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Tal como esperaba el mercado, la Fed decidió mantener la tasa de interés de referencia en el rango del 3,50% al 3,75%, pero, en su decisión más dividida desde 1992, expresó preocupación por la inflación.
La decisión recogió tres votos en contra de funcionarios que ya no consideran que el banco central estadounidense deba mostrar una inclinación hacia la reducción de tasas.
Un cuarto voto en contra en la reunión se pronunció a favor de una baja de tasas de un cuarto de punto porcentual. “La inflación es alta, lo que refleja en parte el reciente aumento de los precios mundiales de la energía”, dijo la Fed en su comunicado de política monetaria, un cambio respecto de la redacción anterior, que afirmaba que la inflación era solo “levemente” elevada.
“Los acontecimientos en Medio Oriente contribuyen a un alto nivel de incertidumbre sobre las perspectivas económicas”, agregó. La votación de 8 a 4 fue la más dividida desde el 6 de octubre de 1992 y muestra la variedad de opiniones a las que se enfrentará el próximo jefe de la Fed, Kevin Warsh, a la hora de llevar a cabo los recortes de tasas que el presidente Donald Trump dice esperar del sucesor de Jerome Powell, cuyo mandato como jefe del banco central finaliza el 15 de mayo.
Desde el equipo de Balanz destacaron que la decisión de la Fed “no fue unánime dentro del comité de política monetaria”.
Según el broker, Stephen Miran votó a favor de un recorte de 25 puntos básicos, mientras que Beth Hammack, Neel Kashkari y Lorie Logan se inclinaron por mantener la tasa sin cambios y, además, “rechazaron introducir un sesgo bajista en la política monetaria, marcando un giro respecto a la postura adoptada en marzo”.
En cuanto al comunicado, destacaron que la Fed incorporó con mayor énfasis el impacto del conflicto en Medio Oriente, señalando que los desarrollos en la región están elevando la incertidumbre sobre el panorama económico.
A nivel de actividad, Balanz destacó que la Fed sostuvo que los indicadores recientes muestran una expansión a un ritmo sólido, con una creación de empleo moderada y una tasa de desempleo prácticamente estable en los últimos meses.
En materia inflacionaria, el organismo reiteró que se mantiene elevada, en parte explicada por los recientes aumentos en los precios globales de la energía.
“En este contexto, y tras la suba del petróleo, el mercado comenzó a desarmar las expectativas de recortes de tasas para 2026 e incluso empieza a incorporar ajustes al alza, todavía marginales, hacia 2027″, dijeron.
En la previa de la decisión, los rendimientos de los bonos del Tesoro ya venían bajo presión y extendieron esa dinámica tras el comunicado: la tasa a 2 años se ubica en torno al 3,93% y la de 10 años cerca del 4,4%, con subas de aproximadamente 10 y 6 puntos básicos respecto del cierre previo.
Powell dice que apoyará a Warsh cuando sea posible
El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, afirmó que, una vez finalice su mandato como titular del organismo, volverá a su rol como gobernador e intentará respaldar al próximo presidente de la Fed, Kevin Warsh, sin actuar como un “presidente en la sombra” que busque ejercer una influencia desmedida sobre la política monetaria.
“Eso es algo que nunca haría, lo del presidente en la sombra”, dijo Powell en conferencia de prensa. Allí también señaló que permanecerá en el directorio por un período no especificado tras el fin de su mandato en mayo, manteniendo un “perfil bajo”.
Recordó que, durante sus seis años previos como gobernador, comprendió el rol y la dificultad que enfrenta el titular de la Fed para lograr consensos dentro del comité.
“No quiero complicar eso innecesariamente. Eso implica tratar de apoyar la dirección que el presidente quiera tomar, si es posible”, sostuvo. “Y si no es posible, no lo es. Así es como siempre ha funcionado”.
Sobre el mercado laboral
Además señaló que el mercado laboral muestra cada vez más señales de estabilidad, un factor que le da margen al organismo para adoptar una postura de “esperar y ver” frente al impacto de los precios del petróleo sobre la inflación núcleo.
En ese sentido, afirmó que el actual nivel de tasas de interés es consistente con ejercer una presión moderada a la baja sobre la inflación, algo que consideró apropiado en el contexto actual.
Powell también remarcó que en esta reunión hubo mayor respaldo interno para eliminar el sesgo expansivo que en el encuentro previo de marzo. Sin embargo, no acompañó ese cambio en el lenguaje, al considerar que no hay urgencia, y dejó abierta la posibilidad de introducir esa modificación en la reunión de junio.
En paralelo, Powell indicó que continuará formando parte del directorio de la Fed “por un tiempo” tras dejar la presidencia, hasta que concluya completamente la investigación de la administración de Donald Trump sobre la renovación de la sede del organismo.
Hacia adelante, dentro del organismo esperan que los precios del petróleo se moderen una vez finalice el conflicto con Irán, aunque reconocen que no pueden ignorar el riesgo de que los mayores costos energéticos se filtren a la inflación general.
Cinco cosas que el próximo presidente de la Fed debería saber
Según Richard Bernstein, responsable global de macro y estrategias personalizadas en Janus Henderson, el contexto actual de desglobalización e inflación expone que la Reserva Federal (Fed) podría estar operando con un marco conceptual desactualizado, incluida su meta del 2% de inflación.
“Durante décadas, la globalización actuó como ancla desinflacionaria al intensificar la competencia y abaratar costos. Ese proceso se está revirtiendo: la inflación retoma impulso, la competencia se reduce y las disrupciones en las cadenas de suministro se vuelven más frecuentes” aseguró.
En ese marco, Bernstein planteó cinco puntos clave. Primero, el paralelismo con los años 60 y el esquema “Guns & Butter”. A diferencia de la comparación habitual con los shocks petroleros de los 70, los precios de la energía —medidos contra salarios— aún no alcanzan niveles que destruyan demanda.
Por eso, una desaceleración asociada a la energía sería más consistente con restricciones de oferta que con caída del consumo. El escenario actual se parece más a los 60: fuerte expansión del gasto en defensa combinada con estímulos fiscales, en un contexto donde la política monetaria podría mantenerse acomodaticia. El antecedente histórico es claro: se subestimó el impacto inflacionario.
Segundo, la Regla de Taylor hoy sugiere subir tasas. Este marco, diseñado para reducir discrecionalidad en la política monetaria, muestra, en todas sus variantes publicadas por la Fed de Atlanta, que la tasa de referencia debería ubicarse en niveles más altos. La divergencia entre esa señal técnica y la discusión actual sugiere que los factores políticos están pesando más de lo habitual.
Tercero, Estados Unidos volvió a importar inflación. Si durante la globalización los precios de importación ayudaban a contener la inflación doméstica, hoy ocurre lo contrario: crecen a un ritmo cercano al 3,5% anual y ya superan la inflación núcleo, reflejando el cambio de régimen.
Cuarto, la inteligencia artificial no garantiza un salto estructural en productividad. La evidencia de largo plazo muestra que, pese a sucesivas revoluciones tecnológicas, la productividad tendencial en EE.UU. se desaceleró en los últimos 75 años. Apostar a que la IA revierta ese patrón implica asumir un escenario que no tiene antecedentes, concluyó.