El Gobierno se reunió en Economía con los principales fondos de la City la semana pasada para intentar avanzar en la aplicación del Fondo de Asistencia Laboral (FAL). Fue una reunión cerrada con invitaciones y, pese a que los participantes asumieron el compromiso de mantener total reserva, El Cronista obtuvo información exclusiva.
El objetivo de la reunión que convocó el ministro de Economía, Luis Caputo, fue más que nada para recoger expectativas de parte del mercado de capitales sobre el nuevo mecanismo que reemplaza a la indemnización en el marco de la Reforma Laboral. Así lo informó un asesor de una entidad bancaria clave del mercado.
El objetivo que tendrá el FAL es asistir a los empleadores en el cumplimiento del pago de indemnizaciones y otras obligaciones laborales. Y, en ese sentido, lo que se negocia es cómo se constituirán las administradoras para gestionar el manejo de fondos.
El Cronista pudo conocer detalles de lo que se habló en ese encuentro, que son esenciales para la implementación de este nuevo sistema.
“Hubo reunión, pero no fue clara para nada. No fue tan certero había más dudas que certezas en general. Dio la impresión de que ni el Gobierno sabe bien cómo implementarlo por ahora”, dijo una fuente de uno de los Alycs más importantes de la Argentina a este medio.
Dudas y consultas
“Fue una reunión muy preliminar, nada en concreto. De parte del regulador trasmitieron poco, lo más sustancioso fueron las dudas y consultas que trasladaron los participantes, básicamente sociedades gerentes de FCI y fiduciarios”, informó una vos cercana al Gobierno.
El problema es que hay algunas dudas sobre la viabilidad de este este proyecto. “Al ser un fondo semi-estatal, en Argentina siempre existe el riesgo de que el próximo gobierno te aumente los aportes y te deje el FAL arruinado, o peor, alguno se envalentone y lo manotee”, Martín Sarano, economista de la Fundación Internacional Bases.
Otro riesgo que menciona es la posibilidad de que esté mal regulado y te obliguen a comprar bonos basura con esos recursos y se convierta en una fuente de financiamiento compulsiva para el Estado (como eran las AFJP). En definitiva, falta mucho aún por definir.