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A más de un mes de comenzado el conflicto el Medio Oriente, no hay señales de una pronta finalización. Las semanas pasan y el precio del petróleo se ha convertido en el indicador que miran todos los operadores apenas se despiertan. Todo gira en torno a esa variable hoy.
Ayer se conoció un informe de Goldman Sachs que analiza el impacto del shock energético global provocado titulado “El shock estanflacionario de la guerra en Irán”.
El conflicto desde el inicio el 28 de febrero generó una fuerte disrupción en la oferta de petróleo y gas, principalmente por el cierre del Estrecho de Ormuz. Como consecuencia, los precios de la energía subieron con fuerza. Goldman Sachs proyecta que “el petróleo Brent promediará u$s 105 en marzo y u$s 115 en abril, antes de moderarse hacia u$s 80 a fines de año”.
También se revisaron al alza los precios del gas natural. En Asia el impacto es mayor, con aumentos cercanos al 30% en el precio del crudo importado.
Reversión de desinflación
Este shock revierte la tendencia previa de desinflación en mercados emergentes. Goldman Sachs elevó sus previsiones de inflación en casi un punto porcentual para la mediana de estos países, aunque con gran heterogeneidad: economías como la de la Argentina y Turquía enfrentan subas superiores. En el caso argentino, el banco de inversión norteamericano prevé inflación de 30,7% en el 2026 con crecimiento de 2,7%.
El shock también impacta en otros canales: posibles racionamientos energéticos en economías más vulnerables, caída del comercio con Medio Oriente y reducción de remesas desde esa región.
Goldman Sachs destaca para los emergentes el riesgo de efectos de “segunda ronda”, especialmente en alimentos, por mayores costos de transporte y fertilizantes.
Respecto al crecimiento económico, recortó sus estimaciones de PBI para la mayoría de los emergentes, especialmente en países dependientes de la energía importada (como India, Filipinas o Tailandia) y en aquellos directamente involucrados en el conflicto. Por el contrario, algunos exportadores de energía fuera de la zona de guerra (como Brasil o Rusia) podrían beneficiarse por mejores términos de intercambio.
Shock
El shock también impacta en otros canales: posibles racionamientos energéticos en economías más vulnerables, caída del comercio con Medio Oriente y reducción de remesas desde esa región. A nivel externo, los balances de cuenta corriente se deteriorarán en importadores de energía y mejorarán en exportadores.
En términos de política económica, se espera una combinación de política fiscal más expansiva (subsidios para amortiguar el impacto social) y política monetaria más restrictiva en varios países para contener la inflación y la depreciación cambiaria.
Las monedas se comportan según su exposición: las de países exportadores de energía tienden a resistir mejor, mientras que las de importadores enfrentan mayor presión. Argentina resiste.
Sin embargo, Goldman Sachs considera que el mercado podría estar sobreestimando la magnitud de las futuras subas de tasas. En los mercados financieros, el shock provocó caídas en activos emergentes: suba de tasas, depreciación de monedas y retrocesos en acciones (con el índice MSCI de los emergentes cayendo más de 10%). Las monedas se comportan según su exposición: las de países exportadores de energía tienden a resistir mejor, mientras que las de importadores enfrentan mayor presión. Argentina resiste.
Finalmente, el informe enfatiza que la incertidumbre es muy elevada. Existen escenarios más adversos donde la disrupción energética se prolonga, lo que implicaría mayor inflación, menor crecimiento y deterioro adicional en mercados. Los riesgos están sesgados hacia resultados más negativos.
Prudencia manda.