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En los últimos dos años, Wall Street encontró en la inteligencia artificial su principal motor de ganancias. Nvidia, los centros de datos y los gigantes de la nube concentraron buena parte del entusiasmo inversor mientras el mercado apuesta a una revolución tecnológica que muchos expertos comparan con la llegada de Internet.
Ahora Goldman Sachs cree que esa historia entra en una nueva etapa.
En dos informes especiales publicados esta semana, el banco de inversión sostiene que la discusión ya no debería centrarse en cuántos empleos destruirá la IA, sino en “cómo cambiará la productividad de las empresas y, en consecuencia, la próxima generación de ganadores en la bolsa”.
La conclusión del gigante de Wall Street es menos alarmista de lo que muchos esperaban: Goldman no cree en un “apocalipsis laboral”, como otros grandes bancos o CEOs de las big tech.
Sin embargo, sí advierte que la transformación del mercado de trabajo ya comenzó y que sus primeros efectos son visibles en sectores donde la inteligencia artificial pasó de ser una promesa a una herramienta cotidiana.
El empleo cambia antes de que aparezcan los despidos
Uno de los hallazgos más destacables del informe es que la IA todavía “no provocó una destrucción masiva del empleo en Estados Unidos”.
El banco analizó la evolución del mercado laboral y concluyó que los datos agregados aún no muestran un aumento significativo del desempleo atribuible a la IA.
Sin embargo, sostiene que eso no significa que “nada esté ocurriendo”. Según Goldman, el primer efecto de la inteligencia artificial aparece en la contratación.
Las empresas comenzaron a incorporar “menos personal en actividades donde la IA ya puede realizar parte del trabajo”.
Esa desaceleración se observa tanto en sectores tradicionales, como administración de oficinas, consultoría, diseño gráfico y centros de atención telefónica o atención al cliente, como en industrias tecnológicas vinculadas al desarrollo de software y procesamiento de datos.
Según el banco, “antes de despedir trabajadores, las compañías simplemente dejan de cubrir nuevas vacantes porque parte de esas tareas ya puede ser realizada por modelos de inteligencia artificial”.
Goldman estima que 15 millones de trabajadores podrían ser desplazados
El economista Joseph Briggs, del banco, proyecta que más del 9% de la fuerza laboral estadounidense, es decir, unos 15 millones de personas, podría verse desplazada durante un proceso de adopción de la IA que se extendería aproximadamente diez años.
Sin embargo, el experto insiste en que desplazamiento no significa desempleo permanente.
La tesis central es que la inteligencia artificial destruirá ocupaciones existentes, pero también generará otras nuevas, del mismo modo que ocurrió durante anteriores revoluciones tecnológicas.
Goldman recuerda que la economía estadounidense crea normalmente entre 25 y 35 millones de nuevos empleos por año, un dinamismo que, a su juicio, “permitirá absorber buena parte de los trabajadores desplazados durante la transición”.
La verdadera discusión: reemplazar personas o potenciar trabajadores
Gran parte del informe gira alrededor de una pregunta:¿La inteligencia artificial se utilizará para sustituir trabajadores o para volverlos más productivos?
El premio Nobel de Economía Daron Acemoglu sostiene que hoy la industria está invirtiendo mucho más en reemplazar personas que en desarrollar herramientas capaces de complementar su trabajo.
A su juicio, esa decisión determinará el impacto económico de la IA durante la próxima década.
Si la inversión continúa enfocándose en automatizar tareas humanas, las pérdidas de empleo podrían acelerarse.
En cambio, si el desarrollo tecnológico prioriza herramientas que aumenten la productividad de los trabajadores, el resultado económico podría ser considerablemente más favorable.
Los trabajos con mayor riesgo
Goldman identifica un patrón común entre los puestos más expuestos.
Se trata de empleos que combinan tareas cognitivas, rutinarias y altamente predecibles.
Entre ellos aparecen:
- atención al cliente;
- back office;
- administración;
- procesamiento documental;
- parte del diseño gráfico;
- funciones rutinarias dentro del desarrollo de software.
Por el contrario, los trabajos que requieren creatividad, juicio profesional, innovación constante o interacción humana compleja serán mucho más difíciles de automatizar con la tecnología disponible actualmente.
La IA todavía necesita demostrar que puede generar ganancias
La conclusión más importante para los inversores aparece en el último tramo del documento.
Goldman sostiene que el mercado aún no recompensa a las empresas que prometen ahorrar costos laborales gracias a la inteligencia artificial.
La razón es que todavía no existe evidencia suficiente de que esa mayor productividad se traduzca en beneficios sostenibles.
Por eso los inversores privilegian el llamado “AI infrastructure trade”: fabricantes de chips, centros de datos, proveedores de nube y empresas vinculadas a la infraestructura necesaria para desarrollar modelos de inteligencia artificial, puesto que allí las ganancias ya son visibles.
En cambio, las compañías que utilizan IA para mejorar su productividad todavía deben demostrar que esos avances se reflejan en mayores márgenes y ganancias corporativas.
No obstante, Goldman cree que esa situación no será permanente.
El banco anticipa que el próximo capítulo de la revolución de la IA comenzará cuando las empresas demuestren que pueden producir más con menos recursos gracias a la inteligencia artificial.
En ese momento, el mercado dejará de premiar únicamente a quienes venden la tecnología y empezará a valorar también a quienes sepan utilizarla para aumentar su rentabilidad.
La apuesta, entonces, dejará de concentrarse exclusivamente en fabricantes de chips o centros de datos para expandirse hacia compañías capaces de convertir la IA en un incremento sostenible de sus ganancias.
Para Goldman Sachs, esa será la verdadera prueba de fuego de la revolución tecnológica.