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Un error frecuente al comenzar a invertir en el mercado de capitales es armar una cartera buscando únicamente el rendimiento más alto de la pantalla. En el universo de la renta fija, mirar una tasa de interés de forma aislada, sin entender qué riesgo económico corre ese activo, suele terminar en pérdidas ocultas.
En Argentina existen distintas opciones de bonos. Ninguna es mejor que otra de forma absoluta ya que cada una fue diseñada por su emisor para cubrir un riesgo macroeconómico específico, como la inflación o la devaluación.
Por eso, antes de analizar precios o rendimientos, la primera pregunta no debe ser ¿cuánto paga?, sino ¿para qué estoy ahorrando este dinero? Pero veámoslo en detalle.
El objetivo del ahorro determina la elección del bono
Antes de examinar gráficos y planillas financieras, todo inversor debe definir el propósito de su capital a través de cinco preguntas básicas:
- ¿Necesito mantener el poder de compra de mis pesos? (Acompañar el costo de vida).
- ¿Mi meta final es acumular dólares? (Para un gasto futuro en esa moneda o preservar patrimonio).
- ¿Busco obtener ingresos periódicos? (Cobrar un flujo de fondos regular).
- ¿Puedo dejar el dinero invertido hasta que el bono venza? (Horizonte temporal).
- ¿Voy a necesitar retirar el capital antes? (Necesidad de liquidez).
Las respuestas conducen a instrumentos totalmente diferentes. Quien ahorra en pesos para un gasto con fecha fija dentro de tres meses necesita una previsibilidad muy distinta a quien planifica un fondo de retiro a largo plazo. Colocar el dinero en el bono equivocado, incluso en uno que ofrezca una tasa alta, puede destruir el valor de la inversión medida en la moneda que verdaderamente se necesita.
Cómo funciona un bono en la práctica
Un bono es un instrumento financiero que representa una deuda. Al comprarlo, el inversor le presta dinero al emisor (el Estado Nacional, una provincia o una empresa privada). A cambio, el emisor se compromete por contrato a devolver ese capital en fechas preestablecidas y a pagar un interés por el préstamo.
Para operarlos de forma consciente, es necesario dominar sus conceptos estructurales:
Valor Nominal (VN)
El monto de la deuda original sobre el cual el emisor calcula los intereses.
Cupón
El interés que paga el bono. Puede ser fijo, variable o indexado.
Amortización
La forma en que el emisor devuelve el capital prestado. Los bonos con estructura bullet devuelven todo junto el último día, otros lo van pagando en cuotas periódicas.
Precio Sucio (Dirty Price)
Es el precio real de cotización en el mercado secundario. Incluye el valor del título más los intereses que se vinieron acumulando desde el último pago (intereses corridos). Es el precio que efectivamente se paga al operar.
Tasa Interna de Retorno (TIR)
Es el rendimiento anualizado teórico que dará el bono. Es un dato condicional: solo se cumple si el inversor mantiene el título hasta su vencimiento, si reinvierte cada cupón a esa misma tasa y si el emisor paga en tiempo y forma.
Mantener hasta el vencimiento vs. vender antes
Si un inversor conserva el bono hasta el último día de su contrato, conocerá de antemano el flujo de fondos exacto que va a percibir. En ese caso, las fluctuaciones diarias de los precios en el mercado no afectan su ganancia final.
Al contrario, si decide vender el bono antes del vencimiento en el mercado secundario, el rendimiento dependerá del precio de cotización de ese día.
Si las tasas de interés generales subieron, el precio del bono en la pantalla probablemente habrá caído, y el inversor se verá expuesto a una pérdida si se ve obligado a liquidar la posición de forma anticipada.
Uno por uno, los tipos de bonos en los que podés invertir
El menú local se divide según el tipo de ajuste y la moneda de pago que establece el contrato de emisión de cada título. En las plataformas de inversión (brokers), estas categorías se identifican mediante códigos específicos llamados tickers.
Bonos a tasa fija en pesos
Pagan un cupón de interés invariable que se conoce desde el primer día. Se los encuentra habitualmente bajo la denominación de Bocon o Incentiva según la emisión. Un ejemplo de referencia histórica para esta estructura de tasa fija nominal a largo plazo ha sido el bono TO26.
Suelen ser útiles en escenarios de desinflación o cuando las tasas de interés del mercado muestran una tendencia a la baja, ya que permiten fijar un rendimiento nominal antes de que el resto de las tasas desciendan.
La inflación es el riesgo principal. Si el índice de precios se acelera por encima de la tasa fija contratada, el capital perderá poder adquisitivo en términos reales.
Bonos ajustados por CER (Indexados)
Son títulos cuyo capital se actualiza diariamente según el Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER), que replica la inflación oficial medida por el INDEC.
Se los conoce genéricamente como Boncer (Bonos del Tesoro en pesos ajustados por CER) o Lecer (Letras ajustadas por CER). Sus códigos en las pantallas bursátiles suelen comenzar con las letras TX (como TX26 o TX28) o con la letra T combinada con el año de vencimiento (como T2X5).
Protegen el poder de compra del capital en pesos, pagando una pequeña tasa de interés real por encima de la inflación acumulada.
Entre sus limitaciones figura que no ofrecen cobertura ante movimientos del dólar financiero ni garantizan retornos medidos en moneda extranjera.
En cuanto al riesgo, el rezago temporal con el que se publica la inflación oficial y la volatilidad del precio en el mercado secundario si no se mantiene el activo hasta su vencimiento.
Bonos a tasa variable (Badlar)
El rendimiento de estos títulos está ligado a una tasa de interés de referencia del sistema bancario, la tasa Badlar (el interés promedio que pagan los bancos privados por depósitos a plazo fijo de más de un millón de pesos).
En el mercado, éstos se listan bajo la etiqueta de Bonos Badlar o dentro de las series de Bono de Consolidación. Un ejemplo característico en los listados ha sido el título PR15.
¿Cómo funcionan?
Pagan la tasa de referencia más un margen fijo estipulado en el contrato (spread).
Al ajustar su interés según la política monetaria del momento, el precio de estos bonos en la pantalla suele ser más estable frente a cambios bruscos en las tasas de interés de la economía.
El riesgo que acompaña a estos bonos es que la tasa bancaria de referencia rinda por debajo de la inflación real durante el período de la inversión.
Bonos Dólar Linked
Son instrumentos denominados en dólares, pero toda su operatoria se realiza en pesos. Se suscriben en pesos y, al pagar intereses o amortización, entregan pesos calculados al tipo de cambio oficial de referencia.
Éstos figuran directamente clasificados como Bonos del Tesoro Vinculados al Dólar y buscan cubrir al inversor ante un salto devaluatorio del dólar oficial mayorista.
El inversor no recibirá dólares billete al vencimiento. Tampoco replican el movimiento de los tipos de cambio financieros (Dólar MEP o Contado con Liquidación). Si la brecha cambiaria aumenta pero el oficial se queda quieto, este bono no captura esa suba.
Bonos en dólar billete (Hard Dollar)
Son títulos emitidos en moneda extranjera que pagan sus compromisos (intereses y capital) exclusivamente en dólares billete o transferencia de divisas. Constituyen el núcleo de la deuda pública argentina.
Éstos se dividen en dos familias según su marco jurídico:
Bonos Bonares
Emitidos bajo legislación local (sujetos a tribunales argentinos). Sus códigos en pantalla comienzan con las letras AL (los más líquidos y operados son el AL30 y el AL35).
Bonos Globales
Emitidos bajo legislación extranjera (tribunales de Nueva York). Sus códigos comienzan con las letras GD (como el GD30, GD35 o GD38).
Diferencia de legislación: El marco legal modifica las condiciones de negociación y los niveles de protección jurídica ante eventuales procesos de reestructuración de deuda.
Tené presente el riesgo de crédito (la probabilidad de que el emisor no tenga acceso a los dólares para pagar) y el riesgo de precio en el mercado secundario si el inversor necesita vender antes.
Bonos: diferentes objetivos requieren diferentes referencias
La utilidad de un bono cambia por completo según la unidad de medida que use el inversor para evaluar sus metas.
Caso A: preservar capacidad de compra en pesos:
Si un ahorrista debe afrontar el costo de una reforma en pesos dentro de un año, un bono ajustado por CER (TX26) se alinea con su objetivo porque se actualiza por precios.
Si eligiera un bono en dólares (AL30), asumiría un riesgo innecesario: si el tipo de cambio se mantiene estable pero los materiales de construcción suben en pesos, el inversor habrá perdido capacidad de compra real para su obra.
Caso B (mantener patrimonio dolarizado)
Si la meta es constituir un fondo de reserva en moneda extranjera a largo plazo, colocar el capital en bonos a tasa fija en pesos (TO26) expone el portafolio a un riesgo cambiario que contradice el objetivo de preservación.