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El mercado agrícola global volvió a colocarse en el centro del radar financiero de la Argentina. Con los precios internacionales de la soja en máximos de casi dos años y una campaña productiva que se perfila como una de las mejores de la última década, el complejo agroexportador podría aportar entre u$s 13.000 millones y u$s 14.000 millones en los próximos tres meses, según distintas estimaciones del mercado.

Ese flujo de divisas se perfila como un factor determinante para la dinámica del dólar, las reservas del Banco Central y el riesgo país en el corto plazo.

El repunte de los commodities agrícolas llega en un momento clave para la economía local. La soja acumula una suba cercana al 20% en lo que va de 2026 y superó nuevamente el umbral de los u$s 450 por tonelada en Chicago, un nivel que no se observaba desde fines de 2023. En paralelo, el maíz avanza alrededor de 10% en el año, y configura así un escenario de precios internacionales favorable justo cuando comienza a acercarse el período de mayor liquidación de la cosecha gruesa en la Argentina.

Los mercados de futuros reflejan con claridad esa dinámica. En Chicago, los contratos de soja se negocian cerca de u$s 446 para mayo y alrededor de u$s 450 para julio, en un contexto en el que los fundamentos técnicos también acompañan.

A este escenario de precios se suma un contexto productivo favorable. La Bolsa de Cereales de Buenos Aires proyecta una cosecha total cercana a 147,9 millones de toneladas, lo que implicaría un aumento del 13% respecto de la campaña anterior y marcaría un nuevo récord histórico para el país. Dentro de ese volumen, la soja alcanzaría 48,5 millones de toneladas y el maíz alrededor de 57 millones, consolidando al complejo agroindustrial como el principal generador de divisas de la economía.

En términos de comercio exterior, las proyecciones apuntan a que el sector agroexportador podría generar más de u$s 36.000 millones en exportaciones durante 2026, una mejora interanual cercana al 7,3%. Si bien ese monto quedaría por debajo del récord de la campaña 2021/22, el ingreso de dólares se concentra especialmente en los meses iniciales de la comercialización, lo que vuelve particularmente relevante el flujo esperado para el segundo trimestre del año.

En ese contexto, el inicio de la liquidación de la cosecha, que suele acelerarse a partir de los primeros días de abril, aparece como una variable central para el mercado cambiario. Con los precios actuales y un escenario productivo favorable, en el mercado estiman que los productores podrían vender al menos el 50% de la cosecha durante los primeros tres meses de la campaña comercial, lo que implicaría el ingreso potencial de entre u$s 13.000 millones y u$s 14.000 millones en ese período.

Para el mercado financiero, ese volumen de divisas abre una ventana de mayor estabilidad cambiaria en el corto plazo. Un ritmo fuerte de liquidación permitiría reforzar la oferta de dólares en el mercado, facilitar la acumulación de reservas del Banco Central y, al mismo tiempo, sostener condiciones financieras que favorezcan las estrategias de carry trade.

Si el escenario internacional no introduce un shock adicional, como una escalada más profunda del conflicto en Medio Oriente que encarezca el costo de los fletes marítimos, la pax cambiaria y la compra de dólares por parte del BCRA se sostendrían hasta entrada la segunda parte del año, lo que derivaría en una comprensión del riesgo país.

El análisis de los expertos en granos

Ariel Tejera, responsable del Departamento de Análisis de Mercados de la corredora Grassi, señaló a El Cronista que el agro argentino enfrenta una campaña con fundamentos favorables.

“Tenemos por delante una muy buena campaña de maíz y una muy buena campaña de soja, en un contexto internacional de precios que venía siendo relativamente bueno. No son los mejores niveles históricos, pero sí valores atractivos”, explicó.

El analista agregó que la irrupción de la guerra en Medio Oriente introdujo un nuevo factor de volatilidad en los mercados agrícolas. Sin embargo, el impacto se vio principalmente en Chicago y especialmente en el complejo de aceites y en la soja, debido a su vínculo con los biocombustibles y el mercado energético.

“La guerra tuvo un impacto mucho más directo en Chicago, sobre todo en aceites y en soja, por el vínculo con los biocombustibles y los combustibles, que hoy están siendo muy afectados”, detalló.

Por ahora, ese movimiento no se trasladó con la misma intensidad a Sudamérica ni a los precios de exportación de la región. Según Tejera, el mercado global atraviesa una etapa de cautela mientras intenta dimensionar la magnitud del conflicto.

“Estamos en un mundo que todavía está en modo ‘esperar y ver’ cómo se reacomodan las fichas. El conflicto es muy reciente y los operadores internacionales están evaluando si se trata de un episodio prolongado o si encuentra una resolución relativamente rápida”, afirmó.

En ese contexto, el especialista advirtió que uno de los canales a monitorear es el costo logístico. “El costo de transporte y los fletes marítimos pueden jugar un rol importante y, en algún sentido, pesar en contra de algunos orígenes de commodities agrícolas”, señaló.

De todos modos, desde la perspectiva local, Tejera consideró que el ingreso de divisas de la nueva campaña podría convertirse en un factor clave para la estabilidad cambiaria. “Todo el potencial de dólares que genera esta campaña debería asegurar una situación de relativa calma cambiaria en el plano local”, sostuvo.

No obstante, el conflicto geopolítico introduce un riesgo indirecto a través del humor de los mercados globales. “La guerra puede hacer que los inversores internacionales se muestren más adversos al riesgo y reduzcan su exposición a ciertos activos, entre ellos los de mercados emergentes”, explicó.

En ese sentido, Tejera apuntó a una paradoja en la posición de Argentina dentro del sistema financiero global. “El hecho de que el país esté empezando a integrarse nuevamente al mundo, pero todavía no del todo, puede amortiguar en parte ese impacto negativo que proviene de los flujos internacionales”, concluyó.

El agro y el fuerte ingreso de dólares al mercado

Lautaro Ronchi, líder de estrategias de la corredora SV Matesur, señaló por su parte que el llamado “trimestre dorado” del agro podría mostrar este año un ingreso de divisas más robusto que en campañas anteriores.

Según explicó, el principal motor será la mayor producción, especialmente en el caso del maíz temprano, que presenta un desempeño superior al de la campaña pasada.

En el caso de la soja, en cambio, el panorama es diferente. Ronchi advirtió que la comercialización viene más demorada y que muchos productores están adoptando una postura más cautelosa.

“Por el lado de la soja vemos que la comercialización viene bastante retrasada y que las intenciones de liquidar no son muchas, principalmente por la especulación con un eventual escenario de baja de retenciones”, señala.

Aun así, al considerar los niveles actuales de producción y los precios Free On Board (FOB), el volumen de divisas que podría ingresar en los próximos meses sería significativo.

“Teniendo en cuenta los valores FOB actuales y la producción estimada, las liquidaciones deberían superar cómodamente los u$s 10.000 millones”, afirmó el estratega.

Ronchi también remarcó que el negocio agrícola atraviesa un contexto de márgenes más ajustados, lo que condiciona el ritmo de ventas. “El negocio viene cambiando y hoy los márgenes son mucho más bajos. Por eso, si no hay incentivos claros, el productor tiende a esperar antes de vender”, explica.

Sin embargo, existe otro factor que podría acelerar las ventas: la logística. El alto nivel de producción vuelve más difícil la gestión de espacios de almacenamiento, lo que en muchos casos empuja a los productores a desprenderse de parte de la cosecha.

“El nivel de producción actual es complejo de manejar en términos de capacidad de almacenamiento, y ese factor termina jugando a favor del flujo de dólares”, agregó.

Desde el punto de vista macroeconómico, Ronchi consideró que el ingreso de divisas abre una ventana para el Banco Central. “Este escenario podría representar una oportunidad para que el BCRA se capitalice fuertemente en reservas”, aseguró.

El analista recordó que durante la campaña fina existía preocupación entre los productores por liquidar a un tipo de cambio que consideraban bajo, una inquietud que todavía persiste.

No obstante, en el contexto actual algunos productores optan por vender anticipadamente. “A diferencia de otros años, varios productores están aprovechando para liquidar ahora, en parte por expectativas de que el tipo de cambio pueda mostrar una dinámica más bajista”, señala.

Si el Banco Central logra aprovechar ese flujo de divisas y fortalecer su posición de reservas, Ronchi estimó que el impacto podría extenderse al mercado financiero. “En un escenario de compras fuertes del BCRA sería lógico que el riesgo país continúe su proceso de reducción”, afirmó.

En cuanto al conflicto bélico en Medio Oriente, el estratega consideró que, por ahora, su impacto sobre el comercio global de granos es limitado.

“Hasta el momento no está afectando de manera significativa el comercio de granos, algo muy distinto a lo que ocurrió con la guerra entre Rusia y Ucrania”, explicó.

Sin embargo, si advirtió que si el conflicto se prolonga y el petróleo continúa al alza, podrían incrementarse los costos logísticos y de producción. “Por ahora el impacto es acotado, pero es un factor a seguir de cerca”, concluyó.

La ventana de divisas clave para el Banco Central

Sebastián Coria Saenz, estratega del mercado local en Quinto, aseguró a este medio que la campaña agrícola 2025/2026 podría representar una ventana macroeconómica significativa para la Argentina.

Advirtió que la combinación de una cosecha cerca de niveles récord en volúmenes y un contexto internacional que favorece los precios de los commodities abre la posibilidad de un flujo “significativo de divisas durante el segundo trimestre del año”.

Coria Saenz recordó que habitualmente, entre abril y julio se concentra cerca del 40% de la liquidación anual del complejo agroexportador, lo que convierte a este período en una ventana crítica para la acumulación de reservas y la estabilización del mercado cambiario.

El estratega aseguró que el fortalecimiento de la hoja de balance del BCRA es una condición necesaria, aunque no suficiente, “para consolidar una compresión de la prima de riesgo soberano”. Respecto a la trayectoria esperada para el tipo de cambio, dijo que el escenario prospectivo está sujeto a la interacción de múltiples variables internas y externas.

“Por el lado de la oferta, una liquidación robusta de la cosecha gruesa, complementada por el ingreso de divisas provenientes de emisiones de deuda corporativa y subsoberana, contribuye a contener las presiones cambiarias. Simultáneamente, la vigencia de tasas de interés reales levemente positivas desincentiva, en el margen, la dolarización de portafolios”, comentó Coria Saenz.

En el plano internacional, el experto opinó que el recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente ha impulsado una apreciación del dólar estadounidense frente a las monedas de países desarrollados, una dinámica que, en el mediano plazo, “podría impactar también sobre las divisas de mercados emergentes”.

Y en materia de términos de intercambio, la escalada del conflicto también generó un impacto favorable para la Argentina, “al impulsar alzas en las cotizaciones internacionales de los principales commodities”.