El partido gobernante de México ocupa la Presidencia y controla ambas cámaras del Congreso, la mayoría de los gobiernos estatales y buena parte del Poder Judicial. La oposición aparece severamente debilitada.
Entra en escena un multimillonario combativo, con una misión —y una abultada deuda fiscal atrasada.
Ricardo Salinas Pliego, uno de los empresarios más ricos de México y admirador de líderes de derecha dura como Nayib Bukele, de El Salvador, y Javier Milei, de Argentina, está tanteando una eventual candidatura presidencial.
Quiere combatir lo que describe como un avance hacia el autoritarismo bajo el partido populista de izquierda Morena, que gobierna con la presidenta Claudia Sheinbaum. En septiembre lanzó un movimiento cívico para luchar contra la corrupción y la violencia, y una encuesta difundida a comienzos de este mes lo ubicó como el candidato opositor más popular para la Presidencia.
“Estoy luchando muy duro contra este régimen criminal y corrupto”, dijo Salinas en una entrevista. México, añadió, “se está moviendo hacia un sistema de partido único como Cuba”.
Las críticas sin filtros de Salinas y su ambición política resultan inusuales en un país donde los líderes empresariales suelen mantener un perfil bajo y evitan cuestionar al gobierno por temor a perder contratos lucrativos.
Hay un obstáculo mayor para sus aspiraciones políticas: una enorme deuda impositiva de sus empresas que se remonta a 16 años atrás, estimada por funcionarios del gobierno en hasta u$s 4.200 millones.
Un plazo fijado por la autoridad fiscal para que Salinas pagara 51.000 millones de pesos mexicanos (u$s 2.900 millones) o enfrentara el embargo de sus activos parecía haber vencido el viernes.
El magnate publicó en X una foto suya sonriendo frente a un helicóptero, con el texto: “Hemos decidido irnos el fin de semana… nos vemos a la vuelta”. Luego compartió un video del helicóptero aterrizando en su megayate, el Lady Moura. Un vocero de Salinas no pudo confirmar si la deuda había sido saldada.
El enfrentamiento fiscal es el capítulo más reciente de un prolongado juego del gato y el ratón que Salinas mantiene con las autoridades desde hace más de una década.
“Salinas es una especie de Berlusconi en potencia”, dijo Damian Fraser, conductor del pódcast empresarial MexMoves, en referencia al ya fallecido magnate italiano que llegó a primer ministro. “Desde hace tiempo hace las cosas exactamente como quiere, sin importar —dirían sus críticos— si respeta o no la ley”.
La nueva audacia política de Salinas es especialmente llamativa porque durante años sus empresas mantuvieron relaciones estrechas con el gobierno, mientras él construía una fortuna que Forbes estima en u$s 4.900 millones.
Denise Dresser, analista política y profesora de la universidad ITAM en Ciudad de México, lo calificó como “quizás uno de los más hábiles beneficiarios de un sistema de capitalismo de amigos”.
Un portavoz de Salinas dijo que el empresario “siempre ha combatido el capitalismo de amigos”.
Sheinbaum afirmó el mes pasado que, tras 15 años de apelaciones, Salinas debe acatar un fallo de la Suprema Corte dictado en noviembre, que establece que sus empresas son responsables por deudas fiscales que datan de más de una década.
“Esto no es un asunto personal ni político ni nada por el estilo”, dijo. “Es simplemente lo que dice la ley”.
Salinas había dicho al FT antes del fallo que pagaría “lo que sea justo”, pero describió el tratamiento del caso por parte del gobierno como “una persecución política muy clara”.
Mientras se acercaba la cuenta regresiva hacia el vencimiento del viernes, viajó a Washington para buscar apoyo de funcionarios de la administración Trump y presentó una denuncia ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, alegando “acoso fiscal, judicial y administrativo” por parte del gobierno mexicano.
Un adversario duro, Salinas ha estado involucrado en numerosos litigios mientras construía un imperio empresarial que emplea a más de 170.000 personas.
Entre sus compañías figuran la televisora TV Azteca, el gigante minorista Elektra y el Banco Azteca, además de una casa de bolsa, una aseguradora, un fondo de pensiones, una fabricante de motocicletas y una consultora.
En el camino, Salinas chocó con AT&T, que compró su negocio de telecomunicaciones en 2014 y luego lo demandó alegando que se le adeudaba dinero por impuestos impagos, algo que Salinas niega.
En otro caso, abogados en Nueva York pidieron en noviembre a un juez que considerara acusaciones de desacato contra Salinas en una disputa por u$s 400 millones en bonos en default de TV Azteca.
El valor de las acciones de Elektra se desplomó el año pasado tras un presunto fraude multimillonario de préstamo de acciones, que es objeto de una demanda en Londres; Salinas sostiene que fue estafado. Y en noviembre, el gobierno mexicano congeló cuentas en dos de sus casinos en el marco de una investigación por lavado de dinero.
Salinas restó importancia a las preguntas sobre sus métodos. “Tengo muchos negocios e intereses y, como siempre, hay controversias… No se puede hacer una tortilla sin romper huevos”, dijo. Se mostró optimista respecto de que las negociaciones resolverán los conflictos.
El gobierno mexicano desestima su ambición política y sus ataques y los considera una cortina de humo para tapar sus deudas fiscales. “Salinas finge ser una víctima con una causa política, pero en realidad es un deudor del erario público”, dijo una fuente presidencial. “Es un pésimo embaucador”.
El multimillonario ha tenido una relación zigzagueante con Morena y con su fundador, Andrés Manuel López Obrador, antecesor de Sheinbaum en la Presidencia. López Obrador y Salinas mantuvieron una larga amistad y, al inicio del mandato del primero, Salinas fue designado en su consejo asesor empresarial, mientras que Banco Azteca obtuvo un contrato para distribuir beneficios sociales del gobierno.
La relación se deterioró en la segunda mitad del sexenio de López Obrador por la deuda fiscal y diferencias ideológicas y se enfrió aún más bajo Sheinbaum.
Salinas pasó a la ofensiva. Dijo que no le alcanzaba con ganar dinero y que quería un nuevo desafío.
“Tengo 70 años”, afirmó. “¿Cuánto tiempo me queda? ¿10, 15 años? ¿Qué voy a hacer… ganar u$s 1.000 millones, 5.000 millones, 10.000 millones más? ¿Para qué? Para mí es mucho más importante… dejar un país mejor para nuestros hijos”.
¿Se postularía a la Presidencia?
“Si no hay otra alternativa para mí, lo haré”, respondió. “Pero no es mi intención principal. Mi intención principal es trazar una línea política como alternativa clara al régimen actual”.
Libertad, propiedad privada y vida son sus valores centrales, dijo, y “el Estado es el principal enemigo del individuo”.
A Salinas le gustaría importar la motosierra de Milei —la herramienta que el líder libertario argentino usó con frecuencia como símbolo de campaña— para recortar el gasto del Estado mexicano. Rechaza la política de Morena de aumentar los beneficios sociales.
“Mucha gente cree que el gobierno va a ayudarlos a progresar en la vida. Eso es un error”, afirmó.
Su héroe es Bukele, de El Salvador, quien redujo el crimen con una política de mano dura que encarceló a más del 2% de los hombres adultos. “Eso es lo que la gente quiere: paz, tranquilidad y seguridad”, dijo.
Con encuestas que muestran que los salarios mínimos más altos y beneficios sociales más generosos están entre las políticas más populares de Morena, los analistas dudan de que el mensaje de autoayuda estricta de Salinas conecte en un país que sigue siendo de los más desiguales de la región.
Una alianza entre los dos principales partidos opositores, el PAN y el PRI, en la última elección no logró impedir una victoria aplastante de Sheinbaum. Morena obtuvo una supermayoría en el Congreso con ayuda de partidos aliados y llega en una posición dominante a las elecciones de medio término de 2027.
Sin embargo, una encuesta de diciembre de México Elige mostró que el 65% de los votantes preferiría a un líder empresarial en la próxima elección presidencial de 2030. Entre los posibles nombres del sector privado, Salinas fue por lejos el más popular, con el 57%.
Jorge Romero Herrera, presidente del conservador PAN, calificó a Salinas como una “voz muy importante” que es blanco del caso fiscal por sus posiciones anti-gobierno.
Romero supervisó en octubre el relanzamiento del PAN, cuando el partido rompió con el PRI y volvió a sus raíces tradicionales. Salinas, cree, podría ayudar. “Por supuesto, es nuestro aliado”, dijo Romero al FT. “Ha demostrado su capacidad de convocatoria”.
Sheinbaum acusó al PAN de “perder el rumbo” al abrazar a Salinas y dijo que era absurdo que alguien que debe enormes sumas en impuestos aspire a representar al pueblo.
Dresser, del ITAM, sostuvo que el acercamiento del PAN a Salinas muestra que no aprendió de sus errores.
“El PAN se está disparando en el pie en lugar de ampliar su atractivo electoral y entender por qué Morena es tan popular”, dijo. “No ha habido un desencanto masivo con Morena que impulse a un oligarca como candidato potencialmente atractivo.
“Tendría que haber un desastre económico para que Ricardo Salinas se convierta en una alternativa real”.
