La agenda de reformas estructurales que adelanta el gobierno de Javier Milei empieza a ser leída por el mercado no solo como un programa de estabilización, sino como un potencial disparador de inversiones de largo plazo. En diálogo con El Cronista, Diego González Bravo, Managing Partner de Draper Cygnus y vicepresidente de Capital Emprendedor en ARCAP, analizó cómo las reformas económicas, laborales y fiscales pueden redefinir el mercado de capitales.

En ese contexto, el capital emprendedor, históricamente sensible al marco macro y regulatorio, empieza a mirar a la Argentina con un prisma más estratégico y puede redefinir el mapa de inversiones, especialmente en sectores de tecnología profunda, y atraer la atención de los inversores globales.

Cabe recordar que Draper Cygnus es un fondo de venture capital con base en la Argentina enfocado en Deep Tech, es decir, startups de alta complejidad tecnológica y científica.

Forma parte de la red global Draper, vinculada al ecosistema fundado por Tim Draper en Silicon Valley, lo que le da acceso a deal flow, coinversiones y conexiones internacionales.

A diferencia de los fondos que priorizan ecommerce o fintech, Draper Cygnus apunta a compañías con base científica fuerte, barreras tecnológicas altas y vocación global desde el día uno.

¿Las reformas económicas están generando un nuevo tipo de inversión o solo corrigen distorsiones previas?

Primero corrigen distorsiones. Veníamos de años de déficit crónico, inflación estructural y reglas cambiantes. Sin equilibrio fiscal y estabilidad macro no hay inversión de largo plazo.

Lo que empieza a cambiar ahora es el marco. Cuando el mercado percibe disciplina fiscal sostenida y reglas más previsibles, aparecen inversiones que antes no eran viables. No es inmediato, pero el proceso arranca por ahí.

En venture capital, y particularmente en Deep Tech, la estabilidad es condición necesaria. Son proyectos intensivos en capital y en tiempo. Si el nuevo esquema macro se consolida, eso habilita decisiones que antes estaban postergadas.

Diego González Bravo, Managing Partner de Draper Cygnus y vicepresidente de Capital Emprendedor en ARCAP.

¿Qué tipo de inversiones pueden acelerarse bajo este nuevo modelo?

Infraestructura tecnológica, energía aplicada a tecnología, inteligencia artificial, data centers. Son sectores que requieren estabilidad regulatoria y previsibilidad en costos.

Argentina tiene recursos energéticos, talento técnico y una posición geopolítica favorable. Si el equilibrio fiscal se sostiene y el marco regulatorio acompaña, pueden aparecer inversiones estructurales, no solo tácticas.

El capital global hoy prioriza sectores estratégicos. Defensa, infraestructura de IA, energía. Cuando un país ordena su macro y reduce riesgo sistémico, entra en el radar para ese tipo de proyectos.

La reforma laboral fue uno de los ejes centrales. ¿Qué señal envía al inversor?

Reduce incertidumbre. La litigiosidad laboral siempre fue un factor de riesgo que se incorporaba en cualquier modelo financiero. Para startups muy tempranas el impacto directo es menor, porque nacen con equipos chicos y foco global. Pero a nivel sistémico, bajar riesgos laborales mejora la competitividad del país.

El inversor internacional no mira solo un punto aislado. Evalúa la ecuación completa: costos laborales, presión impositiva, estabilidad macro, logística, acceso a talento. La reforma laboral es una pieza dentro de un tablero más amplio.

¿Qué falta para que el flujo de capital se consolide?

Sostenibilidad. El mercado quiere ver que el equilibrio fiscal no es transitorio. El diferencial del momento actual es el foco en déficit cero. Sin déficit no hay inflación estructural ni crisis recurrentes de deuda. La Argentina tiene antecedentes de cambios bruscos entre administraciones. Por eso la cautela es lógica. El capital evalúa el trade-off entre esperar confirmación o entrar temprano y capturar upside.

Si el nuevo marco perdura, la compresión de riesgo puede ser significativa y eso impacta directamente en valuaciones y en acceso a financiamiento.

¿Se ve ya un cambio en valuaciones o en dinámica de inversión?

En términos generales, las valuaciones globales son más razonables que en el pico del ciclo anterior. Pero en Deep Tech hay segmentos donde siguen firmes. Inteligencia artificial, infraestructura de cómputo, defensa y espacio mantienen múltiplos elevados porque responden a prioridades estratégicas globales.

Si Argentina logra posicionarse como proveedor de talento e infraestructura en esos verticales, puede capturar parte de ese flujo. Pero eso requiere consistencia macro y continuidad de políticas.

¿Qué impacto estructural podrían tener estas reformas en el ecosistema emprendedor?

Si se consolida el modelo, el cambio es profundo. No se trata solo de que haya más startups, sino de que puedan escalar desde Argentina con menos fricción regulatoria y menor costo de capital. El capital emprendedor es extremadamente sensible al riesgo país. Cuando ese riesgo baja, el costo de financiamiento implícito también baja. Eso mejora retornos esperados y amplía el universo de proyectos financiables.

Las reformas apuntan a eso: reducir riesgo sistémico. Si esa reducción es creíble y sostenida, la inversión no será contracíclica, sino estructural.

Si tuviera que sintetizar el momento actual frente a inversores globales, ¿qué diría?

Es una ventana de oportunidad con un cambio de modelo basado en disciplina fiscal y equilibrio macro, algo que Argentina no mostraba desde hace décadas. La oportunidad está. La diferencia la hará la consistencia en el tiempo. En inversión, la narrativa abre puertas; la continuidad es la que consolida capital.