Los israelíes votaron el martes en una elección que muchos consideran la más importante en los casi 80 años de historia del país, con la participación más alta en décadas, para elegir entre dos visiones radicalmente distintas para su futuro.

Los comicios, los primeros desde el ataque de Hamas contra Israel del 7 de octubre de 2023, enfrentan a la coalición de extrema derecha del primer ministro Benjamin Netanyahu, que gobierna el país desde hace cuatro años, con un bloque de agrupaciones opositoras judías nucleado en torno al partido Yashar del ex general Gadi Eisenkot.

A las 20 hora local, la participación había llegado al 74,3%, ocho puntos porcentuales más que a la misma hora en 2022, según el Comité Electoral Central de Israel. Los medios israelíes informaron que se trataba de la cifra más alta registrada a esa altura de la jornada electoral desde 1988.

Políticos de todos los sectores instaron a sus seguidores a votar y se formaron filas en algunos centros de votación. En un intento por movilizar a su base el martes, Netanyahu recurrió a una retórica divisiva y acusó a sus rivales de intentar “robar la elección”, sin aportar pruebas.

El veterano primer ministro y otros ministros de alto rango del gobierno inundaron las redes sociales durante todo el día con publicaciones incendiarias en las que afirmaban que la minoría árabe de Israel, que representa una quinta parte de la población, acudía en masa a las urnas, y exhortaron a los simpatizantes de derecha a hacer lo mismo.

“La participación electoral allí es muy alta. Somos nosotros los que tenemos que acudir en masa a los centros de votación”, dijo Netanyahu después de votar en Jerusalén. “No podemos dejar la batalla en manos de la izquierda y de los partidos árabes que quieren terminar con el Estado judío: eso es lo que está en juego”.

Según cifras oficiales del CEC, varias localidades árabe-israelíes ya habían superado, a última hora de la tarde, la cantidad total de votos de todo el ciclo electoral de 2022, una señal extraordinaria de movilización del electorado.

Las encuestas de opinión sugieren que la contienda está reñidísima y que ni la coalición de Netanyahu ni los partidos de la oposición judía están en camino de obtener una mayoría absoluta en el Parlamento israelí, a menos que incumplan sus promesas preelectorales de no depender del apoyo de los partidos árabes.

Por lo tanto, se espera que la posibilidad de que alguien logre formar gobierno dependa de las negociaciones poselectorales, que serán supervisadas por el presidente de Israel, Isaac Herzog, y podrían extenderse varias semanas.

Sin embargo, la elección es ampliamente vista como una de las más tajantes que se hayan planteado a los votantes israelíes. “[Esto] no se trata de un asentamiento, de una política económica o de un tema puntual”, dijo Shmuel Rosner, un encuestador israelí. “Se trata de la identidad central de este lugar”.

Los miembros de la coalición de Netanyahu, la más derechista de la historia israelí, proponen medidas que van desde vaciar Gaza de palestinos y anexar la Cisjordania ocupada hasta retomar una polémica reforma judicial que desató meses de protestas cuando la lanzaron en 2023.

La oposición se comprometió a revertir las partes de esa reforma que ya se convirtieron en ley, a abrir una comisión de investigación estatal sobre las fallas en torno al 7 de octubre y a terminar con la exención del servicio militar para los judíos ultraortodoxos, vigente desde hace décadas y fuente de tensiones desde hace tiempo con otros israelíes judíos.

El partido Likud de Netanyahu y sus aliados, que estaban en el poder el 7 de octubre, se resistieron a los pedidos de una investigación estatal. Su coalición, que incluye a dos partidos ultraortodoxos, también postergó reiteradamente la aprobación de una ley sobre el reclutamiento de ultraortodoxos.

La oposición la lidera un bloque de agrupaciones opositoras judías nucleado en torno al partido Yashar del ex general Gadi Eisenkot.Fuente: EPAATEF SAFADI

La votación del martes fue mayormente pacífica, según las autoridades judiciales y los activistas de la sociedad civil que monitorean la elección. Aun así, el Likud de Netanyahu y otros partidos de derecha presentaron una solicitud ante el CEC para extender el horario de votación.

El partido Yashar de Eisenkot rechazó la medida, a la que calificó de infundada y “destinada a crear una base para cuestionamientos contra la integridad de las elecciones”.

El embajador de EE.UU., Mike Huckabee, elogió la votación, pero recibió críticas por decir que “los árabes votan igual que los israelíes”, lo que pareció implicar que los ciudadanos árabes del país no eran israelíes.

Los últimos días de campaña transcurrieron en un clima cada vez más crispado, con Netanyahu buscando presentarse como la única persona capaz de proteger a Israel de Irán, que según él insiste avanza a toda velocidad en la fabricación de armas nucleares, y de otros peligros externos.

En una entrevista televisiva el domingo, prometió reanudar la guerra de EE.UU. e Israel contra Irán y publicó un artículo de un activista de derecha que advertía sobre un “segundo Holocausto” si no era reelecto, ilustrado con la imagen de un hongo nuclear sobre Tel Aviv.

Los políticos de la oposición contraatacaron y acusaron al veterano primer ministro de hacer política con la seguridad de Israel. “Vamos a conducir a Israel no a través de la división y el alarmismo, sino a través de la unidad y el amor genuino”, dijo Eisenkot el martes. “¡Vamos a ganar!”.

Muchos votantes de Netanyahu no se inmutan ante esas críticas. “Lo más importante de esta elección es que gane Netanyahu”, dijo Moti, fundador de una start-up que votó en el asentamiento de Efrat, en Cisjordania, y que prefirió no dar su apellido. “Es un diplomático. Es fuerte. Tiene lo que hace falta para ser un líder”.

Pero otros creen que hace falta un nuevo liderazgo. “Siempre voté por [Netanyahu]. Pero el 7 de octubre fue el punto de inflexión. Llegar a este tipo de situación no llevó una o dos semanas. Se gestó durante 25 años”, dijo Sharon, una profesora de inglés de la ciudad de Gedera, que prefirió no dar su apellido y dijo que votaría por B’Yachad, que forma parte del bloque opositor de Eisenkot.

“Les pregunté a mis alumnos qué otro país tiene a alguien que lleva 20 años en el poder. Y me dijeron Rusia. Necesitamos un cambio”.

El resultado final dependerá de qué partidos logren ingresar al Parlamento israelí, de 120 bancas. Las últimas encuestas de la semana pasada sugerían que el bloque de Eisenkot obtendría unas 54 bancas, la coalición de Netanyahu unas 50, y los partidos árabes y no alineados se quedarían con el resto.

Sin embargo, el resultado podría apartarse de los pronósticos de los encuestadores según cuántas agrupaciones pequeñas superen el umbral electoral del 3,25%.

Herzog dijo que hará todo lo que esté a su alcance para evitar una serie de elecciones sin resultados concluyentes, como el ciclo que se desarrolló entre 2019 y 2021, lo que abre la posibilidad de que presione a Eisenkot y a Netanyahu para formar un gobierno de unidad nacional si ninguno de los dos logra armar una administración por su cuenta.

No obstante, si ningún político logra reunir una mayoría en la nueva Knesset, habría que convocar a nuevas elecciones.