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El crédito al sector privado volvió a expandirse con fuerza en la Argentina durante 2025, impulsado por el reordenamiento macroeconómico y el retiro progresivo del Estado del sistema financiero.
Sin embargo, el último Informe de Estabilidad Financiera (IEF) del Banco Central dejó en claro que, pese al rebote, el nivel de financiamiento sigue bajo en términos históricos y regionales, lo que limita por ahora cualquier lectura de “boom crediticio”.
Según el documento, el crédito a empresas y familias alcanzó en octubre el 13,6% del Producto Bruto Interno (PBI), con un aumento de 2,5 puntos del producto en apenas siete meses y una suba interanual de 5,1 puntos.
El avance permitió superar levemente el promedio argentino de los últimos 30 años, aunque el contraste con la región es marcado: el promedio de crédito en América Latina ronda el 44% del PBI, más de tres veces el nivel local.
El cambio de fondo se explica por un fenómeno clave: el crowding in del crédito al sector privado. A lo largo de 2025, los bancos redujeron de manera sostenida su exposición al sector público y volvieron a canalizar recursos hacia empresas y hogares.
Como resultado, el crédito privado ya representa 43,8% del activo total del sistema financiero, mientras que el financiamiento al sector público cayó a 27,7%. En los bancos públicos, incluso, el crédito al sector privado volvió a superar al destinado al Estado por primera vez en más de seis años.
El motor de esta recuperación fue claramente el segmento corporativo. El financiamiento a empresas creció 24% real entre marzo y septiembre y 22,7% interanual, traccionado principalmente por préstamos bancarios y financiamiento externo.
El informe destaca un mayor dinamismo en sectores vinculados a la producción primaria y los servicios, así como en regiones como la Patagonia, el NOA y el NEA, lo que sugiere una recomposición más productiva que especulativa del crédito.
En el caso de las familias, el crecimiento fue más moderado pero generalizado. El crédito a hogares avanzó cerca de 20% real, con un fuerte protagonismo de las líneas hipotecarias y prendarias. El consumo también mostró recuperación, aunque sin señales de sobreendeudamiento. De hecho, el Banco Central remarca que el nivel de endeudamiento de las familias continúa siendo bajo en términos históricos.
El crédito se frenó en la segunda mitad de 2025
Guillermo Barbero, socio de First Capital Group, comentó en diálogo con El Cronista que, 2025 fue un año partido en dos. “En la primera mitad, el crédito mostró un ritmo de crecimiento muy rápido y sostenido. Sin embargo, a partir de agosto, el escenario cambió, la suba de la tasa de interés y la menor disponibilidad de crédito frenaron casi automáticamente las nuevas colocaciones y dieron paso a una etapa de contracción”, comentó.
Hacia los últimos dos meses del año, aseguró Barbero, empezó a verse una recuperación lenta en el crédito comercial, aunque ese repunte todavía no se trasladó a los préstamos personales.
“Las tarjetas de crédito mostraron un comportamiento algo mejor, impulsadas por el regreso de las cuotas sin interés en la previa de las fiestas, lo que dio un leve empujón al crecimiento de esa cartera”, dijo el experto.
Por su parte, Leo Anzalone, director del CEPEC, dijo que en 2025 el crédito al sector privado mostró una recuperación clara, “aunque todavía acotada en términos estructurales”.
Dijo que, según los propios datos del BCRA, el crecimiento se concentró principalmente en crédito en pesos y en líneas de corto plazo, asociadas a capital de trabajo y financiamiento transaccional.
Para Anzalone, la expansión estuvo favorecida por la estabilización macro y la baja de la inflación, pero limitada por tasas reales todavía exigentes, prudencia del sistema bancario y una economía que recién comenzaba a recomponer demanda de financiamiento.
Crédito en moneda dura
Otro rasgo relevante del ciclo actual es el avance del crédito en moneda extranjera. Los préstamos en dólares crecieron más de 110% interanual, impulsados por prefinanciaciones de exportaciones y documentos comerciales.
Aun así, el informe subraya que los riesgos cambiarios permanecen contenidos: los descalces de moneda en los balances bancarios representan apenas 0,5% del capital regulatorio, un nivel históricamente reducido.
Desde el punto de vista del riesgo, el BCRA reconoce que los indicadores de mora comenzaron a mostrar un leve aumento durante el segundo semestre del año, en línea con la expansión del crédito.
No obstante, aclara que estos indicadores se mantienen en niveles acotados y que el sistema financiero cuenta con elevados colchones de capital y previsiones, lo que le otorga una posición sólida para absorber eventuales deterioros en la calidad crediticia.
Incluso al considerar el financiamiento en “sentido amplio” —que incluye obligaciones negociables, fideicomisos, tarjetas no bancarias y crédito externo—, el endeudamiento del sector privado alcanza 22,7% del PBI, un nivel que sigue siendo bajo para una economía de tamaño medio como la argentina.
La conclusión implícita del informe es que el crédito tiene margen para crecer, pero su expansión futura dependerá de la consolidación de la estabilidad macroeconómica, la baja de las tasas reales y la capacidad del sistema financiero para gestionar un escenario con mayor riesgo crediticio.
El IEF confirma que el crédito volvió a funcionar como engranaje de la economía real, pero advierte que el proceso recién comienza.
Lo que viene para 2026
Barbero indicó que las perspectivas para el año que viene son claras. “El crédito tiene que seguir creciendo. Argentina parte de niveles de crédito sobre PBI muy bajos, por lo que el margen de expansión es grande. Pero antes hay un escollo serio que resolver”, advirtió.
El primer desafío es ordenar el stock de deudas que se volvió irregular en el segundo semestre de 2025, comentó Barbero. Y agregó: “Hay muchos clientes con problemas de morosidad y, para que puedan volver a tomar crédito, es necesario regularizarlos”. Eso implica mejores tasas, plazos más largos y condiciones más flexibles.
Para el experto, es una tarea casi artesanal, que va a poner a prueba la capacidad del sistema financiero para gestionar y reestructurar una masa significativa de créditos.
En paralelo, la macro tiene que acompañar. Barbero aseguró que se necesita estabilidad financiera, baja de tasas de interés y extensión de plazos. Alargar los períodos de repago ayuda a ordenar muchos problemas —no todos, pero sí los menos graves— tanto en empresas como en personas, reduciendo cuotas y aliviando flujos. Sin estabilidad macro, esa normalización del crédito queda en el aire.
Anzalone, por su parte, anticipó que, para este año, el principal condicionante del crédito “será la consistencia entre política monetaria, esquema cambiario y acumulación de reservas”.
Si el proceso de desinflación se consolida y las tasas reales convergen a niveles compatibles con inversión, puede esperarse una profundización gradual del crédito en pesos y una extensión de plazos.