A mitad de un debate televisado el viernes por la noche, que era su última oportunidad para dar vuelta su última elección, Luiz Inácio Lula da Silva empezaba a aparentar su edad. El presidente de Brasil, de 80 años, por momentos se confundía con el formato y se mostraba irritado por la seguridad en sí mismo de su rival, mucho más joven, Flávio Bolsonaro.
Pero entonces el senador de 45 años llamó a Lula “nueve dedos”, una broma grosera que a veces circula en los círculos de derecha en Brasil sobre el dedo que perdió en un accidente en una fábrica metalúrgica de San Pablo cuando todavía era adolescente.
Lula, que cumplirá 81 años el martes, se adueñó del centro del escenario y miró directamente a la cámara. “Yo era menor de edad y trabajaba de noche, porque o trabajaba o no comía”, dijo, en un crudo recordatorio de los orígenes humildes del presidente en uno de los países más desiguales del mundo. “No voy a aceptar que un cheto me llame nueve dedos”.
Es imposible saber si ese intercambio, que rebotó por todo internet durante el fin de semana, ayudó a torcer la elección en Brasil. Pero las encuestas realizadas antes del debate del viernes le daban a Bolsonaro una ventaja promedio de 2 puntos porcentuales. Lula ganó el domingo por 3,5 puntos porcentuales.
“Creo que ese momento sí tuvo un efecto crucial porque sintetizó la diferencia entre esfuerzo, experiencia y conciencia social frente a lo opuesto”, afirmó Mario Marconini, director gerente de la consultora Teneo.
“Le dio a Lula la oportunidad de recordarle a la gente su trayectoria y su lucha sin dar la impresión de quedarse anclado en el pasado”.
La votación en Brasil abrió un período de 10 días de elecciones clave a nivel internacional, con Israel yendo a las urnas el 27 de octubre y las elecciones de medio término en EE.UU. el 3 de noviembre. En una era en la que los oficialismos vienen siendo barridos con frecuencia, la victoria de Lula será observada de cerca en todo el mundo.
Más allá de su desempeño en el debate, Lula renovó su campaña en las tres semanas entre la primera y la segunda vuelta para encontrar nuevas formas de hacerse oír.
El presidente, que hasta el año pasado decía no tener celular, empezó a grabar videos selfie en un intento por conectar de manera más personal con los votantes jóvenes desinteresados.
La figura clave del impulso online fue André Janones, un legislador aliado de otro partido, que creó un canal de WhatsApp pro-Lula que reunió casi 11 millones de seguidores. Con una jerga militar, bautizó al grupo “el Ejército de Lula” y disparó una catarata de mensajes motivacionales breves e instrucciones de campaña a los simpatizantes, autodenominándose el general y a Lula, el mariscal.
El estilo enérgico e irreverente de Janones fue elogiado por muchos simpatizantes de Lula por inyectarle urgencia a una campaña que hasta entonces carecía de inspiración.
Algunos analistas habían puesto en duda que estos esfuerzos alcanzaran para reducir la abstención, que se concentra entre los votantes con menor nivel educativo y más pobres, que tienden a simpatizar con Lula. Pero el giro pareció dar resultado: al final, la segunda vuelta registró la mayor participación en 20 años.
Angélica Jansen, de 53 años, de Manaos, en la región amazónica, que celebraba la victoria de Lula en la Avenida Paulista junto a su hijo, dijo que Janones había sido clave. “Después del resultado de la primera vuelta, pensé que habíamos perdido. Entonces llegó Janones y empezamos a pelear”, contó.
Lula también ofreció una serie de beneficios fiscales en la etapa final de la campaña, que incluyeron un intento de tender puentes con los emprendedores más jóvenes mediante la ampliación del alivio de deudas para pequeñas empresas.
Asesores de campaña habían advertido que Bolsonaro, que había prometido crear un ministerio de la prosperidad para canalizar el interés por el emprendimiento, estaba avanzando con fuerza sobre el creciente segmento de votantes de clase trabajadora que quieren ser sus propios jefes.
El otro cambio estratégico en la segunda vuelta fue la capacidad de Lula para poner el foco en Bolsonaro.
Recordó constantemente a los votantes que el padre de su rival, el ex presidente Jair Bolsonaro, había sido condenado por planear un golpe militar cuando perdió ante Lula en la elección de 2022.
En la última semana, además, llamó sistemáticamente a Flávio Bolsonaro miliciano, en referencia a sus vínculos con personas relacionadas con el crimen organizado en Río. (Bolsonaro siempre negó cualquier conexión directa con estos grupos).
Bolsonaro también se vio perjudicado por la impresión de que él y sus aliados creían que ya habían ganado tras su sólido desempeño en la primera vuelta. Algunos aliados hablaban abiertamente de quién ocuparía ciertos ministerios.
Bolsonaro era considerado amplio favorito para ganar la presidencia, en parte porque nadie había logrado nunca remontar tras quedar segundo en la primera vuelta. La mayoría de los candidatos que quedaron afuera en esa instancia eran de derecha, lo que generó la expectativa de que sus votos se trasladarían a Bolsonaro.
En la derecha habrá recriminaciones por la decisión de Jair Bolsonaro de usar su liderazgo para lanzar a su hijo mayor como candidato en la elección de este año, en lugar de una figura más de centroderecha que habría tenido menores niveles de rechazo entre los votantes.
Muchos en el mundo empresarial esperaban que Tarcísio de Freitas, gobernador de San Pablo, surgiera como el retador de Lula. De Freitas terminó presentándose a la reelección como gobernador, donde venció a Fernando Haddad, ex ministro de Hacienda y uno de los posibles sucesores de Lula, por 63 a 36. Bolsonaro perdió la votación presidencial en ese estado el domingo.
Bajo el escrutinio más estricto que la segunda vuelta trajo sobre Bolsonaro, muchos votantes parecen haber reconsiderado su idoneidad para la presidencia.
“El resultado fue una derrota del bolsonarismo, más que una victoria de Lula”, dijo Thomas Traumann, consultor político y ex secretario de prensa presidencial en un gobierno de izquierda. “Hubo un rechazo tan fuerte que la gente se organizó sin partidos para derrotarlo”.
