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Las inversiones y el mercado tienen mucho que decir sobre la forma en que las personas utilizan su dinero y cómo intentan conseguir réditos. Durante años, las conductas han sido rastreadas por diversos estudios y los resultados, en algunas ocasiones, van en contra del sentido común.
Por ejemplo, la industria financiera construyó un estereotipo difícil de derribar: que los varones son mejores inversores porque asumen más riesgos, operan más y se sienten más cómodos en los mercados.
Sin embargo, la evidencia apunta a otro lugar: aunque las mujeres siguen invirtiendo menos dinero, comienzan a hacerlo más tarde y enfrentan mayores obstáculos para construir patrimonio, sus resultados suelen ser superiores a los de los hombres.
Los datos más recientes refuerzan una tendencia que los investigadores vienen observando desde hace décadas.
Un análisis de Wells Fargo sobre más de 50.000 cuentas de inversión entre 2018 y 2024 concluyó que las mujeres solteras obtuvieron mejores retornos ajustados por riesgo que los hombres solteros, mientras que las cuentas conjuntas lideradas por mujeres registraron los mejores resultados de todas las categorías analizadas.
¿Por qué las mujeres son mejores invirtiendo?
La explicación no pasa por apuestas más agresivas ni por una mayor sofisticación financiera, sino por una combinación de paciencia, disciplina y una visión de largo plazo.
La misma conclusión surge del Charles Schwab Women Investors Survey 2025, una encuesta realizada entre 1.200 mujeres estadounidenses con activos invertibles.
El estudio encontró que el 90% considera que está en camino de alcanzar sus objetivos financieros y que el 80% prioriza metas de largo plazo por encima de las ganancias inmediatas. Además, el 89% se siente confiada en su estrategia de inversión.
Los investigadores atribuyeron esa diferencia a una menor frecuencia de operaciones, una mayor diversificación y una menor exposición a activos especulativos.
Lejos de la imagen de una inversora excesivamente conservadora, Schwab detectó que tres de cada cuatro mujeres están dispuestas a asumir riesgos si consideran que la relación entre riesgo y retorno es adecuada. Solo el 25% afirmó evitar el riesgo en la mayoría de los casos.
Pero lo más interesante aparece cuando se les pregunta cuáles consideran sus principales fortalezas como inversoras. La paciencia ocupa el primer lugar, mencionada por el 50% de las encuestadas. Le siguen la disciplina, con el 45%; la consistencia para invertir regularmente, con el 33%; y la planificación estratégica, con el 32%.
Esos rasgos coinciden casi perfectamente con lo que los estudios académicos identifican como los factores detrás del mejor desempeño femenino en los mercados.
Un trabajo de la Warwick Business School encontró que las carteras administradas por mujeres superaron a las de los hombres en aproximadamente 1,8 puntos porcentuales por año.
Los investigadores atribuyeron esa diferencia a una menor frecuencia de operaciones, una mayor diversificación y una menor exposición a activos especulativos.
La explicación también tiene un componente psicológico. Los hombres suelen exhibir mayores niveles de sobreconfianza financiera y esa confianza excesiva los lleva a operar más, intentar anticipar movimientos del mercado y modificar sus carteras con mayor frecuencia.
En cambio, las mujeres tienden a investigar más antes de tomar una decisión y, una vez que construyen una estrategia, son más propensas a respetarla.
Paciencia, el centro de la estrategia de inversión femenina
Los datos de Schwab parecen respaldar esa hipótesis. Entre las principales lecciones aprendidas por las inversoras, el 58% destacó la importancia de mantenerse en la inversión pese a la volatilidad de los mercados, el 57% mencionó la necesidad de respetar la propia tolerancia al riesgo y el 54% señaló la diversificación como una herramienta fundamental.
Paradójicamente, las mujeres siguen enfrentando más barreras para invertir. Según la encuesta, la edad promedio de inicio es de 31 años y el 85% asegura que le hubiera gustado comenzar antes.
El 65% reconoce que demoró la construcción de patrimonio porque no tenía ingresos suficientes para destinar al ahorro y la inversión.
Cuando se les pregunta por los principales obstáculos, el 54% menciona la falta de educación financiera y el 53% la escasez de recursos económicos.
Además, el 31% considera que los menores salarios limitan su capacidad para invertir, mientras que una de cada cinco señala que las interrupciones laborales vinculadas al cuidado de hijos o familiares también afectaron su acumulación de riqueza.
Los saldos acumulados en cuentas de jubilación siguen siendo significativamente inferiores a los de los hombres, producto de la brecha salarial y de trayectorias laborales y de inversión más interrumpidas o tardías.
Más mujeres invirtiendo, más audacia
El estudio de Schwab revela que el 91% de las mujeres siente que gestionar sus inversiones le genera empoderamiento y el 83% afirma que invertir es una actividad que disfruta.
También destaca una creciente disposición a informarse: el 61% recurre a profesionales financieros, el 41% utiliza búsquedas en internet y una proporción creciente ya consulta herramientas basadas en inteligencia artificial.
Los datos siguen mostrando que las estrategias que generan mejores resultados suelen ser mucho menos espectaculares: invertir de manera constante, mantener una visión de largo plazo, evitar decisiones impulsivas y no abandonar el mercado en momentos de turbulencia.