Mientras que el real ganó su máximo de tres semanas el 21 de noviembre pasado en medio del optimismo de que el cambio de gabinete que se avecina ayude a apuntalar la economía brasileña, los extranjeros están apostando por más caídas de la moneda después de que se debilitara a un mínimo de nueve años este mes.
Los contratos de futuros en el extranjero apostando contra el real se han disparado un 30% desde el 29 de septiembre pasado a u$s 31,3 mil millones la semana pasada, según datos compilados por la bolsa de San Pablo. Eso es sólo un 8,6% por debajo del récord.
Los operadores de opciones son más pesimistas que cualquiera de sus pares, porque un aumento en el gasto del gobierno, junto con la intervención del Estado en la economía, ha dejado a Brasil con el déficit presupuestario más amplio en una década y casi un nulo crecimiento.
"Hay presión para una mayor depreciación", dijo Marcelo Assalin, de ING Investment Management. "Los inversores y el mercado en general están buscando señales de mejora para la economía brasileña. La gente no quiere ver más de lo mismo".
El real cayó a 2,6287 por dólar el 14 de noviembre, el nivel más bajo desde abril de 2005, antes de recuperarse para cerrar en 2,5461 ayer. Los operadores pagan 3 puntos porcentuales más por opciones que les permitan vender que para contratos de compra.
Rousseff podría recuperar a los inversores cuando seleccione a su próximo ministro de Finanzas. El diario Folha de S. Paulo informó que Joaquim Levy, jefe de Bradesco Asset Management y ex secretario del Tesoro, reemplazará a Guido Mantega.
Incluso con un equipo económico viable, el real seguirá disminuyendo debido a que las "mejoras sustantivas" en la política económica, como los grandes recortes de gastos y la eliminación de los subsidios, no son políticamente factibles, dijo Eamon Aghdasi, estratega de Societe Generale.
Por mucho que el real haya caído bajo Rousseff, sigue siendo caro porque la creciente inflación ha erosionado la competitividad de los exportadores. Ajustado por inflación, el real es 21% más caro que a finales de 2008, según Barclays.