
Para Vanoli, detrás de la iniciativa hay una definición conceptual sobre qué debe hacer un banco central. Defendió la reforma de 2012 y advirtió que reducir el mandato exclusivamente al combate de la inflación puede terminar privilegiando una variable por sobre el desempeño de la economía.
“Un Banco Central tiene que tener una mirada amplia y no una mirada restringida. Si no, puede lograr inflación baja con tasas muy altas, pero también con desempleo elevado y una economía estancada”, sostuvo. También rechazó la posibilidad de eliminar completamente la asistencia al Tesoro “No me parece realista que el Banco Central no pueda financiar nada al Tesoro. Hay que discutir los límites, pero no prohibirlo”, afirmó.
La exdirectora del BCRA Betina Stein comparte esa mirada. Dijo a este medio que la reforma “no es una simple actualización normativa”, sino “un intento de despojar al Banco Central de herramientas esenciales para promover el desarrollo económico y social”. Para Stein, “la estabilidad monetaria no constituye un fin en sí mismo, sino un instrumento al servicio del desarrollo y del bienestar de la sociedad”. En esa línea, defendió la ampliación de objetivos incorporada en 2012 y advirtió que restringir la actuación del organismo exclusivamente a la estabilidad de precios implicaría resignar herramientas para enfrentar crisis y coordinar la política económica.
“Detrás del discurso sobre la independencia del Banco Central se esconde una decisión profundamente política: condicionar definitivamente la actuación del BCRA a un único objetivo, aun cuando las políticas destinadas a alcanzarlo impliquen recesión, desempleo o mayor desigualdad”, señaló. Y concluyó: “La discusión deja de ser exclusivamente económica para convertirse en una cuestión de soberanía”.
Sin embargo, no todas las exautoridades del organismo cuestionan la idea de volver al antiguo artículo 3. Otro exdirector del Banco Central coincidió en que la misión principal de la entidad debería volver a ser preservar el valor de la moneda. “En ese sentido yo estaría de acuerdo”, dijo, aunque aclaró que la reforma debería aprovecharse para revisar otros aspectos de la Carta Orgánica.
En particular, señaló que la Superintendencia de Entidades Financieras perdió autonomía al quedar bajo una dependencia más directa del presidente del Banco Central. “Históricamente el superintendente tenía independencia casi plena. Ahora tiene una dependencia muy directa del presidente del Banco Central y eso para mí es un grave error”, sostuvo. El planteo difiere del de Vanoli, quien cree que la discusión debería apuntar, en cambio, a una mayor coordinación entre todos los organismos de supervisión financiera, incluida la Comisión Nacional de Valores.
Con el proyecto todavía en elaboración, el alcance de la reforma sigue siendo una incógnita. Pero el debate ya quedó planteado.