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Luego de más de una década en la que las acciones estadounidenses, y especialmente las grandes compañías tecnológicas, dominaron los mercados globales, Goldman Sachs cree que llegó el momento de empezar a mirar hacia otros horizontes.
Y no es porque la inteligencia artificial haya dejado de ser una oportunidad, sino porque el éxito de esa misma revolución modifica el perfil financiero de las empresas que hoy lideran el mercado.
En su último informe de estrategia global, el banco sostiene que las carteras de los inversores quedaron excesivamente concentradas en una misma apuesta: Estados Unidos, las mega-cap tecnológicas y la inteligencia artificial. Esa concentración, advierte, aumenta el riesgo de que cualquier decepción en la rentabilidad futura tenga un impacto desproporcionado sobre los portafolios.
El diagnóstico de Goldman parte de un dato contundente. Las empresas que lideran el boom de la IA como Amazon, Microsoft, Meta, Alphabet y Oracle están destinando prácticamente todo su flujo de caja operativo a inversiones en infraestructura, desde centros de datos hasta chips y capacidad de procesamiento.
El banco considera que ese fuerte aumento del capex puede traducirse en una caída de la rentabilidad sobre el capital (ROE) antes de que comiencen a materializarse plenamente los beneficios económicos de la inteligencia artificial.
A eso se suma otro factor: la tecnología ya representa cerca del 47% del mercado accionario estadounidense, muy por encima del peso histórico que Goldman considera consistente con una “cartera equilibrada entre distintos regímenes económicos”.
El problema, según el informe, no es que las tecnológicas sean malas inversiones, sino que la mayoría de los inversores depende demasiado de que continúen siendo las mejores.
Por eso, la recomendación no es vender Nvidia, Microsoft o Meta. La propuesta es otra: seguir expuesto a la inteligencia artificial, pero construyendo una cartera con más fuentes de retorno.
1. Aumentar la exposición a activos reales
La primera recomendación es incorporar una mayor participación de activos reales, especialmente en un contexto donde la inflación podría mantenerse más elevada y volátil que durante la década posterior a la crisis financiera de 2008.
Goldman sostiene que el mercado enfrenta cambios estructurales como desglobalización, transición energética, mayores necesidades fiscales y el propio boom de inversión en IA que podrían sostener una inflación más persistente.
En ese escenario, activos como el oro, las materias primas, infraestructura y determinados activos inmobiliarios pueden funcionar como una cobertura adicional.
El informe incluso muestra que una cartera más “neutral” frente a distintos escenarios macro tendría casi el doble de exposición al oro que el denominado “World Portfolio” actual.
2. Diversificar el estilo de inversión
La segunda estrategia consiste en dejar de depender exclusivamente del crecimiento de las grandes tecnológicas.
Goldman plantea que, si bien la inteligencia artificial seguirá siendo un motor de largo plazo, existen otros segmentos del mercado que podrían beneficiarse en un escenario donde la rentabilidad de los hyperscalers se modere.
Entre ellos menciona acciones de baja volatilidad, compañías con elevados dividendos y sectores de estilo value, que históricamente mostraron un mejor desempeño cuando las valuaciones tecnológicas dejaron de expandirse.
El banco también introduce el concepto HALO (Heavy Assets, Low Obsolescence), una estrategia orientada hacia compañías con activos físicos relevantes, barreras de entrada y menor riesgo de obsolescencia tecnológica.
3. Buscar oportunidades fuera de Estados Unidos
La tercera recomendación apunta a reducir el sesgo excesivo hacia el mercado estadounidense.
Durante los últimos años, la extraordinaria performance de Wall Street hizo que Estados Unidos representara una porción cada vez mayor de los índices globales. Sin embargo, Goldman recuerda que esa concentración también incrementa el riesgo de depender de un único escenario económico.
Por eso recomienda ampliar la diversificación regional incorporando mercados desarrollados fuera de Estados Unidos y algunas economías emergentes, especialmente en un contexto donde el liderazgo absoluto de las acciones estadounidenses podría comenzar a moderarse.
La idea no es apostar contra Estados Unidos, sino disminuir el riesgo de que toda la cartera dependa del mismo motor.
4. Mantener exposición a la IA mediante opciones
Goldman reconoce un problema evidente: reducir demasiado rápido la exposición tecnológica puede resultar muy costoso si el mercado continúa subiendo.
Históricamente, recuerda el informe, las acciones suelen registrar algunos de sus mejores rendimientos durante la etapa final de los mercados alcistas.
Para resolver esa tensión, propone utilizar estrategias con opciones, especialmente calls de largo plazo, que permiten mantener exposición al potencial alcista de la inteligencia artificial limitando parte del riesgo de una corrección.
También menciona los bonos convertibles como una herramienta interesante para capturar parte de las subas del mercado sin asumir toda la volatilidad propia de las acciones.
5. Incorporar estrategias alternativas
La última recomendación consiste en sumar activos cuya evolución no dependa exclusivamente de las bolsas tradicionales.
Goldman considera que, en un contexto donde las acciones cotizan con múltiplos elevados y los bonos podrían ofrecer menor protección frente a escenarios inflacionarios, las estrategias alternativas cobran mayor relevancia.
Entre ellas menciona hedge funds, estrategias macro, equity long/short, seguimiento de tendencias (trend following), deuda privada, infraestructura y otros activos con baja correlación respecto de las acciones tecnológicas.
El objetivo es construir una cartera capaz de generar retornos incluso si el liderazgo de las mega-cap comienza a perder fuerza.
Más allá de las recomendaciones concretas, el mensaje del informe es claro: el problema no es la inteligencia artificial.
Goldman sigue creyendo que la IA impulsará una mejora significativa de la productividad durante la próxima década. Sin embargo, advierte que existe una diferencia entre que una tecnología transforme la economía y que las empresas que hoy lideran esa revolución mantengan indefinidamente los extraordinarios niveles de rentabilidad que exhibieron hasta ahora.
De hecho, el banco proyecta que, salvo en un escenario extremadamente optimista de “Goldilocks + AI boom”, los retornos esperados para las acciones durante la próxima década serán inferiores al promedio histórico.
En cinco de los seis escenarios analizados, la recomendación implícita es reducir el peso relativo de la renta variable respecto del que hoy tienen las carteras globales.