En un país en el que la inflación es estructural y el sistema previsional se ve afectado por los problemas que tiene el mundo en ese frente (caída de la natalidad y mayor expectativa de vida), sumado a la deficiente actualización de haberes que reina hoy en las jubilaciones, pensar en un ingreso complementario para el momento del retiro no es una opción, es casi una necesidad. Pero también implica un desafío ya que es clave pensar en armar una cartera de largo plazo con activos que den cierto resguardo contra eventuales cambios de contexto.

En la City, los analistas recomiendan que lo mejor no es encontrar “la inversión perfecta”, sino, diseñar una estrategia diversificada, flexible y adaptada al perfil de cada ahorrista.

Antes de elegir instrumentos, hay dos preguntas fundamentales:

  • ¿Cuántos años faltan para el retiro?
  • ¿Qué nivel de volatilidad estoy dispuesto a tolerar?

No es lo mismo invertir a 30 años de la edad jubilatoria que a cinco. A mayor horizonte, mayor capacidad de asumir riesgo. Esto permite incluir activos más volátiles —como acciones— que históricamente ofrecen mejores retornos en el largo plazo.

En este sentido, Santos Barrio, CRO y cofundador de LB Finanzas señaló a El Cronista que “planificar el retiro suele ser una decisión que se posterga, pero, cuando se trata de inversiones, el tiempo es uno de los activos más valiosos”.

Así, consideró que, “cuanto antes se comienza a construir una estrategia, mayor es la capacidad de aprovechar el interés compuesto y menor la presión financiera en el futuro”.

Un punto ecencial que mencionó es que “armar una cartera para la jubilación no implica buscar rendimientos extraordinarios ni asumir riesgos excesivos”. Se trata de diseñar una estructura sólida y diversificada que acompañe un objetivo claro: generar un capital que permita sostener ingresos cuando finalice la etapa laboral activa.

“A medida que el retiro se acerca, en cambio, la prioridad suele desplazarse del crecimiento hacia la preservación del capital. Esta lógica se traduce en una composición dinámica”, apuntó Barrio.

En consecuencia, en las primeras etapas, la renta variable —como acciones o ETFs— suele ocupar un lugar relevante, buscando crecimiento en el largo plazo. “Con el paso de los años, la incorporación progresiva de instrumentos de renta fija o activos más conservadores ayuda a reducir la exposición al riesgo y proteger el patrimonio acumulado”, dijo el analista.

Para él, la clave no está en elegir “la acción correcta”, sino en construir un portafolio equilibrado que combine distintos sectores, geografías y tipos de activos. La diversificación es lo que permite reducir riesgos específicos y evitar depender de un único mercado.

Y otro elemento que señala es que “para objetivos de largo plazo, la disciplina suele ser más efectiva que el timing. Establecer aportes periódicos y sostener la estrategia en el tiempo convierte el ahorro en un hábito y permite promediar precios, reduciendo el impacto de la volatilidad.

En ese sentido, apuntó que “una cartera de retiro no es estática, pero tampoco debería redefinirse ante cada movimiento del mercado”.

Las revisiones periódicas permiten asegurar que la asignación de activos continúe alineada con la edad, el horizonte restante y la situación personal del inversor. A medida que se aproxima el retiro, el foco se orienta hacia la estabilidad y la generación de ingresos, priorizando la preservación del capital y una administración eficiente de los flujos.

En ese sentido, Barrio afirmó que “planificar la jubilación es, en definitiva, diseñar un proyecto financiero de largo plazo” y requiere claridad, constancia y una estrategia coherente en cada etapa de la vida.

A la hora de pensar los instrumentos a elegir, cabe mencionar que, en Argentina, cualquier estrategia de retiro pasa por proteger el capital en moneda dura. Algunas alternativas son:

  • CEDEARs: permiten invertir en acciones globales (Apple, Coca-Cola, ETFs) desde Argentina y en pesos, con cobertura cambiaria.
  • Bonos soberanos o corporativos en dólares: para perfiles más conservadores, aunque con riesgo país.
  • Obligaciones negociables (ONs): una opción intermedia con rendimientos en dólares.

Y, por otro lado, es clave la diversificación. Una cartera de retiro no debería depender de un solo activo ni de una sola economía. Un esquema básico podría incluir:

  • Renta variable internacional (vía CEDEARs o ETFs)
  • Renta fija en dólares (ONs o bonos)
  • Algo de liquidez (money market o cuentas remuneradas)
  • Eventualmente, exposición a activos reales (inmuebles o REITs)

La diversificación no elimina el riesgo, pero evita errores irreversibles.

Y, finalmente, tal como se dijo, hay que adaptar la composición. A medida que se acerca el retiro, la cartera debería volverse más conservadora. Es lo que en finanzas se conoce como “glide path”: reducir exposición a activos volátiles y priorizar estabilidad.

Por último, es clave mencionar que no hace falta empezar con grandes montos.